13 de mayo de 2021
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La rama judicial y la democracia

15 de octubre de 2019
Por Clara Inés Chaves Romero
Por Clara Inés Chaves Romero
15 de octubre de 2019

En todo estado de derecho que se respete, la independencia de las ramas del poder es requisito indispensable.

Hechos como la fuga de la señora Aída Merlano, el show mediático por la indagatoria al señor ex presidente Uribe, el vencimiento de términos en los casos más sonados de corrupción en el país por el desfalco en Interbolsa u otros expedientes famosos, hacen que se debilite la rama judicial y su sentido.

La justicia debe de ser independiente y no estar sujeta a los vaivenes políticos, pues eso sería debilitarla y desprestigiarla aún más.

Generar presión a la justicia a través de protestas a favor o en contra, así como volver intocables a ex presidentes, es negar el sentido de la democracia y desconocer el principio que debe tener la justicia, la cual debe ser aplicada a todos sin distingos sociales, políticos, religiosos o étnicos.

Politizar la justicia es lo más dañino que le puede suceder a la democracia y la vía más directa para aumentar la impunidad y la corrupción. En este sentido, muchos colombianos estamos hartos de ilegalidades, de víctimas, de falta de estado y de gobernabilidad.

El ejemplo debe venir de los padres de la patria y de la clase política en general. ¿Con qué autoridad moral se educa a un pueblo, si sus dirigentes llaman a la impunidad, a la corrupción y a una justicia selectiva? En ese sentido, cobra vigencia lo dicho en el argot popular de que “la justicia es para los de ruana”.

Decir que la Corte Suprema de Justicia es buena o es mala, solo porque cumple con su función y da garantía de imparcialidad sin responder a las presiones políticas de partidos políticos, es minar la confianza que los ciudadanos le deben tener a la justicia, y hacerle  un brexit al poder judicial.

¿Cómo podemos recuperar la confianza y la credibilidad en las instituciones democráticas y en las ramas del poder público, cuando entre ellas se desprestigian y se hacen “conejo”?

Es lamentable que los colombianos se dejen llevar por sentimientos y no utilicen la razón, la serenidad, el respeto y la tolerancia, para llamar al respeto del imperio de la ley.

Toda esta situación, es producto de la pérdida de valores que nos dejaron el clientelismo,  la inequidad social, el narcotráfico y el conflicto armado.

En lugar de permitir que nos utilicen como marionetas de intereses de algunos políticos o élites económicas, ¿por qué no nos unimos como nación para crear una cultura de la legalidad en favor del fortalecimiento de los valores y de la institucionalidad democrática?

No podemos olvidar que la justicia debe ser  independiente, justa, y tampoco el principio Dura lex sed lex que significa: “la ley es dura, pero es la ley” y es para todos sin distingo alguno.

Nos falta aprender mucho de los peruanos y de algunos países europeos que poseen una justicia fuerte, a la que no le tiembla la mano para hacer una investigación justa, y condenar al que haya que condenar sin importar si es un pez gordo de la política, o de cualquier rama del poder público, o empresario, o persona del común. ¡El país debe estar por encima de la mezquindad de los políticos!

Ex diplomática.