27 de mayo de 2022
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Santander y Márquez

24 de noviembre de 2019
Por Óscar Alarcón
Por Óscar Alarcón
24 de noviembre de 2019

En el gobierno de Carlos Lleras Restrepo su ministro de Justicia, Fernando Hinestrosa, quiso ubicar entre el Capitolio y el Palacio de Justicia lo que pensó llamarse el Eje Ideológico de la Nación. Allí debían estar Rafael Núñez, en el parque exterior sur del Capitolio; Tomás Cipriano de Mosquera, en el parque exterior norte, mirando por detrás la estatua pedestre de Bolívar, del maestro italiano Tenerani, en donde aparece con la espada al suelo. Y este, a su vez, mirando a Santander vestido de civil y sentado junto a la célebre frase: “Las armas nos dieron la independencia y las leyes no darán la libertad”. Las dos primeras están y del último solo han permitido la frase.

Me aseguran que hay quienes en el Consejo de la Judicatura no desean darle cumplimiento a la ley de 1968, que patrocinaron Lleras Restrepo e Hinestrosa. Primero no querían que apareciera Santander y estuviera ausente un busto de José Ignacio de Márquez, gran jurista y padre del partido conservador. Lo lograron y ubicaron a Márquez, con tan mala suerte que fue descabezado durante el holocausto del Palacio de Justicia.

Restauraron el busto y mientras reconstruían el Palacio lo ubicaron provisionalmente en el Museo Nacional, cuando lo dirigía Elvira Cuervo de Jaramillo, de su descendencia. Luego regresó al Palacio, en donde se encuentra a la entrada de la Corte Suprema de Justicia. Pero nada que cumplen la ley en lo que tiene que ver con Santander.

¿Por qué será? Por razones políticas. O porque no quieren que Santander y Márquez estén cerca, sobre todo en ese sitio, hoy Palacio de Justicia y antes la casa de las hermanas Ibáñez. Cuentan que por allá en 1835, Santander fue a visitar el día de su cumpleaños a Nicolasa Ibáñez, viuda de Antonio José Caro, con quien tenía un romance, y allí encontró a José Ignacio de Márquez. Indignado por la presencia de quien en ese momento consideró como un intruso y poseído de incontrolables celos, alzó a Márquez, que era de pequeña estatura, y pretendió lanzarlo por la ventana del segundo piso hacia la calle. Doña Nicolasa, con la energía propia de su carácter, tomó del saco levita a Santander y con decisión le impidió lo que pretendía hacer. Santander, sin pronunciar palabra, se fue del lugar. Y desde entonces no lo han dejado regresar para que haga parte del Eje Ideológico de la Nación, como lo quisieron Lleras Restrepo e Hinestrosa.