13 de mayo de 2021
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Testear, más-mas, amante, tozudez

Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
12 de noviembre de 2019
Por Efraim Osorio
Por Efraim Osorio
Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
12 de noviembre de 2019

Quisquillas de alguna importancia

El término ‘más’, tónico  y con tilde, no debe confundirse con ‘mas’, átono y sin tilde. 

Si el castellano tiene las palabras adecuadas para expresar nuestras ideas, ¿por qué o para qué echar mano de extranjerismos? Pregunta que me formulo cuando leo oraciones como ésta: “Parte de ese proceso de innovación es filtrar y ‘testear’ la viabilidad de nuestras ideas con los clientes” (El Tiempo, Ana Margarita Albir, Innova 2.0, 27/10/2019). ‘Testear’ y ‘testar’* son anglicismos, de los que el ‘Diccionario panhispánico de dudas’ dice lo siguiente: “Por influjo del inglés ‘to test’ se han creado en español los verbos ‘testar’ y ‘testear’ –este último usado en el Cono sur– con el sentido  de ‘someter (algo) a una prueba o control’. Son un calco innecesario del inglés, ya que, con ese mismo sentido, existen en español los verbos ‘examinar, controlar, analizar, probar o comprobar’. Lo mismo cabe decir de los participios respectivos, ‘testado’ y ‘testeado’. En aquellas zonas donde se usa el verbo ‘testear’, se ha creado el sustantivo ‘testeo’, que puede sustituirse por voces más tradicionales en español, como ‘comprobación, análisis’ o ‘examen’”. *A ‘testar’, El Diccionario le asigna estas acepciones: “Intr. Hacer testamento. // 2. Tr. Tachar, borrar. //. Ant. Declarar o afirmar como testigo”. ***

El término ‘más’, tónico  y con tilde, no debe confundirse con ‘mas’, átono y sin tilde, pues sus oficios en la oración son diferentes: el primero, es un adverbio que se emplea en oraciones comparativas (“más bueno que el pan”) y sirve para formar el superlativo relativo (‘el más eficiente de la oficina’), para indicar una cantidad indeterminada (‘murieron más de treinta manifestantes’), etc. El segundo  hace el oficio de ‘conjunción adversativa’, con el mismo significado de ‘pero’. Muchas veces, el sistema de Word lo subraya con un signo azul, lo que, imagino, hace dudar al que lo escribió sin tilde. Pudo ser esto lo que le sucedió al columnista Darío Arenas V. al escribir “…han sido guardianes de intereses y negocios personales, más no del bienestar general” (LA PATRIA, 2/11/2019), porque en esta oración, ‘mas’ no es adverbio, sino conjunción adversativa: “…mas no del bienestar general” (“pero no del bienestar general”). Un computador, por muy avanzado que fuere, no discurre, no deduce, no tiene cómo saber cuándo una misma palabra tiene dos oficios diferentes en la oración;  sólo funciona con los elementos con que un ser humano lo alimentó. ***

Es frecuente oírles a los paisanos decir ‘yo soy devoto al Niño Jesús de Praga’ o ‘soy amante al fútbol’. Expresiones equivocadas, que podrían admitirse en obras costumbristas, pues éstas, precisamente, reflejan la manera de ser, de obrar y de expresarse de la gente del pueblo. Pero son reprochables en el lenguaje culto, como tiene que ser el de los periódicos. En el pie de foto de la sección ‘Protagonista’ de LA PATRIA leí: “…para que los amantes a la naturaleza puedan realizar avistamiento de aves” (5/11/2019). Ambos adjetivos, ‘devoto’ y ‘amante’, rigen la preposición ‘de’: “amantes de la naturaleza”. ***

Leo con gusto los comentarios deportivos del periodista Esteban Jaramillo por su estilo original y  sobrio, aunque no ha podido con la diferencia de ‘porque, por que, por qué’ y ‘porqué’, y, a veces, se descuida, como en su columna de la última semana de octubre de 2019, en la que esto escribió: “…o expuesto por su técnico que con tosudéz lo mantuvo todo el año” (Eje 21). El gazapo, ‘tosudéz’, es de dos yemas, porque, castizamente, ‘tozudez’ se escribe así, con dos zetas y sin tilde en la ‘e’, pues se trata de una palabra aguda terminada en zeta, como ‘aridez’, ‘locuaz’, ‘perdiz’. La ortografía es de una lógica innegable, por ejemplo, las palabras graves terminadas en ‘zeta’ llevan la tilde en la penúltima sílaba, por ejemplo, los apellidos ‘López’ y ‘Gómez’. No así las palabras terminadas en ‘vocal’, ‘ene’ o ‘ese’, que, si  graves, no llevan tilde, como ‘coloso, examen, vocablos’, pero la llevan en la última sílaba si son agudas, verbigracia, ‘porqué, escorpión, Inés’.

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