17 de mayo de 2022
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El parlamento europeo y la lucha entre los nacionalistas y los partidos tradicionales

10 de junio de 2019
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
10 de junio de 2019

Finalizadas las pasadas elecciones quedó claro que el enfrentamiento político entre los movimientos de izquierda y de derecha es desplazado por la lucha entre los partidos nacionalistas populistas y sus opositores; o entre los que quieren regresar al pasado y los que defienden la Unión Europea (UE). Pero el saldo es favorable para los últimos, porque avanzaron las fuerzas europeistas, liberales y ecologistas, lo que permite aislar a la ultraderecha en la Eurocámara. Se cree que el crecimiento de los progresistas se debe en buena parte a los jóvenes, porque están apoyando el proyecto continental. Pero veamos algunos resultados: a los nacional-populistas y ultras les fue mal en Alemania, Holanda, Finlandia, Austria, Grecia y Eslovaquia; en Alemania avanzaron los ecologistas; en Francia la ultra Le Pen superó a los liberales de Macron; en el Reino Unido se disparó el nacionalista Brexit Party y en Italia los ultras, de la Lega de Salvini; pero en España triunfaron los socialistas de Pedro Sánchez.

La idea de crear la UE data de marzo de 1957, cuando varias naciones buscaban olvidar los odios que generaron dos guerras mundiales, superar la ruina de pueblos y ciudades, calmar el hambre y acabar con el desempleo; además necesitaban protegerse del bloque de países socialistas. En pocos años avanzaron hacia la solidaridad económica y construyeron fuertes lazos de amistad; en 1999 nació el euro como moneda única y Europa aparecía como la economía más fuerte y competitiva del mundo.

El desencanto

Pero en diciembre de 2007 Estados Unidos entró en recesión económica y contagió a todos los países, porque la globalización produjo la interconexión de los mercados; la crisis de la primera potencia arrastró a Europa y aparecieron los problemas que habían permanecido ocultos. La catástrofe económica golpeó a toda la población que se había acostumbrado al sistema paternalista del capitalismo de Estado: empleo, buenos salarios, atractivas vacaciones, adecuado sistema de salud y jubilación. El mundo empezó a ver a una Europa fragmentada: los países débiles como Grecia, Portugal, Rumania, Bulgaria, Italia, España e Irlanda, fueron duramente golpeados.

También sufrieron las economías fuertes (Alemania y Francia) por el estancamiento del PIB y por la dependencia del comercio mundial. Las acciones fueron drásticas. En Alemania el gobierno subió impuestos y recortó gastos; en Polonia e Italia se congelaron los salarios, mientras que en Lituania las medidas de austeridad comprendían reducción de salarios a empleados públicos, recorte a las pensiones y aumento de impuestos. El descontento se fue apoderando de toda Europa pues para octubre de 2010 había 23 millones de desempleados; los movimientos de protestas se tomaron las calles de las principales ciudades de España, Grecia, Bélgica y Francia. La crisis mostraba el fracaso de la UE y dejaba al desnudo la diferencia entre países ricos y países pobres; se vislumbraba una Europa “tercermundista”.

Y llegó la ola de refugiados que produjo el auge de las ultraderechas, el racismo, la xenofobia y el populismo. Después de los actos terroristas de 2001, en Estados Unidos, este país empezó a aplicar severas restricciones para controlar el ingreso de inmigrantes y, desde ese momento, muchas personas que buscaban el “sueño americano” pensaron en Europa. España se convirtió en el paraíso para los latinoamericanos, por la facilidad del idioma y por la cultura, pero cuando empezó la crisis los inmigrantes se convirtieron en un problema. Además, hay que tener en cuenta que el Viejo Continente siempre ha despreciado la mano de obra que le llega del tercer mundo: argelinos, turcos, marroquíes y latinoamericanos. Todos son vistos como invasores que les quitan los empleos y amenazan la seguridad y la cultura. Mientras tanto el terrorismo se fue apoderando de Europa; un rosario de ataques atribuidos a extremistas islámicos fue acabando con el “sueño europeo”.

Y para rematar llegó el Brexit. Muchas razones movieron a los ingleses a dejar la UE, entre ellas la xenofobia, pues creen que los extranjeros se llevan la riqueza nacional, afean las calles, cambian la cultura y producen actos terroristas. Pero el mayor peso lo tiene el aspecto económico, porque la unión de países en un gran bloque no llenó las expectativas. Gran Bretaña abandonó la UE y apareció el fantasma del efecto dominó; se produjo un nuevo clima donde reina la incertidumbre y se abre paso la derecha nacionalista en varios países del Viejo Continente. La distancia entre las naciones facilita la fractura del continente.

La fuerza del nacionalismo populista

La Europa de hoy está siendo sacudida por el regreso del fascismo; sobre este tenebroso asunto hay varios ejemplos: el Partido de los Verdaderos Finlandeses, es un movimiento antieuropeo, xenófobo y racista, muy popular por el rechazo a los inmigrantes. En España están los independentistas catalanes, y Voz, que se desprendió del ala derecha del Partido Popular y representa a la España franquista; y en Italia sobrevive el Movimiento 5 Estrellas, que se define como una libre asociación de ciudadanos, un partido ecologista, antieuro y parcialmente euroescéptico.

Un caso especial lo constituye el Forum Voor Democratie de Holanda, un partido nuevo, dirigido por Thierry Baudet, muy preocupado por la decadencia de la civilización occidental, cree en la “democracia directa”, que la voz del pueblo se exprese en referendos; para los miembros del partido, los inmigrantes diluyen la pureza de las poblaciones nativas y debilitan las culturas occidentales, por lo tanto, quieren proteger la identidad de su país sacándolo de la UE.

¿Cómo se explica el avance de la ultraderecha? El neoliberalismo y la globalización produjeron desindustrialización en algunos países y como consecuencia llegó el desempleo en las regiones más débiles; a esto hay que sumarle la inmigración. En este ambiente aparecieron los demagogos y populistas que prometieron “recuperar” sus naciones y “hacerlas grandes”, otra vez.

Y el nuevo Parlamento Europeo será una tribuna continental para los nacionalistas, pero tendrán la oposición de los progresistas. Para reemplazar a Jean-Claude Junker, presidente de la Comisión Europea, se piensa en un mandatario de perfil fuerte, capaz de enfrentar a la ultraderecha y de representar a la UE en los escenarios de Estados Unidos, Rusia y China.

Por último, la derecha nacionalista viene creciendo por la falta de liderazgo político, por el desprestigio de los partidos y por el surgimiento de líderes autoritarios, que utilizan la mentira para polarizar a lo votantes y debilitar a los partidos tradicionales.