20 de mayo de 2022
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¿Y quién tiene la culpa?

4 de septiembre de 2019
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
4 de septiembre de 2019

Para analizar lo sucedido con algunos de los exintegrantes de las FARC la semana pasada, es necesario entender quienes integraban las FARC y lo que allí motivaba su actuar. Así, tenemos un primer grupo integrado por los viejos comandantes de la organización, la mayoría de ellos cansados de una lucha inane y perseguidos por doquier, lo que les obligaba a vivir en el monte en donde las comodidades son escasas, su lugar era un cambuche y los sitios inhóspitos.  A este grupo, dada su condición de líderes, no le quedaba bien abandonar la lucha, razón por la que encontraron en el Acuerdo una vía de salida honorable ante sus seguidores y ante la opinión. Un segundo grupo lo integran los hombres y mujeres de base. Personas que estaban allí por muy diversas razones, algunos de estos ya tenían en mente abandonar las filas, pero no se atrevían a hacerlo por el temor a ser capturados y ejecutados. Con el proceso encontraron la vía libre y, una vez se firmó el Acuerdo, muchos regresaron a sus casas para allí rehacer sus vidas. Otros fueron a las Zonas Transitorias para aprender algún oficio y ganar el dinero que les pagarían durante el proceso. Un tercer y último grupo está integrado por sujetos que no han hecho otra cosa en su vida que disparar un arma. A estos se les agregan los que creen que lo suyo es el negocio de la droga, sin que les importe el tener que vivir escondiéndose y huyendo siempre. Piensan que algún día podrán disfrutar de esos dineros.

Así las cosas, los del primer grupo lograron su objetivo. Se salen del conflicto y de paso arreglan su vida con los pingues recursos que derivan de la actividad política y posiblemente de los dineros habidos durante el conflicto. El segundo grupo, el de los de base, regresaron a sus casas o están aprendiendo algo para ganarse la vida. El tercer grupo, tal y como lo hemos visto, van a lo que quieren, y justifican su accionar en lo que otros les han hecho o dejado de hacer pero, lo cierto es que, pasare lo que pasare, para ellos, ni la política ni las Zonas Transitorias son su lugar y prefieren estar y hacer lo que han decidido hacer. Desde luego que la culpa es de otros, otros tienen la culpa, cosa que es costumbre entre nuestras gentes.

Y como parte del país sigue creyendo que lo que se ha hecho, o dejado hacer, es lo malo, ahora hay que acabar con la JEP, organismo que si bien no ha actuado como es de esperarse, sí ha sido un medio para tratar de dejar atrás la guerra y abrir espacios que lo permitan. Desde luego que a esa Corporación hay que apretarse las clavijas y exigirle acción y decisiones. No es posible que demoren un año para resolver si Santrich pecó antes o después de la firma del Acuerdo. Tampoco es posible que en tres meses no hayan resuelto el recurso de apelación interpuesto por el Procurador en ese caso. Y tampoco es posible que los procesos para “condenar” o “sancionar” a los jefes de las FARC, confesos como lo son de sus atrocidades, no se sepa en qué están.  Esas “sanciones” o como se llamen los “castigos” ya debían ir adelante y el país conocerlos.

En resumen: Las mentiras que motivaron el voto por el NO, ahora son verdades y no hay para qué traerlas al presente. Lo que ha conocido el país, es lo que en esencia ya estaba dándose con las disidencias.  Lo que se viene dando con la JEP, es sólo falta de diligencia en el trabajo y de resultados que el país tiene que exigir de los magistrados, no permitiéndoles que se burocraticen. Tratar de revocar la JEP, como algún loquito lo pretende, es simplemente una tontería. Nunca estuve de acuerdo con lo pactado por Santos, De La Calle y Jaramillo por lo exagerado de las concesiones, pero, una vez metidos en estas, es necesario pulir lo pactado, ajustarlo, darle vigencia y operancia, porque, de seguir así, nada tendremos antes del 2.030.

Ah! Y los que ahora vuelven con el cuento de que algunos quieren la guerra y otros la paz, lo mejor que pueden hacer es callarse y dejar de andar polarizando al país. Todos queremos la paz. Sólo ellos hablan de guerra, pues sus ideas se agotaron y no dan más. Eso incluye a los jefes de algunos partidos y a algunos “gestores” de paz.       ¡Es hora de que se vayan con su sambenito a otra parte!

Manizales, septiembre 4 de 2019.