17 de mayo de 2021
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El muro de Berlín

11 de noviembre de 2019
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
11 de noviembre de 2019

Hace 30 años, el 9 de noviembre de 1989, se derrumbó el más importante símbolo de la Guerra Fría. El muro significaba la separación del mundo en dos grandes bloques antagónicos, el campo comunista, bajo la tutela de la Unión Soviética (URSS) y el mundo capitalista, controlado por Estados Unidos. El hecho histórico presagiaba el final de una era, por los cambios que se estaban gestando en los países socialistas y por el derrumbe de la URSS debido a la burocratización del Partido Comunista, cuando los líderes se amañaron en el poder y no fueron capaces de superar la crisis económica. En ese momento el mundo gritó ¡No más muros!

La posguerra

Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial Europa quedó sumergida en la miseria, en cambio los Estados Unidos se consolidaron como la primera potencia. Este país reorientó su economía y la encauzó hacia la reconstrucción del viejo mundo, bajo el modelo liberal. Pero había que prestarle total atención a la postrada y fragmentada Alemania, que había quedado dividida en cuatro pedazos: las tres zonas de occidente se convirtieron en la República Federal Alemana (RFA) y la del oriente se transformó en la República Democrática Alemana (RDA).

El Programa de Reconstrucción de Europa tenía el nombre de Plan Marshall, porque fue impulsado por el secretario de Estado George Marshall, desde junio de 1947. Tenía tres objetivos: prestar dinero a los países de Europa para que pagaran la deuda contraída con Estados Unidos durante la guerra y pudieran comprar nuevos productos, prevenir la expansión del comunismo y fortalecer los regímenes democráticos. Se tomó como modelo a la RFA, donde el economista Ludwig Erhard, impulsó una serie de reformas, que empezaron con la creación de la nueva moneda, el Deutsche Mark, y tuvieron en cuenta la economía de mercado, la eliminación de trabas burocráticas y tremendos sacrificios de los trabajadores. De este modo aumentó la productividad, se industrializó el país y crecieron las exportaciones. Con una política de sudor y lágrimas y con los préstamos del Tío Sam, a los pocos años la RFA se había convertido en una de las naciones más prósperas de Europa. Se produjo el llamado “Milagro Alemán”.

Fue diferente la suerte de la RDA, porque no contó con los recursos naturales de su vecina, ni con la cantidad de científicos, ingenieros, y mano de obra calificada que había en la RFA, cuando finalizó la guerra. Y, por supuesto, no tuvo acceso al Plan Marshall.

La Guerra Fría y el Muro

El crecimiento económico de la RFA y de Berlín Occidental, más la propaganda, se convirtieron en foco de atracción y miles de personas, en especial mano de obra calificada y profesionales con alta formación académica, abandonaron la maltrecha economía de la RDA y buscaron el “Milagro Alemán”, pretendiendo mejores salarios y nivel de vida. De este modo, entre 1949 y 1961 cerca de tres millones de personas, menores de 25 años, se instalaron definitivamente en la RFA. Esta es una de las principales razones para la construcción del muro y, según el presidente Walter Ulbricht, “para poner fin a las actividades hostiles de revanchismo y militarismo de Alemania Occidental y de Berlín Occidental”. El 13 de agosto de 1961 pusieron barreras temporales con alambre de púas y en los días siguientes se construyó una barrera de hormigón de 112 kilómetros de longitud. Entre 1961 y 1968 murieron 600 personas, abatidas a tiros o por accidentes, al intentar huir hacia la RFA. Fue conocido con los nombres de “Muro de Protección Antifascista” y “Muro de la Vergüenza”. Y se convirtió en el principal símbolo de la Guerra Fría.

El derrumbe de la URSS

Aunque la crisis de la URSS se veía venir desde el gobierno de Leonid Breshnev, todo se precipitó desde las breves y pésimas administraciones de Yuri Andropov y de Konstantin Chernenko, que facilitaron la llegada al poder de Mijail Gorbachov, en 1985. Ante la crisis económica, ideológica, política, social y cultural, planteó sus programas, el Glasnost (transparencia) y la Perestroika (reestructuración). En este ambiente inició la aproximación a Occidente y el fin de la carrera armamentista. El nuevo clima político creó las condiciones para la caída del muro. Cuando la larga muralla fue cayendo hecha pedazos el mundo entendió que era el fin de la Guerra Fría y la llegada de la globalización. El campo socialista se fue desgajando y con la burocratización del Partido Comunista de la URSS se allanó el camino para los líderes sagaces, oportunistas y corruptos, como Boris Yeltsin, y aparecieron grupos de personas que amasaron fortunas por medio de la privatización fraudulenta de las propiedades del Estado. De este modo la Unión Soviética fue empujada hacia el abismo.

Desafortunadamente hoy el mundo ve con horror el surgimiento de “nuevos muros de la infamia”, como el construido por Israel en Cisjordania y el que está levantando el gobierno estadounidense para separarse de México. Es que la historia se repite.