4 de marzo de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Mala intención

Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
22 de noviembre de 2019
Por Carlos Alberto Ospina M.
Por Carlos Alberto Ospina M.
Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
22 de noviembre de 2019

De cualquier manera, la prelación que goza alguien perjudica a un tercero en virtud del patrimonio, la ubicación geográfica, el nivel educativo, el rango, el genotipo, el acceso a los servicios públicos, la ideología y el estrato; por mencionar algunos determinantes que, se constituyen en caldo de cultivo, del malestar social.

La naturaleza humana es imperfecta en términos de cualidades y distinciones propias de cada ser. Nos mueve el carácter, el estado ánimo, la ignorancia, el miedo, la moda, las convicciones y los prejuicios, entre una infinidad de particularidades.

El enfoque multifacético de la marcha del 21 de noviembre representó la deuda social que arrastra la nación desde hace décadas. El presidente Duque está pagando los platos rotos del desgreño administrativo, la corrupción, la incapacidad de varios ministros, la cultura mafiosa, el sometimiento monetario, la feroz oposición, las reiteradas metidas de pata del partido de gobierno y la obsesión compulsiva de los bribones.

Lo que anda equitativo no se cuestiona, más bien, se depura y perfecciona para que más personas accedan a los beneficios, sea el que sea, el campo de acción. La antípoda de la ponderación es el desorden, el caos, el odio y la destrucción. Por esto, el resentimiento desprecia la conciencia de clase e ignora la evidencia objetiva. Así mismo, legítima el desconcierto, el sabotaje, la injusticia y la marrullería.

El popurrí marchador simbolizó la Colombia dispareja, tan dinámica y amnésica, que víctimas de delitos de lesa humanidad observaron atónitos a sus verdugos haciendo campaña proselitista sin haber reparado ni pedido perdón. Las recusables “barras bravas” del Atlético Nacional y el Deportivo Independiente Medellín alucinaron al lado de padres de familia que rechazaban la violencia en los estadios.

Unos cuantos trabajadores que disfrutan las mieles de las millonarias “comisiones sindicales” compartieron micrófonos con ladrones de cuello blanco, lavadores de activos y políticos corruptos acostumbrados a embolsar fajos de dinero sin rendir cuentas claras al respecto. ¿Cuál es el argumento de autoridad que encarnan esos sujetos?

A la vera de las madres comunitarias y de defensores de los derechos humanos caminó el excandidato a la alcaldía de Bogotá sindicado de violencia intrafamiliar; mientras tanto, oportunistas limpiaban la brava mermelada y declaraban “la falta sensibilidad de este gobierno”.

Auténticos movimientos artísticos toleraron mensajes playeros, sin voz ni consistencia, que buscaban volver orgánico un frívolo twitter.  Al tiempo, grupos de inconformes residentes en el extranjero que, en su mayoría omiten el pago de impuestos, vociferaban en contra del hipotético “paquetazo”.

En la jornada ciertos burgueses opinadores hablaron de reivindicaciones e invocaron principios éticos fuera de rasgos creíbles, a lo mejor, ansiosos de relatar el eventual desmadre. Por el contrario, jóvenes diligentes impidieron el accionar de los antisociales simultáneamente que, Petro, avivaba la sedición. Éste individuo y otros maquinadores algo tienen que ver con los actos vandálicos y asonadas. De noche, la combinación de las distintas formas de lucha sonó a metales destemplados.

A través de las redes sociales alborotadores de profesión causaron pánico en diferentes sectores de Bogotá, Medellín, Cali, Bucaramanga y otras regiones del país. En la capital del Valle del Cauca muchos adultos mayores, mujeres y niños, en medio de la angustia, pedían a gritos la presencia de la policía, cuando delincuentes comunes invadieron un conjunto residencial al sur de la ciudad. Al saqueo de almacenes de cadena, la destrucción de bienes públicos y el alzamiento contra la autoridad hay que advertir el objetivo central de promover la lucha de clases. En verdad, lograron la hostilidad entre contrarios.  Ciudadanos inermes y residentes armados se atrincheraron para defender sus vidas y sus propiedades.

Este fenómeno de violencia tendrá repercusiones en la salud de los habitantes. El daño experimentado es de origen sicológico, mental y emocional, el cual se reflejará en estrés postraumático, depresión, síntomas psicosomáticos y lesiones de diversa índole.

El sainete de enmascarados incitadores seguirá brotándose las manos en espera de un estallido social o guerra civil. La marcha pacífica apaleó a más de veintiuna demostraciones para desarticular esa nefasta estrategia.