8 de marzo de 2021
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Regeneración

Por Hernando Arango Monedero
16 de junio de 2019
Por Hernando Arango Monedero
16 de junio de 2019
Sólo han pasado un poco más de 130 años en la vida de la nación, y vale la pena que hoy hagamos un alto para que, al igual que hizo Rafael Núñez en 1.886, digamos “Regeneración o Catástrofe”. Y no faltará quién salte y diga que no es adecuada esta expresión, porque considera que estamos al orden del día en lo tocante a actualidad económica, social y progreso, y como nación.

Sí; y aun solicitando la venia a quien así se manifiesta, me atrevo a convidar a los colombianos a hacer un alto y a repensarnos como país. A repensarnos como sociedad. A repensarnos ante nuestros anhelos. A repensarnos frente a lo que vivimos cada día y ante lo que nos sorprende, y ante quienes hoy se encuentran en los cargos de mayor preminencia en el país, y la respuesta que dan estos a los retos de cada día y a su comportamiento ante las responsabilidades que a su cargo se encuentran.

En los días que vivimos, y con todas las respuestas que nos han dado los representantes de los diferentes poderes, ya se escuchen propuestas de toda índole para solucionar definitivamente los diferentes males que tenemos que enfrentar. Y, como es natural en nuestro medio, salimos que con una ley, o muchas leyes y hasta con un verdadero revolcón. Todo está a la orden del día. Los unos que una constituyente. Los otros que un referéndum. Los de más allá, que una reforma a la Justicia. Otros, que es el presidente.  Para algunos que una simple aclaración al Estatuto de la JEP dará solución a las diferencias y a la radicalización de las distintas fuerzas políticas y de opinión. No falta quien que proponga que cambiando a los magistrados de las cortes, todo funcionará mejor. Y, ni para qué repetirlo, que el mal está en el Congreso y la calidad de quienes lo integran.

Bueno, por las razones expuestas, y por las muchas más que se me escapan, es por lo que hacer un alto y entre todos reflexionar acerca de lo que debemos hacer y cómo proceder de conformidad.  Ante todo, lo que si debemos hacer, es aceptar que las diferentes fórmulas que se proponen, en la medida que no nazcan y se reafirmen con un verdadero consenso, para nada servirán. Por ello, debemos buscar las ideas que nos unen, no las que nos distancian. Desde luego, también hay que entender que quienes nos representan en los diversos poderes, son sólo una muestra de lo que somos como nación. De esta manera, pretender un congreso en el que no haya “pecadores”, es sólo una vana ilusión, y deberá bastarnos con mirarnos en un espejo o mirar a nuestro derredor, para entender qué somos y a qué podemos aspirar.  De igual manera, los jueces son hombres, hombres en sentido genérico, y como tales, imperfectos y con las mismas falencias que nos son dadas en tal condición. Ah! Y cuando miramos al presidente, hay que entender que ese ciudadano fue llevado a ese sitial por una mayoría de quienes integramos la sociedad. Entender que, además, ese ser humano busca acertar. Y a ese acierto, que será en beneficio de todos, es por lo que estamos obligados a contribuir sin falta con nuestro aporte.

Si tenemos entendido que esta es nuestra tierra, nuestro país, en lo tengo la certeza todos estamos de acuerdo, habremos tenido el primer punto de acuerdo, el fundamental para iniciar el consenso. De este primer gran acuerdo tiene que nacer el segundo y el tercer acuerdo y la sucesión de acuerdos que nos lleven a tener una patria para todos. Patria en a que la expresión “minorías” no exista, porque la misma expresión estará sectorizándonos y marcando diferencias.

Así es que, quienes hoy se llaman defensores de la paz, no son ellos solos, porque los otros tampoco quieren la guerra. No, en eso todos estamos del mismo lado. De tal manera que los insultos porque yo si la defiendo y el otro no, son sólo manifestaciones que llevan a un antagonismo que no tiene razón de existir. Esto, como ejemplo de que, aún en lo elemental, estamos construyendo una radicalización que no tiene razón de ser. De allí que valga el llamado a detenernos y repensar el país, como única vía para que hagamos la “Regeneración” que concitó Nuñez como fórmula para detener las enemil guerras desatadas en la  segunda mitad del siglo XIX.

Hoy, al igual que ayer, tenemos que detener las enemil rencillas del sigo XXI. ¡Ese es nuestro deber!

Manizales, junio 16 de 2.019