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¡Cuando el honor militar se mancilla!

Abogado, analista y columnista de opinión en El Espectador, Revista Semana y Eje 21.
1 de agosto de 2019
Por Uriel Ortíz Soto
Por Uriel Ortíz Soto
Abogado, analista y columnista de opinión en El Espectador, Revista Semana y Eje 21.
1 de agosto de 2019

Comunidad y Desarrollo

No existe peor desmoralización para un estamento militar, que ver a su comandante acusado de actos de corrupción. Comandante que se encuentre cobijado por estos hechos, debe ser separado del cargo, mientras aclara su situación, no hacerlo es poner la línea de mando en desprestigio y las órdenes que se imparten no son cumplidas con rigurosidad.

Pero también con estos casos, empieza a cundir la indisciplina y el mal ejemplo, con hechos que día a día deterioran más el prestigio de nuestras fuerzas militares, prueba de ello, en la semana que termina, se han registrado nuevos episodios de corrupción en la cuarta brigada de Medellín, donde se encuentran involucrados desde soldados, suboficiales, hasta oficiales de alta graduación.

Desde luego, hay que advertir, que por el hecho que algunos mandos superiores, estén seriamente cuestionados, no podemos referirnos a las fuerzas armadas en general, que, para la mayoría de los colombianos, continúa siendo la máxima expresión de seguridad democrática, en defensa y honra de los ciudadanos de bien.

Es indudable que cuando ocurren señalamientos en los mandos superiores, la línea de mando se ve resquebrajada y se pierde la claridad entre lo que se ordena y lo que se cumple, puesto que la desconfianza frente a su superior mancillado, no es prenda de garantía para el cumplimiento del deber.

En estos últimos días cuando se sostiene un debate público por los hechos mencionados, buena parte la opinión nacional, se manifiesta preocupada y es el caldo de cultivo, para que, grupos armados al margen de la ley, aprovechen pescar en río revuelto.

El honor militar es el máximo galardón y tesoro, que debe acompañar a todo militar – comandante de armas-, que por menor o mayor grado que sea su rango, debe portarlo con orgullo y autoridad moral frente a su tropa.

No existe mayor descrédito para una tropa, que ver a su comandante cuestionado por actos de corrupción en el ejercicio de su cargo; cuando un caso de estos sucede, cunde la desmoralización y de ahí la indisciplina y el caos en general.

Con respeto a los falsos positivos, muchas veces propiciados por mandos superiores, hay que decir que son muchos los soldados y suboficiales, que actualmente se encuentran respondiendo ante la justicia, porque simple y llanamente, actuaron sobre estos macabros hechos sin pleno conocimiento de causa, pero en cumplimiento de una orden superior.

Es apenas lógico, que todos los casos producto de un falso positivo propiciado por un mando superior, donde se encuentran militares de menor grado comprometidos, deberían ser revisados a la luz los nuevos acontecimientos que se están presentando.

Son varios los soldados profesionales, regulares o suboficiales, que recibieron una orden superior para adelantar un operativo militar, pero que al final de cuentas, resultó un falso positivo planeado desde los altos mandos.

Todo lo anterior, teniendo en cuenta el principio: “las órdenes militares se cumplen, nunca se discuten; es decir, que los subalternos las deben obedecer bajo la responsabilidad del mando superior”

 

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