21 de septiembre de 2019
Aguas de Manizales. Banner septiembre de 2019.

La campaña libertadora y Boyacá

12 de agosto de 2019
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
12 de agosto de 2019

Esta dura guerra se inició el 23 de mayo de 1819 cuando Simón Bolívar se reunió con los jefes militares en la aldea de los Setenta y expuso la estrategia para atravesar los llanos de Casanare, la Cordillera de los Andes, pasar por el territorio de la provincia de Tunja y llegar por sorpresa a Santafé. Este ejército partió de Mantecal, Estado de Apure, en Venezuela, con unos 1.300 soldados de infantería y 800 de caballería, al mando del general Simón Bolívar; la vanguardia patriota estaba comandada por el general Francisco de Paula Santander y la retaguardia por el general José Antonio Anzoátegui; el general Carlos Soublette era el jefe del Estado Mayor. En cuanto a la tropa estaba conformada por venezolanos y soldados granadinos (criollos, mestizos, mulatos, zambos, afrodescendientes e indios) más algunos destacamentos extranjeros como la Legión Británica.

La estrategia era demasiado audaz, porque los españoles no esperaban que un ejército de patriotas, o de insurgentes, se atreviera a cruzar la cordillera para enfrentar a los soldados del coronel José María Barreiro. La ruta era la siguiente: Mantecal, en la región de Barinas; Guasdualito, en Apure; Tame, en Arauca; Pore en Casanare, Páramo de Pisba, Socha, Gámeza, Paipa, Tunja y Santafé. Las batallas más importantes fueron Gámeza, Pantano de Vargas y Boyacá. Todo fue posible gracias al apoyo de los pueblos, especialmente de los campesinos boyacenses que aportaron alimentos, pantalones, camisas, sombreros, ponchos, ruanas y nuevos soldados; además formaron guerrillas para ayudar en el paso de los Andes e impidieron que la tropa realista se uniera al ejército que estaba en Santafé. Pero la campaña de la reconquista también fue difícil para el ejército español, porque después de cuatro años sin alcanzar la victoria la moral de la tropa estaba en el piso; por eso Pablo Morillo la llamó “Guerra sin esperanza”, porque había muchos frentes de batalla y se libraba en todos los terrenos.

El Pantano de Vargas

Los patriotas salieron de Socha con los soldados más recuperados, tuvieron algunas escaramuzas con los españoles, en Gámeza, en Tópaga y en Bonza, pero el coronel Barreiro procuró no enfrentar ninguna batalla. Bolívar consideró que no era prudente atacar al adversario en sus inexpugnables posiciones para no exponer a su tropa y resolvió realizar un movimiento por el flanco para sobrepasar al ejército realista y cortarle la comunicación con Santafé. El 25 de julio a las cinco de la mañana Bolívar movió un destacamento para provocar a Barreiro, el objetivo era cruzar en balsas el río Sogamoso o Chicamocha para sorprender al enemigo y situarse en la retaguardia, pero las balsas de palos y bejucos se hundían porque la madera estaba verde; como consecuencia esta operación resultó muy lenta y las patrullas descubrieron las maniobras de los patriotas.

Esta acción se estaba desarrollando en el Pantano de Vargas, una ciénaga a una legua de Paipa; en este lugar el ejército de Bolívar estaba mal ubicado, además Barreiro contaba con 3.000 soldados y Bolívar con 2.500. Los realistas se situaron estratégicamente en el cerro del Picacho desde donde controlaban la quebrada Varguitas y el sendero que conducía al pueblo de Tibasosa; inmediatamente empezaron la batalla tratando de encerrar a los patriotas; después de varios ataques y contraataques los republicanos  perdieron el terreno ganado en cuatro horas de intensa lucha y el abanderado realista clavó su bandera en el pico más alto y ante el inminente triunfo gritó Barreiro: “Viva España, ni Dios me quita la victoria”. En este angustioso momento Bolívar miró a Juan José Rondón, el temible lancero venezolano, y le dijo: “Coronel, salve usted la Patria”. Rondón, acompañado de 14 lanceros atacó la infantería enemiga, mientras que la Legión Británica y las demás tropas desataron un ataque general y llegó la victoria. Al mismo tiempo arreció la lluvia, cayó la noche y Barreiro ordenó la retirada; murieron 500 españoles y 140 patriotas. Bolívar siguió con su ejército a Tunja y llegaron el 5 de agosto; mientras tanto Barreiro marchó hacia Motavita. Ambos ejércitos necesitaban reorganizarse y descansar; al día siguiente los patriotas se ubicaron en los Corrales de Bonza y los realistas en los Molinos de Bonza y Paipa.

El 7 de agosto

Este día Barreiro partió con su tropa rumbo a Santafé para engrosar el ejército de Juan Sámano; a las 2:30 de la tarde llegó al puente de Boyacá en la quebrada Teatinos y hasta este sitio se precipitó el general Santander con sus soldados para cerrarle el paso,  el general Anzoátegui atacó por el centro y luego los batallones Rifles, Bravos de Páez, la Legión Británica, los lanceros de Rondón y las milicias de Tunja y de El Socorro, hicieron una ofensiva general; los ataques desorganizaron las fuerzas españolas que se rindieron con facilidad. La batalla terminó a las cuatro de la tarde; murieron 100 realistas y quedaron prisioneros 38 oficiales y 1.600 soldados; Barreiro se escondió en unos matorrales, pero fue descubierto por el joven soldado Pedro Pascacio Martínez, de 12 años, quien lo llevó prisionero.

Cuando esta noticia llegó a Santafé inmediatamente abandonaron la capital el Virrey Juan Sámano, la Real Audiencia, los Oficiales Reales y demás autoridades; todos los amantes y fieles del rey emigraron a distintos puntos para alejarse de las tropas del “Zambo Bolívar” como lo llamaban. De este modo culminó la Campaña Libertadora de 1819, que se prolongó 77 días. El 10 de agosto entró Bolívar a Santafé en medio del entusiasmo de sus habitantes; las personalidades de la capital conmemoraron este acontecimiento con una gran fiesta realizada el 18 de septiembre.

Consecuencias de la Campaña Libertadora

este proceso que comenzó en los Llanos y terminó en Boyacá se convirtió en la fuerza arrolladora que condujo a los triunfos de las batallas de Carabobo en Venezuela, Pichincha en Ecuador, Junín y Ayacucho en Perú y Alto Perú o Bolivia. Pero las guerras de independencia destruyeron buena parte de la economía de las regiones. Además, la deuda externa fue inmensa; se consiguieron préstamos para contratar la Legión Británica que aportó armas, pertrechos y técnicas de guerra, para convertir a las fuerzas patriotas en un ejército moderno. Pero esta deuda, asociada al financiamiento de las milicias, se convirtió en una obligación impagable; se repartió entre los tres países que conformaban la llamada Gran Colombia, pero la Nueva Granada debió asumir la mitad, que representaba 20 veces las rentas netas de la república en formación; como el país estaba en crisis económica tuvo que suspender los pagos y renegociar la deuda a lo largo del siglo XIX. Solo se saneó con el convenio Holguín-Avebury de 1905.

A pesar de la independencia, continuó el pasado colonial hasta mediados del siglo XIX, cuando algunos sectores de la clase dirigente promovieron importantes cambios económicos y sociales que se conocen como la revolución de medio siglo.