6 de marzo de 2021
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Conectados a un paciente con muerte cerebral

15 de diciembre de 2019
Por Jaime Jurado
Por Jaime Jurado
15 de diciembre de 2019

El 31 de mayo del año pasado, el entonces presidente Juan Manual Santos, celebró con júbilo el pacto de Colombia con la Organización del Atlántico Norte-OTAN-en calidad de “socio estratégico”. Este hecho, de gran trascendencia para nuestro país se aprobó por la puerta de atrás y  pasó casi inadvertido para la mayor parte de la población, que poco se interesa por los asuntos internacionales y vive abrumado por los grandes problemas que se viven en su interior.

En su momento manifestamos que este paso no era nada conveniente y ni siquiera lógico porque no veíamos el menor sentido en que se enganchara a nuestra nación al carro de una terrible máquina de guerra dirigida a defender los intereses de grandes potencias, además en contravía de los principios constitucionales que deben regir nuestra política exterior. Tales postulados proclaman nuestra adhesión a la paz y el enfoque prioritario de nuestras relaciones internacionales hacia la región latinoamericana y del Caribe. Comenzando porque ni siquiera estamos en el Atlántico Norte, nada tiene que hacer Colombia en una alianza militar que surgió en el marco de la guerra fría, cuando ya no existe el bloque contrario (Pacto de Varsovia) y cuando para justificar su existencia esa organización se inventa un enemigo (Rusia) que en realidad no   representa amenaza alguna.

Pasado más de un año de esa adhesión se ha conmemorado el 70 aniversario de fundación de la Otán, en un marco tan complicado en su propio seno que el jefe de uno de los estados que la conforman, Emanuel Macron, presidente de Francia, manifestó que la entidad sufre “muerte cerebral”. Por su parte Donald Trump sigue amenazando con retirar a su nación de la entidad si los socios europeos no aumentan sus contribuciones, sosteniendo que el aporte estadounidense es extremadamente alto. Como si fuera poco, tanto Alemania como Francia han continuado reiterando los planteamientos sobre la necesidad de un ejército común europeo, idea que no encaja en el tácito sometimiento al mando norteamericano que es la base del bloque. Pero quizá la mayor grieta interna se da en relación con Turquía, que no solamente no es hostil al supuesto enemigo, Rusia, sino que recientemente se atrevió a comprarle sistemas de defensa antiaérea, lo que ha provocado serias tensiones con Estados Unidos. En todo caso la posición estratégica de Turquía, el segundo ejército más poderoso de la alianza atlántica juega un papel fundamental que dejaría sin piso cualquier pretensión de conflicto con el país de Putin sin su participación y explica la airada manifestación del dirigente francés, a quien el mandatario turco, Erdogán, respondió diciéndole que era a él a quien le faltaba el cerebro.

Tal vez por eso en la declaración final de la cumbre por el aniversario, además de insistirse en la necesidad y vigencia de la alianza frente al fementido peligro ruso, se comienza a motivar una sedicente amenaza china.

De cualquier manera, las contradicciones internas no impidieron que se aprobaran sustanciales incrementos en los presupuestos de guerra de los componentes europeos de la institución tal como lo ha venido solicitando el socio mayor, lo que significa un aumento en los jugosos contratos para el complejo militar industrial de los Estados Unidos y en menor medida para los europeos. Es pues un escenario de guerra y negocios en el que la discusión sobre la muerte cerebral esconde las verdaderas motivaciones de dominio global de territorios, pueblos y mercados por parte de grandes poderes.

En todo caso, nada bueno reporta para los pueblos ni para la paz del mundo la existencia de esta tenebrosa institución a la que en mala hora los gobernantes colombianos nos asociaron hipotecando aun más nuestra ya menguada soberanía y afectando, de paso nuestras relaciones con aliados naturales como nuestros hermanos latinoamericanos y los países no alineados(Noal), movimiento del que se supone seguimos haciendo parte y al cual nos integramos precisamente para recalcar que nuestra nación no participaba de la división del mundo en bloques político-militares enfrentados.

Urge conducir nuestra política exterior hacia sendas de autonomía que nos desconecten de la maquina en muerte cerebral que ha producido tantas muertes físicas y nos conduzcan por senderos de vida y paz entre los pueblos del planeta.