8 de marzo de 2021
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¡FARISEISMO!

28 de julio de 2019
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
28 de julio de 2019

Se acaba de instalar el nuevo período de sesiones del Congreso de la república y hay que anotar que, a quién más palo de dieron en este año en ese recinto, fue al presidente Duque. Los unos porque sí, los otros porque no, tal y como es usual entre los colombianos. De destacar, de esa reunión, la intervención del Presidente de la República y los aplausos que arrebató a los congresistas allí reunidos, con lo que mostró estar conectado con el querer de las gentes que dicen representar los allí presentes. Algunos aplaudieron más que otros, pero de admirar los aplausos salidos de aquellos que se denominan oposición, a quienes también les toco sus fibras. Ah! Y para resaltar, el que al final del primer año de sesiones la mermelada no se usó y parece, sólo parece, los congresistas han empezado a entender que la relación entre Ejecutivo y Legislativo no puede estar ligada siempre al “te doy para que me des” que se aplicó de manera exagerada por el anterior gobierno. Esto, sin desconocer que, quien conmigo gobierna, “conmigo gobierna”, como apenas es obvio.

De otra parte, los colombianos aupados por el periodismo menudo, se han mostrado sorprendidos por lo que al Presidente saliente del Congreso se le escapó por los micrófonos, micrófonos que no se sabe si estaban abiertos exprofeso, como pudo haber sucedido, y que permitió que todos oyeran que este haría una jugadita para que la oposición hiciera su Réplica una vez el Presidente saliera del recinto.  Y digo que posiblemente los micrófonos podían estar abiertos exprofeso, porque las jugaditas en esas cámaras son de parte y parte. Allí los empleados del mismo Congreso son proclives a hacer ese tipo de acciones en procura de ganarse el favor de quien llega a una posición, sin que les tiemble el pulso para hacer quedar mal a quien hasta hoy les ayudó y ahora sale.

Y en asuntos de jugaditas, allí todos, todos, como reflejo de lo que somos como sociedad, están prestos a hacer sus propias jugaditas. De esa manera, el quorum se establece al momento del llamado a lista. Pasados unos minutos, muchos abandonan sus curules y se aprueban proposiciones y hasta leyes sin que el quorum requerido este presente. Así pasan asuntos potencialmente sin mucha importancia, pero amparados en este tipo de jugaditas. Claro, llegado el momento en el que algo de importancia para alguno de los presentes va a hacer tránsito sin el quorum requerido, ese, sí, ese, uno de los que hasta ese momento permitió que se aprobaran otras cositas sin el quorum requerido, salta y solicita se verifique el quorum, y como no están presentes los miembros de la respectiva cámara o comisión requeridos, pues se levanta la sesión y el defensor del punto en cuestión ”triunfa” con su simple jugadita. ¿Acaso no lo vimos en la última sesión de Cámara en junio pasado, cuando el Presidente de la misma no incluyó en el orden del día el trámite de una ley, razón por la que no hizo tránsito?  Bueno, pues esa jugadita de este epónimo ciudadano, le valió el posterior homenaje de su partido en uno de los restaurantes de la capital, por el éxito de su jugadita. La ley que no se aprobó fue una de las llamadas anticorrupción.

Y si usted, amigo lector observa el día a día de nosotros, verá que está signado por jugaditas de mayor o menor calibre. Jugaditas mediante las cuales nos disculpamos por nuestras faltas a algún compromiso. Esto va desde el “diga que no estoy” para no atender una llamada telefónica, hasta la llamada mentirilla piadosa a la que nos acogemos para excusarnos por algo  a lo que estamos obligados, grande o pequeño el compromiso, pero es una jugadita que hacemos.

Claro, en el usual fariseísmo que nos acompaña, estamos listos a cuestionar la jugadita que alguien hace o que nos hace; jugadita que criticamos con vehemencia cuando somos nosotros quienes la padecemos.

Manizales, julio 28 de 2.019.

P.D. Al final de cuentas, nos escapamos de escuchar a renglón seguido la intervención del Senador Robledo, la cual es la misma de siempre, y siempre ausente de una propuesta, de una solución. Sí, porque las soluciones no forman parte del ideario del Moir o del Polo.