25 de febrero de 2021
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El puente Pumarejo

3 de enero de 2020
Por Óscar Alarcón
Por Óscar Alarcón
3 de enero de 2020

Antes viajar de Santa Marta a Barranquilla o viceversa era toda una odisea. Se hacía necesario tomar un buque en Ciénaga, que partía a las ocho o nueve de la noche, ir provisto de piyama porque se dormía en litera, y al amanecer se llegaba a Barranquilla. Después construyeron la carretera desde Ciénaga hasta una población llamada Palermo, a orillas del departamento del Magdalena. Era menester pasar el rio en un ferry que hacía de un trayecto corto de quince minutos. Pero a veces tocaba esperar horas porque el espacio de ese vehículo fluvial en algunas ocasiones no respondía a la demanda. Lo peor sucedía cuando lo cogía la noche, en alguna de las dos orillas, porque el viajero era víctima de las plagas.

Gran conquista la carretera pero el deseo de la ciudadanía era que se construyera el puente lo más pronto posible. El candidato Carlos Lleras Restrepo se comprometió a su construcción. Cumplió pero solo se pudo inaugurar en el gobierno de Misael Pastrana Borrero. Hubo alborozo total pero se armó una polémica sobre el nombre del puente. Con toda razón pues los barranquilleros quisieron hacerle un homenaje a Alberto Pumarejo, un destacado hombre de la región que había ocupado distintos cargos, entre otros el de designado de Alfonso López Pumarejo. Pero el senador Hugo Escobar Sierra presentó un proyecto de ley bautizándolo con el nombre de su jefe, Laureano Gómez. El puente se quedó con los dos nombre. Fue tanta la discusión que se generó entonces, que, desde estas páginas, propuse denominarlo Largo, no solo por su longitud, sino porque la palabra recogía a todos los que tenían que ver con el rio Magdalena y era un homenaje para ellos: la L de Laureano, la A de Alberto Pumarejo, la R de Rodrigo de Bastidas, y la GO de Gonzalo Jiménez de Quesada.

Se quedó con los dos, pero el pueblo nunca lo llamó Laureano Gómez sino Alberto Pumarejo. Es que el pueblo es superior a sus dirigentes. Ahora se acaba de inaugurar uno nuevo, moderno, majestuoso, orgullo de la costa. Se quedó Alberto Pumarejo.

Y los conservadores tendrán que conformarse con los puentes Emiliani.