8 de marzo de 2021
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La última «Semana» de Coronell

3 de junio de 2019
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
3 de junio de 2019

Considero que el periodista Daniell Coronell sospechaba que lo sacarían de la revista Semana, a juzgar por el siguiente texto de su último artículo: “Me cuesta mucho trabajo escribir esta columna. He pasado días y noches enfrentando el dilema de si hacerlo o no. Por un lado, tengo enorme gratitud con la revista Semana, que durante 14 años ha publicado mis investigaciones y opiniones […] Sin embargo, como periodista siento la obligación de preguntar públicamente -no en privado, ni en una llamada telefónica- ¿Por qué Semana no publicó las directrices del comandante del Ejército de Colombia que ordenó a sus subalternos duplicar las bajas y capturas, si esas evidencias eran conocidas por la revista desde febrero? ¿Por qué Colombia y el mundo solo supieron por The New York Times que las órdenes incluían la instrucción de no ‘exigir perfección’ en el momento de efectuar operaciones militares?”

La conclusión es que la historia fue engavetada para ayudarle al Gobierno y, como consecuencia, a Coronell lo sacaron de Semana. Sobre el tema escribió: “Felipe López, fundador de @RevistaSemana, me acaba de comunicar la decisión de la empresa de cancelar mi columna. Le agradezco a él, a @asantosrubino y especialmente a los lectores por estos años”. Así le pasaron la cuenta por la última columna.

¿Por qué Semana no publicó el artículo? Según Alejandro Santos porque los periodistas de The New York Times se adelantaron; pero de acuerdo con Las2Orillas, se debió al lobby que el Gobierno ejerció, por medio de Jorge Mario Eastman, ante el director de la revista. De este modo Semana comprometió su credibilidad e independencia.

Las reacciones

Censurar a un periodista tan reconocido generó una cascada de mensajes de solidaridad. El director ejecutivo de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), Pedro Vaca, aseguró que “a menos que Semana ofrezca una razón distinta y convincente, la decisión así anunciada por Coronell, sí siembra un clima muy adverso de autocensura a quienes trabajan o colaboran con Semana”. Sobre este asunto escribió en Twitter José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch “Toda mi solidaridad con Coronell que, una vez más, ha dado una valiente lección sobre cómo se hace periodismo independiente. Esta vez no pudo decir lo mismo de Semana”.

Y la opinión pública se hace las siguientes preguntas ¿Quién pidió la cabeza de Coronell? ¿Cuál es la esencia de la era Gilinski? ¿Cuál es el peso del periodismo de opinión?

Parece que la actual orientación de Semana busca acomodarse a los nuevos tiempos, de acuerdo con los intereses económicos. Y en este contexto la preocupación de los lectores tiene que ver con la llegada de Vicky Dávila y sobre el futuro de personajes tan apreciados como María Jimena Duzán, Antonio Caballero, Daniel Samper Ospina y Vladdo. En esta dirección al periodista Santiago Gamboa le preocupa que otros medios traten de acomodarse: “Pienso en El Tiempo y en Matador, cuya cabeza cortada debe hacer salivar al Gobierno y a la plana mayor del Centro Democrático. La situación de El Espectador parece algo más estable y no me extrañaría que quedara como el último bastión del periodismo anterior a Duque. Debemos recordar, eso sí, que la purga o ‘limpieza ideológica’ ya empezó el año pasado con el episodio de Santiago Rivas y Los Puros Criollos en la televisión estatal” (El Espectador, 1 de junio, 2019).

Por ahora Semana está recibiendo un duro golpe, porque el artículo que la revista engavetó durante tres meses hizo que los oficiales del Ejército acudieran a un escenario mayor, The New York Times, y por lo tanto la noticia cayó como una bomba.

Hoy el periodismo es irrespetado y amenazado; hay una tendencia a polarizar los medios para contribuir a dividir más el país y Semana es un buen ejemplo. La revista se está alineando con el Gobierno de Duque y olvida que el periodismo no se puede ejercer como en los viejos tiempos.