20 de julio de 2019
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Gurropín y el movimiento estudiantil

17 de junio de 2019
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
17 de junio de 2019

Gustavo Rojas Pinilla llegó a la presidencia por el vacío de poder que se presentó en 1953; como resultado de la aguda violencia política los partidos estaban colapsados: los conservadores divididos entre laureanistas, ospinistas y alzatistas (de Gilberto Alzate Avendaño); y los liberales con sus jefes desterrados y vacilando entre la legalidad o el apoyo al campesinado liberal, levantado en armas. En este ambiente diferentes sectores políticos soñaban con un golpe militar; Ospina Pérez lo promovía porque un golpe crearía el clima para su nueva llegada al poder. Gilberto Alzate tenía las mismas intenciones, y los jefes liberales, con su partido mayoritario, esperaban que una intervención militar sería transitoria y contaban con que al retornar la paz institucional volverían al poder.

El Ejército venía en un estado avanzado de politización y estaba unificado alrededor del general Gustavo Rojas Pinilla, porque su imagen crecía en medio del desgobierno y del autoritarismo del presidente Laureano Gómez, quien trató de deshacerse del prestigioso militar, pero el ambiente y las condiciones crearon el clima adecuado para el golpe. Laureano citó a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), pero con excepción de un pequeño grupo, llamado por la opinión “El Batallón Suicida”, los demás se voltearon para apoyar a Rojas. El golpe se efectuó el 13 de junio de 1953. La ANC estableció que había quedado vacante la presidencia y legalizó el título presidencial de Rojas Pinilla, hasta agosto de 1954. El acto legislativo no tenía ninguna base jurídica pero el cambio de gobierno significó un alivio para los liberales, después de siete años de persecución desde el mismo Gobierno. El hecho político se aceptó sin darle el nombre de “golpe de cuartel” sino “golpe de opinión”. La gente veía a Rojas como el salvador de la patria, porque ante la desesperación era mejor el remedio militar que la enfermedad civil.

Auge del movimiento estudiantil

El 8 de junio de 1954 los estudiantes de la Universidad Nacional de Bogotá, con el ánimo de pronunciarse contra el régimen militar de Rojas Pinilla, realizaron una manifestación para recordar el asesinato del estudiante Gonzalo Bravo Pérez, sacrificado el 7 de junio de 1929. El desfile salió de la ciudad universitaria hacia la sede del poder ejecutivo y regresaron en paz, pero una bala de fusil disparada por la Fuerza Pública cegó la vida del estudiante de medicina Uriel Gutiérrez Restrepo, de la ciudad de Chinchiná. Al día siguiente los estudiantes organizaron una manifestación silenciosa, que recorrió la misma ruta; se orientaron por la calle 26 hacia San Diego, Parque de la Independencia y Palacio de la Carrera. Cuando estaban regresando recibieron la orden oficial de disolver la manifestación; en este momento intervino con una arenga el estudiante Luis Carlos Trujillo, pero se oyeron disparos y quedaron sobre el pavimento 11 cadáveres y cerca de 50 heridos.

Resulta que el  ejército estaba estrenando la carabina punto 30, muy famosa porque la había utilizado el Batallón Colombia, que en 1951 había participado en la guerra de Corea, y seguramente por inexperiencia algún suboficial dio la orden de disparar contra los manifestantes. Como consecuencia surgió un verdadero movimiento estudiantil que estuvo presente durante todo el período de dictadura militar.

¿Qué pasaba en Manizales?

Los estudiantes universitarios de la ciudad quedaron pasmados con la noticia de la muerte de Uriel Gutiérrez, a quien conocieron como alumno del Instituto Universitario. En respuesta se organizó una gigantesca manifestación que recorrió las principales calles de la ciudad, pero fuertemente custodiada por el ejército y la policía. Los hechos de Bogotá fueron reseñados en el periódico Micrótomo de la Facultad de Medicina. Un explosivo editorial, fustigaba el régimen militar: “El silencio de los políticos, su mudez cobarde, es el abono canalla que tiene ahora la dictadura para cosechar cráneos de estudiantes; pero sobre las botas salpicadas con la sangre inocente de Uriel Gutiérrez y sus trece compañeros caídos florecerán un día los lirios del respeto por sus generosas vidas juveniles” (Citado por Alberto Gómez Aristizábal, Revista Píldora, Manizales, abril 1993). Pero la censura de prensa llegó con rapidez y por orden del capitán Mario Laserna, jefe del Servicio de Inteligencia Colombiano, se incautó la edición del periódico.

El director de Micrótomo, Miguel Arango, pidió ayuda a su profesor de Farmacología, doctor Tulio Bayer, pues algunos médicos financiaban la edición del periódico. El doctor Bayer recuerda este episodio: “Es claro, le dije, no te van a dejar pasar un artículo en el que dices que el General Rojas Pinilla, nuestro Presidente, es un asesino. Pero nosotros los médicos tenemos un arma secreta: el vocabulario médico. Te escribiré el editorial. Escribí entonces Hematopoyesis y síndrome de Banti. La sangre, histológicamente concebida, es un tejido en el que ruborizados  eritrocitos esperan la orgía del oxígeno y una legión de glóbulos blancos aguardan el momento de ganar la batalla de la infección, comenzaba el artículo. Y describí luego la matanza de los inocentes estudiantes a manos de los soldados del régimen en términos de función marcial del bazo” (Tulio Bayer.  Carta abierta a un analfabeto político. Ediciones Hombre Nuevo, Medellín, 1977).

El artículo tuvo amplia circulación pues fue reproducido en Bogotá, en Intermedio y en Diario Gráfico. Pero Tulio Bayer remata esta historia anotando que “un colega nuestro, de conformidad con el juramento de Hipócrates, no solamente delató al autor del artículo, sino que lo tradujo al iracundo Coronel Sierra Ochoa”.

Cuando la censura implementada por el Servicio de Inteligencia Colombiano complicó la situación del periódico Micrótomo, los autores crearon otro medio de información, El Dedo, de carácter humorístico, que circuló durante todo el régimen militar. Después del 10 de mayo de 1957 volvió a circular Micrótomo, periódico que había rescatado las luchas estudiantiles.

De este modo las jornadas del 8 y 9 de junio, de 1954, en Bogotá, dejaron profunda huella en los estudiantes de Manizales y del departamento a raíz del asesinato de Uriel Gutiérrez Restrepo.