6 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Dos cortes y a veces uno

Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
31 de enero de 2020
Por Carlos Alberto Ospina M.
Por Carlos Alberto Ospina M.
Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
31 de enero de 2020

“Yo la recibido a usted sola, sin esos pelados” Todavía estaba tibio el cofre con las cenizas de su hija de 23 años de edad que, aparentemente, murió en un accidente marítimo en La Florida – Estados Unidos. Desconsolada y humillada marcó al celular de un familiar, después de ser expulsada de la casa por el yerno, un militar norteamericano.

Al llegar a la residencia y poner la caja con los restos mortales sobre la consola, Tom, a los gritos les dio el ultimátum: “Usted y esos dos muchachos se van ya. ¡No los quiero volver a ver en mi vida!” Una sucesión de preguntas sin respuestas, diferente a tirar las maletas a la calle, generó en Emma, el desconcierto total.

Sin un dólar en la cartera ni fuerza emocional a causa de la etapa de negación, buscó a su hermana mayor, Amelia, quien reside en un suburbio de Los Ángeles – California. La desalmada réplica creó otro corte en su corazón estropeado. “Dime, ¿cómo voy a dejar a mis hijos?, ¿No te das cuenta que vengo de la cremación de Isabella y tuve que vender todo para poder viajar hasta acá?”. El sufrimiento le oprimía el pecho, las lágrimas le quemaban el rostro y la desilusión le quitó el poco aire de esperanza. Nada modificó la posición de la inhumana Amelia; por el contrario, aquellas palabras introdujeron más zozobra.

Emma, agachó la cerviz y estiró las manos para recoger del asfalto, la ropa y el equipaje, lanzado a modo de proyectil por aquel oficial americano que, el día del suceso de Isabella, él parrandeaba en un hotel de 5 estrellas en Medellín. Las fotos publicadas en Facebook junto a una “prepago” y el ambiente sórdido de la fiesta forman parte de las inconsistencias de esta historia.

A escasos meses del corto romance virtual, la joven, avisó que iba a contraer matrimonio con Tom en Miami. “A usted y mis hermanos no les va a faltar nada… Mamá, usted no va a aguantar más hambre ni miseria en esta vida” (Sic), signó la promesa con un beso en la frente. Durante el lapso que recogía las prendas del suelo, de manera simultánea, comprendió la contradicción de la imagen revelada.

Esa fecha nefasta fue la segunda vez que, un perro rabioso, intentaba destruir su dignidad. Dos décadas atrás su esposo acabó con el apartamento y también, la arrojó a la vía.

Desprovista de cualquier ilusión y sin un centavo en los bolsillos recorría, de extremo a extremo, las arterias del Downtown y Miami Beach. La playa, les brindaba a los tres, la posibilidad de tomar agua de los dispensadores públicos y rebuscar en la parte superficial de la basura un trozo de algo comestible. Al comienzo de la noche, Emma, Agustín y Braian, temblaban de frío producto de la insolación. Cada media hora se movían de lugar para evitar ser detenidos por la policía del condado.

A la semana de habitar en las aceras apareció una buena samaritana con aura de ´ángel de tinieblas´.

“Siempre que paso, los veo caminar de un lado a otro. Ustedes tienen cara de gente decente. Yo tengo un apartamento, cerca, donde se pueden quedar por unos días”. Al instante saltaron de gozo, a la vez que expresaban gratitud a la señora Nancy.

Emma y sus hijos se hicieron cargo de la limpieza diaria de la morada. El mayor, Braian, encontró trabajo en una estación de gasolina y en los tiempos libres aprendía inglés. Balbuceando el idioma empezó a estudiar informática con el objetivo de retornar a Colombia.

En ese entonces y ahora, la cincuentona mujer, no ha dejado de llorar e intentar averiguar con las autoridades qué fue lo que pasó con su niña. Nadie le ha dado respuesta distinta a la última conexión FaceTime con ella.

“Mamá, mire en el yate que estoy. Estos manes tienen mucha plata y ¡yo voy a conseguir más billete! para que usted viva como se merece. La amo muchísimo, mamita, no se le olvide nunca, donde esté yo la voy a cuidar, no se le olvi…” De repente, la imagen daba vueltas y se escuchaban los gritos de súplica de la muchacha: “¿Por qué?, ¿qué hice?, ¡noooo!?” Ahí se cortó la comunicación.

La afligida madre comenzó a llamar su hija, al esposo y a varios conocidos en la “Ciudad del Sol”. Nadie contestó. Transcurridas ocho horas, Alejandro, el mejor amigo de Isabella, le comentó del supuesto accidente. A 2.224 kilómetros de distancia e infinitas lágrimas de impotencia, Emma, se derrumbó de aflicción.

Antes de cumplirse los dos meses de estar arrimados, Nancy, sin ninguna explicación los sacó del apartamento a los gritos de “malagradecidos”. Otra vez, en la calle de la amargura y con la cruz a cuestas debido al duelo postergado, abrió su pecho al desaliento. Hizo las maletas y regresó a Medellín; no obstante, fundió el alma encima de las cenizas de su adorada hija.

Enfoque crítico – pie de página. Algunos perciben e interpretan la desdicha humana como un drama satírico. Para el consuelo de ellos y la censura de unos, no es una historia más relacionada con la desigualdad, la pobreza extrema, la violencia, el maltrato, el abandono, el facilismo y la muerte, puesto que el dolor de una mamá es indómito.