6 de mayo de 2021
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En tanto que, concordancia, ¡ay!, don

Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
29 de octubre de 2019
Por Efraim Osorio
Por Efraim Osorio
Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
29 de octubre de 2019

Quisquillas de alguna importancia

¿Está  echando raíces otro vicio de construcción gramatical en nuestro idioma, plagado ya de ellos? 

Así redactó el columnista de El Tiempo Sergio Muñoz Bata: “Otra característica del Don Juan  literario (…) es que el personaje, en tanto que transgresor de las costumbres y las reglas, al final…” (15/10/2019). Leída esta frase de tan veterano periodista, me formulé la siguiente pregunta: ¿Está  echando raíces otro vicio de construcción gramatical en nuestro idioma, plagado ya de ellos? Pregunta que confirmó el texto de la declaración de la Corte Constitucional de su decisión de tumbar la ley de financiamiento, citado por LA PATRIA,  que dice: «Se violó el principio democrático, en tanto no se dio una deliberación racional de la ley…” (Editorial, 18/10/2019). Me refiero al empleo equivocado de la locución adverbial de tiempo ‘en tanto’ (‘en tanto que’), que significa “durante  algún tiempo intermedio, mientras”. En el segundo ejemplo, la construcción pide la conjunción causal ‘porque’, o la locución conjuntiva causal ‘ya que’, no un adverbio, de esta manera: “Se violó el principio democrático, porque no se dio…” o “…ya que no se dio…”. Y en el primero, la idea pretendida por su redactor pide el adverbio de modo ‘como’, así: “…es que el personaje, como transgresor de las costumbres…”, es decir, en su ‘calidad de transgresor’. Estos redactores hacen ver difícil lo fácil. Otro botón de muestra: A nivel de la veeduría que represento estoy sumamente preocupado…” (LA PATRIA, Controversia, Gabriel Palacio, 23/10/2019). Aun el oído rechaza estas construcciones traídas de las mechas. ***

En la siguiente muestra, tomada de Eje 21, hay una falta de concordancia, inexplicable en un periodista que se cuida de cometer esa clase de errores de construcción: “Esos votos es de gente que no estaba ni con Duque-Uribe, ni con Petro…” (Rafael Zuluaga, Publinotas, 15/102019). En las oraciones gramaticales, el verbo concuerda con su sujeto en número, singular o plural. Elemental. En

la frase citada, el sujeto es plural –‘esos votos’–, por lo tanto, el verbo tiene que ser plural –‘son’–. De cuando en cuando dormita el buen Homero. ***

Errores como el anterior son, hasta cierto punto, explicables. Pero hay otros inexplicables, injustificables e imperdonables, especialmente cuando quien los comete es un escritor de reconocida trayectoria, como lo es el señor Édgar Hozzman, que garrapateó de este modo: “Me dijeron que fue senadora, pero hay Dios Mío, ¡Qué cornetica!” (Eje 21, Pantalla & Dial, 18/10/2019). Es cierto que Dios existe, pero en esa oración no se trata de que ‘haya’ (inflexión del verbo ‘haber’) Dios o no, sino de una exclamación, que se expresa con la interjección ‘¡ay!’: “…pero, ¡ay, Dios mío, qué cornetica!”. ¡Mejor, mucho mejor! ***

Titular del artículo del doctor Jorge Raad Aljure: “Don Mario, Don Jorge, Don Antonio” (LA PATRIA, 22/10/2019). Castizamente, así: “Don Mario, don Jorge, don Antonio”. ‘Don’ (del latín ‘dominus’ –señor–, femenino, ‘doña’. De ahí también ‘dom’, que hoy sólo utilizan ciertos religiosos cartujos y benedictinos, y… la champaña Dom Perignon), es un antenombre con carácter de adjetivo, pues con él se le reconoce la cualidad de ‘respetable’ al dueño del nombre al que se antepone. En la época de los clásicos sólo se les daba a ciertos personajes de elevada posición social, y se escribía siempre con mayúscula inicial. Hoy en día, no, no sólo por su uso extenso e indiscriminado, sino porque no deja de ser un nombre común. Este tratamiento sólo se antepone al nombre, no al apellido, a no ser que la intención sea peyorativa o jocosa. Se usa también, combinado con ‘nadie’ –‘don nadie’–, para calificar a un personaje oscuro, de muy poco valor. Añade el diccionario de María Moliner: “(Informal). Se usa muy frecuentemente, unido a un nombre de actitud o acción en plural, para motejar a una persona que abusa de esa actitud o acción: ‘Doña melindres, don dificultades’ ”. Y ‘don mentiras’.

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