28 de mayo de 2022
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Colombroño-tocayo,  cura-curita, y/o, recién

Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
1 de octubre de 2019
Por Efraim Osorio
Por Efraim Osorio
Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
1 de octubre de 2019

Quisquillas de alguna importancia

No, don Juan, ‘colombroño’ es un sustantivo masculino. 

En uno de sus artículos quincenales, el periodista Juan Gossaín habla de ‘colombroño’ así: “Se trata, simplemente, de un sinónimo de tocayo. Entró en desuso hace muchos años y solo existe en su forma masculina. Tocayo sí tiene femenino (…), colombroño no, porque es palabra neutra”. No, don Juan, ‘colombroño’ es un sustantivo masculino. “En español –enseña El Diccionario– no existen sustantivos neutros, ni hay formas neutras especiales en la flexión del adjetivo; solo el artículo, el pronombre personal de tercera persona, los demostrativos y algunos otros pronombres tienen formas neutras diferenciadas en singular”. Según la misma fuente, viene de ‘con’ y ‘nombre’. Pero anota el columnista: “Con perdón de los señores académicos, a mí no me parece muy convincente esa explicación”. Sí, ésa es, porque, remotamente, viene del sustantivo latino ‘cognomen-inis’ (de ‘co’ -con- y ‘nomen’ -nombre- ‘el nombre de familia, el tercero de los usuales en las familias romanas’, por ejemplo, ‘Marco Tulio Cicerón’). El poeta Livio Andrónico escribió: “Poetis fuit ambobus cognomen” (‘Ambos llevaban el nombre de Peto’). Ahora bien, cómo lo fue convirtiendo el pueblo en ‘colombroño’, es para mí un arcano. ***

En el mismo artículo, el señor Gossaín dice que “la palabrita ‘tocayo’ es de procedencia americana, ya que se deriva  del vocablo ‘notocayoh’, que en el antiguo lenguaje náhuatl de indígenas mexicanos significaba ‘el que tiene mi nombre’ ”. Pero Corominas dice lo siguiente: “Como la documentación más antigua procede de España, no es probable que venga del náhuatl, donde, por lo demás, no hay palabra exactamente comparable, pues ‘tocaytl’ sólo significa ‘nombre’ ”. Este mismo autor, aunque afirma que el origen de ‘tocayo’ es incierto, supone que empezaron a llamar ‘tocayo’ y ‘tocaya’ a las parejas que tenían el mismo nombre, aludiendo a la frase del ritual del Derecho romano: “Ubi tu Cajus, ibi ego Caja” (Donde a ti te llamen Cayo, a mí me llamarán Caya). Este nombre se encuentra registrado en algún escrito por primera vez en 1739, pero, seguramente, se venía usando de tiempo atrás. Yo, francamente, le creo al erudito Joan Corominas. *** 

Cuando alguno se hace una herida pequeña, se pone una ‘curita’, que El Diccionario llama también ‘tirita’ (‘cinta adhesiva, etc.’), y que todos hemos comprado muchas veces en la farmacia o en ‘la tienda de  los cojos’. Nunca pedimos un ‘cura’ –o una ‘cura’–,  que es, según El Tiempo, artículo de exportación: “Desde curas, hasta hormonas, exportó la industria clínica” (titular, 17/9/2019). Deduzco que el titular aludía a ‘curitas’ por la siguiente frase del texto correspondiente, aunque, en lugar de ‘venditas’, escribieron ‘vendidas’: “Medicamentos, esparadrapos y vendidas, instrumentos de cirugía…”. Ello es que, entre las acepciones de ‘cura’, no está la de ‘curita’, diminutivo, eso sí, de ‘cura’. ***

Estoy convencido de que los que usan el esperpento ‘y/o’ lo hacen por esnobismo, sin tener consideración con el lector, que se da de bruces contra esa ‘cosa’ al leerla, y no sabe qué hacer con ese obstáculo. Yo siempre paso por encima de él. No le paro bolas. No le pierdo tiempo. Fue lo que hice con él cuando se me apareció en la siguiente frase: “No creo que las fotos sean evidencia suficiente de la existencia de un vínculo entre la oposición y/o el gobierno colombiano con ese grupo criminal…” (El Tiempo, Sandra Borda G., 17/9/2019). El redactor, si conoce el asunto tratado, tiene que saber por cuál de las dos conjunciones decidirse, pues, por su naturaleza, se excluyen. ***

El adverbio de tiempo ‘recién’ (‘recientemente’) se emplea antepuesto al participio pasivo, por ejemplo, ‘recién llegado’. No admite ninguna palabra entre las dos, como lo hizo la columnista de El Tiempo Claudia Isabel Palacios Giraldo, en esta pregunta: “…por qué, si esta cirugía existe hace tanto tiempo, un paciente como Mockus no es operado recién es diagnosticado” (El Tiempo,  19/9/2019). La frase, bien construida, ésta: “…no fue operado recién diagnosticado”.

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