29 de mayo de 2022
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El terrorismo como estrategia electoral

*Andreas Mariano Althoff Ospina. Líder Social de la Alianza Azul. Profesional en Historia y Geografía de la Universidad de Bonn, Alemania. Magister en Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda.
17 de septiembre de 2019
Por Andreas Althoff OSPINA (*)
Por Andreas Althoff OSPINA (*)
*Andreas Mariano Althoff Ospina. Líder Social de la Alianza Azul. Profesional en Historia y Geografía de la Universidad de Bonn, Alemania. Magister en Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda.
17 de septiembre de 2019

Varias familias colombianas recordaran el año 2019 como año doloroso por la pérdida de seres queridos que murieron en actos terroristas. Recién entrando al nuevo año Colombia tuvo que sufrir el atentado cobarde a la Escuela de Cadetes de la Policía General Santander cuyos autores fueron integrantes del grupo terrorista ELN.[1] Más de veinte policías murieron.

El año siguió con asesinatos contra personas que en medios frecuentemente fueron llamados “líderes sociales”. En los primeros cinco meses de 2019, así lo señala el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz), 80 líderes sociales y defensores de derechos humanos fueron asesinados. La ministra del Interior Nancy Gutiérrez afirmó que se identificó una “génesis” de quienes matan líderes sociales y esa es el narcotráfico, ya que muchos homicidios se vieron en zonas donde se disputaba el poder por negocios ilícitos.

Ahora que estamos en época electoral el terrorismo identificó un nuevo grupo de la sociedad civil como “objetivo militar”: candidatos políticos. Este mes desgraciadamente puede ser denominado un septiembre rojo en la historia del país, debido al alto derrame de sangre de candidatos políticos.

A principios del mes asesinaron a Karina García Sierra del Partido Liberal, candidata a la alcaldía de Suárez, Cauca. Pocos días después, mataron a Orley García, candidato del Centro Democrático a la alcaldía de Toledo, Antioquia. Y el pasado domingo, 15 de septiembre, ocurrió el homicidio contra Bernardo Betancurt, candidato del Partido Conservador a la alcaldía de Tibú, Norte de Santander. Según la Misión de Observación Electoral (MOE), hasta el momento 54 candidatos sufrieron algún tipo de violencia política, entre eso se cuentan cinco atentados y siete homicidios.

[1] El ELN desde el año 1997 es calificado como organización terrorista por parte del Departamento de Estado de los Estados Unidos.

El terrorismo puede ser una estrategia muy eficaz para actores criminales como las FARC, ELN o BACRIM para conseguir sus propios fines políticos. En el pasado atentados o asesinatos han servido para presionar a la clase gobernante.

El Cartel de Medellín fue capaz de conseguir su objetivo de la no extradición a través de actos terroristas tanto en contra de las fuerzas públicas como en contra de la sociedad civil. Las FARC fueron igualmente exitosas presionando gobiernos colombianos a través de atentados y masacres para llegar posteriormente a negociaciones de paz que implicaban beneficios amplios para el grupo guerrillero terrorista como, por ejemplo, zonas de despeje, impunidad total o curules en el Congreso.

En Colombia desde varias décadas el tema del conflicto armado interno ha sido fundamental en cada campaña presidencial. El electorado tuvo que escoger entre candidatos que favorecían una “mano dura” contra grupos armados ilegales, entre políticos que apoyaban negociaciones de paz, o entre otros políticos que pretendían representar un compromiso entre las dos primeras opciones.[1] Es muy probable que las elecciones del 2022 giren nuevamente alrededor de esa temática.

Entre más violencia y víctimas hay, más se escuchan las voces de aquellos sectores que anhelan un cese de la violencia, pero al mismo tiempo también se oyen más voces que quieren ver una derrota militar contra grupos terroristas. La violencia polariza la sociedad y los enemigos internos del Estado colombiano son muy conscientes de eso. El terrorismo como estrategia política para dividir la opinión de la sociedad puede resultar bastante efectivo en un país donde ni la población ni los gobiernos han llegado a un consenso sobre cómo tratar con grupos terroristas que llegaron a controlar amplias partes del territorio nacional.

El cinismo de la estrategia del terrorismo consiste en señalar al gobierno como culpable de la violencia porque no garantiza suficientes beneficios para los actores que desafían al Estado. Este discurso, por más absurdo que sea, lastimosamente puede contar con seguidores, siempre cuando los mismos grupos terroristas son

[1] Ejemplo del primer grupo puede ser Álvaro Uribe y su campaña del año 2002. Ejemplo del segundo grupo: campaña de Juan Manuel Santos 2014. Ejemplo del tercer grupo: campaña de Iván Duque 2018 (“ni risas, ni trizas”).

capaces de influir de una u otra manera la opinión pública de la nación, sea a través de adoctrinamiento masivo en instituciones educativas o a través de periodismo convencional.

Teniendo en cuenta estos aspectos, es probable que el ELN y las FARC sigan atemorizando Colombia con actos terroristas para polarizar la población aún más con vista a las elecciones del año 2022. Logrado nuevamente este grado de sectarismo se presentarán nuevamente candidatos a la presidencia que quieren o que no quieren negociar un nuevo acuerdo de paz con el terrorismo. La historia se repite y el terrorismo sigue.

Autor: Andreas Althoff Ospina, Pregrado en Historia y Geografía de la Universidad de Bonn, Alemania y Magister en Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda.