15 de mayo de 2021
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Lucho

Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
27 de septiembre de 2019
Por Víctor Hugo Vallejo
Por Víctor Hugo Vallejo
Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
27 de septiembre de 2019

No podría concebir la vida sin tener sus dos manos aferradas a las cuerdas de un instrumento, al que le saca notas de alegría, de nostalgia, de amor, de tristeza, de dolor, de angustia, de recuerdos, de paisajes y muchas otras cosas que meten en su cabeza poemas y notas musicales que va armando mentalmente poco a poco, hasta tener una canción más en su haber. Ya son más de 350, todas ellas de magnifica factura y que son interpretadas por voces famosas de todo el mundo, que han sido cantadas por muchos artistas que ahora se encuentran en el mundo de lo que se acabó y perviven a través de las grabaciones que hicieron. Todos los días piensa, sueña, vive, crea en canciones. No puede estar lejos de la música porque la ha entendido desde siempre como su propia razón de ser. El escenario y las multitudes, o los públicos selectos de salones exclusivos, son un espacio natural a los que se sube con la plena confianza de que va a deleitar a quienes le escuchan que con toda seguridad van a tararear sus letras o incluso las van a cantar a voz en cuello, cuando se trata de esas que dejan afectos profundos por el significado que tienen al haberlas escuchado en determinadas circunstancias.

La vida para él es cantar, es tener unas cuerdas en las yemas de los dedos. Un diapazón en la mano izquierda y la escala musical completa en la mano derecha. Sabe que con esos elementos es capaz de transmisitr el mensaje que se proponga. Cuando canta se olvida de todo. Apenas es consciente de la enorme responsabilidad que tiene frente al público que espera de él lo mejor, lo que siempre les ha entregado. Es un maestro cuyo título se lo ha ganado a fuerza de creatividad, responsabilidad y muchas ganas de dejar un mensaje en el que miles de miles de personas se puedan identificar por cualquier motivo.

Cantar y tocar una guitarra o un tiple es la manera esencial en que concibe la vida. Desde cuando tiene memoria sabe que es músico. Fue a las escuelas de música. Aprendió la teoría, pero allí mismo aprendió que en las bellas artes, lo que trasciende es la creatividad, no la constante imitación de quienes ya han creado.

Usando tratados teóricos sobre la materia, también aprendió a elaborar instrumentos de cuerda y poco a poco fue conformando su taller, en el que trabaja a solas, sin dejar basura tirada, diseñando y ejecutando cajas sonoras de manera limpia y pensando siempre en que ese instrumento será el mejor de los cientos de cientos que ha elaborado. Es un luthier a la manera de siempre. No se trata de construir instrumentos en serie. Se trata de elaborar herramientas de expresión artística que sean capaces de hacer sentir profundamente orgullosos a quienes los llegaren a ejecutar. Hacer un instrumento es como hacer el amor. O se hace con la entrega total de lo que se sabe y se piensa, o la tarea no sale bien y llega el desengaño.

Sabe que lo que hace se irá por caminos desconocidos en manos que los llevarán con la misma consagración con que él las ha elaborado. En cada guitarra, en cada tiple, en cada bandola, en cada cuatro que fabrica, se va parte de su ingenio, que irá por muchos senderos, por muchos espacios, por muchos tiempos llevando su sello personal de creador de creatividad.

De lo que ve, de lo que le gusta, de lo que le molesta, de lo que lo alegra, de lo que lo entristece, de lo que lo emociona, de lo que ama o ha dejado de amar, hace una canción. Primero las interpreta él mismo, pero cuando los artistas le solicitan su venia para interpretarlas no duda en autorizar, pues sabe que los creadores tienen derechos sobre sus obras, pero que el fin sustancial de cada obra de arte es ir por el mundo, para permanecer en el tiempo y en el espacio. Son como hijos: nacen, crecen potegidos y un día salen con sus alas desplegadas a afrontar la existencia, con sus deseos, sus ambiciones y sus capacidades. Confía en ellas. No puede negarse a que los demás hagan conocer de la gente lo que alguna vez se le ha ocurrido en una hoja de papel y que luego ilustra con notas musicales sobre un pentagrama. Una obra de arte es como un hijo: se debe cuidar en sus primeros pasos, pero llegará un momento en que se va a marchar sola, por los caminos del universo a recorrer sentimientos y calmar ansias de amar, de dudar, de sentir, de llorar, de seguir luchando. Es que la vida se puede llevar mejor si se acepta el reto de lo que se siente para decir que se tienen ganas de cantar, lo que bien puede universalizarse diciéndolo así:

Qué son estas ganas, de vivir cantando
que hacen de mi tierra que la quiera tanto,
porque sabe a tiple lo que pienso y hago,
cuando tengo cerca mi tiempo pasado.

Qué son estas ganas de vivir cantando
frente a la nostalgia de un camino andado,
junto al tronco viejo que sigue esperando
que le crezcan ramas para hacerse un árbol.

Tengo mil bambucos también esperando
que se duerma el mundo, para yo pulsarlos,
porque los bambucos siempre hay que escucharlos
cuando ruido y humo se van del trabajo.

Cuando ya el silencio se duerme despacio
por entre la noche de un cielo estrellado;
qué son estas ganas de vivir cantando,
sin medir el tiempo que corre en mis manos.

Despierta Colombia, si no has despertado,
y empuña tu tiple que por dentro hay algo
que huele a trapiche, mazorca y tabaco,
y va por las venas sin fechas ni horario.

La tierra me duele, y me duele tanto,
que casi no entiendo por qué estoy amando.

Qué son estas ganas de vivir cantando?

Que no es más que un himno a la vida. Para decirlo todo. De ahí nació la iniciativa de Funmúsica, la entidad responsable del Festival de Música Colombiana que se celebra cada año, a mediados, en el Municipio de Ginebra, en el Valle del Cauca, que se ha convertido en el Festival de música nacional y andina más importante de América Latina, de declarar en forma oficial que este bambuco de Lucho Vergara es desde el año 2018 el himno oficial del Festival Mono Nuñez, con lo que se le riende un homenaje a su creador, pero también con lo que se hace un reconocimiento a un sentir de un país que puede y debe llevar a las canciones todo aquello que le sucede y piensa.

A Lucho Vergara lo arrullaron con bambucos, guabinas, pasillos, currulaos, merengues, cumbias, boleros, valses y tangos. Todo eso se le fue metiendo en sus afectos y desde muy niño tuvo claro lo que sería en la vida. Iba a ser músico. Se haría músico con las mayores exigencias de calidad y se moriría como músico, porque ya no logra entender la existencia de otra manera.
A Luis María Vergara, a quien nadie conoce porque solamente se hizo público Lucho Vergara, las canciones le son naturales. Componer una nueva obra es asunto de sentir, comprender, explicar y crear. Las letras, las piensa lentamente y les va ajustando su sonoridad. Las va elaborando de a poco. En la medida en que avanaza toma el papel y el lápiz y escribe los versos. Luego se sienta con su tiple o su guitarra y comienza a elaborar las notas que van a llevar esos versos. Es muy exigente. Trabaja muchos borradores. No se satisface con lo primero que le sale. Sabe que tiene un prestigio que se lo ha ganado en más de sesenta años de vida artística,. Habiendo comenzado cuando ni siquiera ostentaba la mayoría de edad. Hoy a los 76 años sigue firme en los escenarios y sigue como una gran figura de la música nacional, respetado y respetable y un verdadero ejemplo para quienes emprenden ese largo y dificil camino de las notas que hablan a través de los poemas.

Cuando los jóvenes músicos lo buscan, en el poco tiempo que le queda libre de sus múltiples ocupaciones y compromisos artísticos, no duda en aconsejarles que se vayan por el camino del arte, que no es fácil, que demanda muchos esfuerzos, muchos aprendizajes, pero genera un nivel de satisfacción personal que ninguna otra actividad puede suministrar. Les da indicaciones como maestro que es, que les exige y les pide que por encima de todo deben ser muy, exagradamente exigentes consigo mismos. Lo oyen con respeto. Les enseña con el mismo respeto que siempre ha tenido por la música, que en esencia para Lucho es su propia razón de vivir.
Con motivo de su amplia trayectoria por éstos dias le han rendido diversos homenajes en distintas ciudades colombianas. La gratitud de Lucho la expresa con sus canciones, con sus notas musicales bien acompasadas, coordinadas, armoniosas de esas canciones que son de fácil memoria por la lógica elaboración de que han sido objeto. Lucho sabe que componer no es enrevesar el lenguaje de las notas musicales. Es diálogo de fluidez entre lo que se siente y lo que se quiere transmitir en esos minutos en que la gente se deja llevar en la imaginación hacia el contenido etimológico de las palabras y las notas.

Lucho ha ido por los caminos del mundo, pero el arraigo con su ciudad natal no lo pierde nunca. Cali es una de sus justificaciones vitales y en ella ha desarrollado su obra, para que desde la capital del Valle se expanda hacia fronteras desconocidas. Con su figura de patriarca bíblico que le dan sus canas en el abundante pelo de la cabeza y su frondosa barba, cuando toma la guitarra en sus manos y hace la primera voz del dueto, hace olvidar edades de todos y transforma lo que se oye en muchas emociones.

Hoy día, Lucho sigue cantando en los escenarios a donde es llamado, al lado de su compañero Fernando Salazar, con quien formó el Dueto Vivir Cantando, que conformara a la separación de su compañera de muchos años y con quien no solamente hizo pareja en las tablas, sino también en su vida privada –bastante privada, por cierto, pues es muy celoso de guardar lo que debe corresponder a lo que es suyo, para distinguir muy bien entre el hombre público y el que no lo es-,a quien conoció en alguna velada privada de música entre amigos, la oyó cantar, le pareció una bella voz, la invitó a que hicieran dueto en algunas canciones, el conjunto sonó tan bien que siguieron ensayando y montaron muchas canciones en las dos voces. En ese trabajo artístico se enamoraron y luego contrajeron matrimonio. Fue así como se conformó uno de los mejores Duetos que ha tenido la música colombiana: Lucho y Nilhem, en la que su esposa Nilhem Lloreda hizo la primera voz, con un trimbre romántico muy belllo. Oirlos y verlos actuar en su profesionalismo se convirtió en programa favorito de muchos públicos en el país y el exterior. En todos los concursos de duetos donde se presentaban eran los ganadores, hasta cuando en todos ellos los comenzaron a declarar fuera de concurso, por la desigualdad cualitatyiva que se presentaba con los demás. Fue la gran consolidación de un serio trabajo. Su repertorio era en esencia música compuesta por Lucho y con algunos temas universales de esos que la gente le solicita a los duetos. Grabaron y venideron muchos discos de larga duración y mantenían compromisos de presentaciones todo el año. Un día el paso del tiempo y la ausencia de uno de ellos, le fue diciendo al público que el Dueto había llegado a su final. Apenas se supo de eso, que se habían separado como pareja y como dúo. Y no se supo nunca más. Ni él, ni ella hablaron nunca de ese tema. Siguieron siendo buenos amigos, hasta cuando una grave enfermedad la atacó a ella y se la llevó de este mundo cierto, dejándola presente en sus múltiples grabaciones, en audio y video. Es fácil verlos en medios electrónicos.

Tuvieron muchos éxitos con canciones de autoría de Lucho, pero sin duda uno de los grandes grandes, de pronto el más grande, fue “Cuando callábamos”, un vals ritmíco, en el que se habla de que tal vez el corazón volvió a nacer, para vivir, como vuelven las cosas del pasado, pues el silencio entre los amantes iba matando el amor, ya que en un pacto tàcito de silencios mutuos no volvieron a comunicarse, de pronto por miedo de los reproches que tanto ahondan las heridas afectivas, al entender que la vida es alegría y pueden haber silencios y llantos, pero sin que nunca dejen de contarse las cosas entre ellos, pues con amor es como se entinede la existencia. Es un canto al amor, a la vida, al desamor, a las dificultades de las parejas que siempre tienen solución si se doblegan orgullos y se eliminan egoísmos. Hicieron un canto a los enamorados para que nunca dejen de serlo. Las múltiples grabaciones que existen de esa canción, la convierten en un emblema de la expresión artística colombiana.

Que no se piense que Lucho sólo se inspira en amores y desamores. No. Como todo gran artista es un excelente observador que vive el mundo que le ha correspondido, que siente y sufre el país en el que naciera y al que ama profundamente. Piensa a solas en su taller de luthier y se da cuenta que muchos de esos afectos y desafectos se deben cantar, para tratar de hacer tomar conciencia de que la sociedad somos todos y que su calidad depende del colectivo, no de unos pocos. Por eso no ha dudado en expresar cual es su dolor de patria, al decir:

Cuando entre cantos de arrieros viajaban las esperanzas,

se tenía por arma un tiple

sin derramar ni una lagrima.

 

Había una estrella en el cielo que siempre alumbraba el alba,

y zurrungueaba el desvelo

bambucos en las guitarras.

 

Sobre el amor  y el respeto crecía la firme palabra,

y la paz vivía soñando

sin miedo a la  madrugada.

 

El cafetal de mi anhelo era un himno en las mañanas,

y Dios abría una ventana

para escuchar desde el cielo.

 

Mientras la luz de un lucero se convertía en serenata,

la miel de un trapiche viejo

iba endulzando las pailas.

 

Cuando volverá el arriero a sentir su patria en calma…

Cuando acabara el desvelo

de revivir su esperanza!

 

Cuando volverá el arriero a sentir su patria en calma…

Cuando cantara el jilguero

sin que le apunten al alma!

En lo que de alguna manera expresa lo que es el gran sueño de toda una sociedad: vivir en paz. Hace muchos años compuso ese bambuco. Lo han cantado en muchos escenarios. Parece como que nadie oyera su contenido cuando se vive en clima de contradicción, de descalificación del contrario por lo que piense o deje de pensar o porque piense distinto a como muchos quieren que se piense. No deja de ser frustrante que no se oiga el canto. Pero Lucho no desfallece. Va a seguir componiendo, elaborando instrumentos, pues apenas ha vivido 76 años y son muchos los que le restan de creatividad. Es que Lucho todos los días amanece con las mismas ganas de seguir cantando. Nunca se le pasan. Nunca se le calman. Y todos queremos que Lucho siga teniendo muchas ganas de seguir cantando.