27 de febrero de 2021
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Coherencia ideológica y disciplina interna

7 de agosto de 2019
Por Víctor Julián Ramírez Betancur
Por Víctor Julián Ramírez Betancur
7 de agosto de 2019

Garapullo

El origen de los partidos políticos se remonta a los procesos revolucionarios liberales del último cuarto del siglo XVIII. El derecho a la participación política fue una gran conquista de la soberanía nacional, a través de la cual se crearon los parlamentos, hecho que generó la necesidad de representación política de las distintas posturas ideológicas que aspiraban a estar representadas en torno a organizaciones políticas con objetivos comunes; esa fue la semilla para la creación de los partidos políticos.

A partir de 1832 con la “Reform Act” en Gran Bretaña, se creó el sufragio en dicho país y a partir de ahí, se fueron creando los diferentes sistemas políticos y, con ellos, los partidos políticos cuyas características principales eran la coherencia ideológica y la disciplina interna.

Posteriormente, los sistemas políticos liberales, se transformaron en democráticos a finales del siglo XIX, con la conquista del sufragio universal, cambiando radicalmente la estructura de los partidos, pues el derecho a participar se extendió a todas las clases sociales y los partidos quisieron acceder a las cuotas del poder.

En esa época de la Revolución Industrial, surgen los partidos socialistas, con el fin de dar representación y vincular a la clase obrera a la vida política y social; a partir de ahí, surge la lucha por el poder entre la burguesía y la clase obrera.

En Colombia, hacia la mitad del siglo XIX, comenzaron a estructurarse los partidos políticos tradicionales. En el año 1848, surge primero el Partido Liberal de la mano de José Ezequiel Rojas y, al año siguiente, en 1849, surge el Partido Conservador de Caro y Ospina Rodríguez (José Eusebio y Mariano).

La sociedad colombiana del siglo XIX, se dividía en dos grupos; de un lado, quienes propendían por mantener el –statu quo-, es decir, quienes querían conservar (conservadores) las condiciones de la Colonia Española, entre los que se estaban los esclavistas, burócratas, terratenientes, el clero y los militares de alto rango; y de otro lado, quienes apoyaban la idea de transformar (transformadores) esas condiciones, con miras a la formación de la República, entre los que se destacaban los comerciantes, los esclavos, los artesanos y los indígenas. Por lo tanto, los postulados ideológicos de los partidos Liberal y Conservador son herencia de esas pugnas sociales que venían desde las épocas de lucha del Libertador Simón Bolívar y de Francisco de Paula Santander con los españoles.

De ahí en adelante, surgieron en Colombia diferentes matices ideológicos de los partidos tradicionales que fueron desvirtuando totalmente sus ideologías, hasta llegar a los que vemos hoy.

Hoy en Colombia, amén de los partidos tradicionales, que han ido perdiendo su ideología, lo que vemos son unas “colchas de retazos” que no son ni el pálido reflejo de lo que soñaron Ezequiel Rojas y Caro y Ospina. Vemos pseudo-partidos sin ideología, sin disciplina y sin coherencia ideológica.

Por eso, es normal ver que el Partido Liberal enlista, para cargos de elección popular, a personas con posiciones ideológicas contrarias a su evangelio político, o vemos partidos que avalan o apoyan candidatos que defienden ideas contrarias, pues solo les importan los votos, la permanencia en el espectro político y el poder así sea compartido, pero sin ninguna ideología política, sin coherencia y sin organización interna.

Hoy, los partidos políticos no tienen mística política, es decir, ya no profesan su ideología, ni tienen en cuenta la plataforma ideológica que les dio vida; hoy las organizaciones políticas son incoherentes e indisciplinadas en su organización interna, y esa falta de coherencia ideológica y de disciplina interna, ha creado en el electorado indiferencia, apatía y falta de credibilidad al momento de ejercer el sagrado derecho de elegir, amén de la falta de liderazgo al interior de los mismos.

Por eso es común ver políticos tradicionales conformando grupos significativos de ciudadanos para recoger firmas con el fin de inscribir candidaturas a cargos de elección popular. La política, entendida como el arte del gobierno de los Estado para propender por el buen común, no es mala -per se, solo que quienes la ejercen, no buscan el bien común, sino el bien personal.

Se ha pasado de un ejercicio político, en todo en el sentido de la palabra, a un proselitismo politiquero que no es coherente con el fin y la esencia de la política; hoy los politiqueros entienden la política como “el arte de colaborar en los propósitos del Dios, pero con la ayuda del diablo”.

Mientras los partidos políticos no sean coherentes con sus plataformas ideológicas, y apliquen la disciplina interna, seguirán siendo la cenicienta de la democracia y los idiotas útiles de los politiqueros de turno, que los utilizan para la satisfacción de sus intereses personales. Hoy,  por ejemplo, da grima ver en Caldas al Partido Verde en coalición con el Partido de la U para elegir gobernador de Caldas y alcalde de Manizales, en esos partidos no hay ni coherencia ideológica, ni disciplina interna. ¡Qué lástima!

 

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