27 de febrero de 2021
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La urgencia crítica

30 de enero de 2020

Por Hernando Salazar Patiño

La natura est un temple où  de vivants piliers / Laissent parfois sortir de confuses paroles: / L’homme y passe  à  travêrs des forets de simboles /  Qui l’observent avec des regards familiers.  La Naturaleza es un templo dónde vívidos pilares / dejan salir,  a veces,  confusas palabras. / El hombre pasa a través de bosques de símbolos /que lo observan con miradas familiares. Correspondances:  Ch. Baudelaire

Todo es reminiscencia en el libro de la naturaleza
Yo habito el reino de los árboles invisibles
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Escrito desde el olvido: Conrado Alzate Valencia.

 

En un gran titular leímos con tristeza hace unos meses,  que “la calidad del aire que respiramos en Manizales supera la recomendación internacional de material particulado”. También los expertos dijeron por Caracol Radio que “en Colombia no hay voluntad  política para mejorar la calidad del aire”. En varios  capítulos no  he hecho otra cosa que poner de presente ese envenenamiento colectivo del que todavía no estamos conscientes, que “la mentira está en el aire”, que “en el aire está la muerte”, y no hay estadísticas establecidas para saber cuántas han sido sus víctimas entre nosotros. A la pregunta que se hizo hace justo un año sobre “¿cómo construir en una ciudad con aire puro?”, alguna respuesta se dará el próximo Día del Aire.

Poniendo “en tela de juicio el trabajo y ejecutoria” de la Corporación Autónoma Regional, el columnista de La Patria Luis Felipe Gómez, lanzó un “S.O.S ambiental en Caldas” al examinar  el informe del Consejo Privado de Competitividad, subrayó que el índice de deforestación para el departamento de Caldas está en el nivel más grave de todos los del país, al que solo lo superan dos regiones.

Partiendo de los indicadores, haciendo varios interrogantes y algunas sugerencias, Gómez Restrepo destacó el desalentador puesto 21 que ocupamos “en empresas certificadas con la ISO 14001 y “en el campo del la gestión del riesgo” en los municipios del Departamento. Una similar calificación deficiente ameritan las “áreas protegidas y cubiertas por bosques”. Y  preguntó, como preguntamos todos sin revisar informes, indicadores o rendiciones de cuentas, sino topándonos con acciones que atentan contra el medio ambiente: “¿dónde está metida la Corporación Autónoma Regional de Caldas?” ”¡qué irresponsabilidad!”, concluye.

También hay que  reconocerle actuaciones positivas. Es la razón de ser y lo que se espera de un organismo que tienen tan sensibles objetivos. Y es que en la “situación precaria” de nuestra sostenibilidad ambiental, todos tenemos algo o mucho de culpa. A ello he aludido y volveré otra vez a hacerlo, pues se trata de un drama colectivo.  Mas al conocer la nómina de quienes integran la junta que elige director y determina lo que haya de hacerse en Corpocaldas, se explica uno parte de las falencias del organismo y casi puede decirse “que antes es mucha gracia” lo logrado. La política pública no puede estar ausente en una corporación de carácter público. Y supongo, o quiero creer, que en Caldas no está politizada, como parece estarlo en otros departamentos.

Predominan los alcaldes que hoy son y mañana no parecen, transeúntes frente a la permanencia de la naturaleza y a la irreversibilidad de los daños. ¿No están endureciendo  buena parte de los antes verdecidos y florecidos parques centrales de los municipios? ¿Desapareciendo árboles y jardines y bancas que acogieron, reunieron, acompañaron y fueron cómplices de la amistad y el enamoramiento de generaciones que vieron crecer? Con los representantes del sector privado y los institucionales, forman en ese consejo una cómoda mayoría frente a los de las comunidades y los ambientalistas. Y si éstos no hacen parte del espectro naturalista que enumeré, los que de veras lo son, que no tienen potestad decisoria, deben sentir sus limitaciones.

Ahora se requiere un ejercicio menos funcionalista y funcionarista, más científica y más comunitaria, más humanista y visionaria y – si se me permite el término-, más salvacionista con la naturaleza. No basta con ceñirse a la normatividad o esperar años para una más estricta en que ya nada se pueda frente a lo irreversible, o llegar a cifras que no asusten, ni tampoco animen. La crítica urgencia –bien dice Michael Norton-, es la de revertir todas las tendencias.