27 de febrero de 2021
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El Estado de opinión y el Estado de Trifulca

12 de julio de 2019
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
12 de julio de 2019

En los últimos días los comentaristas de la política en el país, andan con los pelos de punta a raíz de las palabras pronunciadas por el expresidente Uribe, cuando habló del “Estado de Opinión”, expresión que ha sido interpretada como que la manifestación de la opinión pública puede cambiar de una forma u otra la ley o las sentencias judiciales, cuando no que sea una forma de manejar al Ejecutivo, directa o indirectamente, por lo que la tal opinión diga o determine en un caso específico.

Desde luego que si la tal opinión ha de dictaminar lo que debe hacerse o decirse en una país, esa opinión es como para esconderse y el tal “Estado de Opinión” en nada se diferencia de lo que en algunos estados totalitarios se da, dado que en esos regímenes quienes “miden” la tal “Opinión” son quienes, al fin de cuentas, los que dicen que hacer o no hacer y a quién darle o quitarle lo que se les antoja.

Bueno, pensando correctamente lo que el “Estado de Opinión” debe hacer, o generar, es en cierta medida lo que deben atender las diferentes ramas del Poder, no para decidir al arbitrio de la opinión, más sí para atender a esa opinión en la solución de los afanes de la misma, pero dentro del marco de las leyes. De actuar de tal manera, por ejemplo, lo sucedido en días pasados en el Congreso al no dársele trámite a las leyes anticorrupción, pues fue una falta al no atender los afanes de la comunidad, que en esencia es la generadora del “Estado de Opinión”. Igualmente, la comunidad se ha mostrado especialmente preocupada con el caso Santrich, en cuyo caso la Corte Suprema debió actuar más ágilmente en lo a ella encomendado. De manera similar, el Consejo de Estado ha estado lento, por decir lo menos, en el estudio y determinación sobre la apelación sobre la curul de Mockus, esto, sin mencionar que la primera determinación no estuvo más alejada de lo dispuesto por la ley en materia electoral. Bueno, pero aceptemos que se equivocaron y que ahora la apelación lleva a estudiar detenidamente el asunto, desde luego que su fallo no se dé al cabo de las mil y quinientas, valga decir, al final de los 4 años del período legislativo.

Y el “Estado de Opinión” bien entendido, también es importante para jalarle las orejas al Ejecutivo en lo relacionado con su actuar, tal y como lo estamos viendo en lo tocante con las determinaciones tomadas en el Ejército, así como la atención a las zonas que en otro tiempo fueron de dominio de las FARC y la titulación o regulación de la posesión de tierras en todo el país. Mil cosas funcionarían mejor si el “Estado de Opinión” se entiende bien y se atiende con la debida diligencia.

Pero, en tanto el “Estado de Opinión” molesta a algunos, el silencio que se “oye” sobre el “Estado de Trifulca” es “ensordecedor”, por decir lo menos. Véase si no, cuando algunos de los líderes de la llamada oposición establecen que los mecanismos de operación suyos se fundamentan en salir a las calles para todo lo que se antoja, con lo que sólo buscan desestabilizar al gobierno, tal y como de esa manera lo manifiestan. Dirá uno que tal actitud es, sin más y sin menos, una expresión tan dañina como el “Estado de Opinión” en la concepción inicial dada por algunos a lo expresado por Uribe e igual de dañino y perjudicial.

Y si el “Estado de Opinión” es de temer, el “Estado de Trifulca” no lo es menos. Y si bien el escándalo que busca moderar y bienentender la expresión de Uribe, es menester actuar, criticar y hasta condenar el “Estado de Trifulca” que para algunos es el derecho a la protesta llevado al extremo.

Bueno, yo espero que haya muchos colombianos que me acompañen a poner las cosas en su lugar, antes de que un extremista cualquiera resuelva imponernos una u otra forma de estas para orientar al país y nos condene al silencio, silencio al estilo de los que por estos lares ya se ve, se oye y se siente.

Manizales, julio 12 de 2.019.