26 de febrero de 2021
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Reforma a la justicia

21 de mayo de 2019
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
21 de mayo de 2019

Y para quienes creemos que será posible una reforma a la justicia, la noticia es que estamos equivocados, y bien equivocados, máxime cuando las presiones que se pueden hacer desde el Poder Judicial pasan por encima de los legisladores. Y, a quien lo dude, pues le bastará ver de qué manera los magistrados pueden llegar a enredar a quien quiera que, de una u otra forma haga, diga o proponga lo que a gusto de aquellos sea inconveniente. Quien no lo crea así, pues que observe y constate de conformidad con lo que en el pasado se ha dado. Allí, los congresistas andan con pies de plomo y sólo cuando los asuntos contra algunos magistrados son tan relevantes y, tan, tan graves, se ha permitido que sean procesados por la famosa Comisión de Acusaciones. Los casos de Pretelt y los del llamado Cartel de la Toga son las muestras que pueden esgrimirse para decir que los han “tocado”, y eso por la gravedad de los casos, y sólo por eso, como quedó dicho.

Pero cuando de buscar reformas que reubiquen a los dignatarios de esa rama las cosas son a otro precio. Cuando de competencias se trata, quietos, nadie se mueva y menos si las competencias son de carácter político electoral.

Y las cosas son así, y lo saben en el Congreso. De tal manera que las reformas que se han pretendido se quedan en un verdadero chorro de babas o saludo a la bandera, puesto que, si no gusta a los magistrados, los mensajes llegan y todo se paraliza.

Ahora bien, y espero que no se me venga el mundo encima pero, lo que es cierto, es que la inmunidad parlamentaria debe ser restituida. Sólo bajo esa figura los congresistas tendrán tranquilidad para actuar y para legislar. Algunos dirán que solapadas en esa figura se esconden tropelías, cosa que es cierta, pero para nadie es un secreto que, en el Congreso, en el pasado, se levantaron las reservas de inmunidad parlamentaria cuando las razones daban para ello.

También es necesario examinar lo que conlleva la condena para los diferentes delitos. Sí, porque las condenas para algunos delincuentes son simplemente vacaciones para los hampones que debemos pagar los contribuyentes. Y bajo este sistema las cárceles se llenan y el hacinamiento es evidente. ¿Será que no es posible volver a los trabajos forzados? ¿Acaso no se pueden ampliar los penales utilizando la mano de obra y hasta los conocimientos de quienes allí van a parar? ¿Cómo es posible que tengamos reincidencias de la magnitud de las que actualmente registramos entre quienes el delito se ha convertido en una profesión, una forma de vida? ¿No será necesario revisar las teorías de Ferri en cuanto a la resocialización y los medios para ello, para que la sociedad no resulte doblemente afectada; primero con el delito y posteriormente con la carga que significa el sostenimiento de alguien que poco hace por resarcir su daño y cambiar sus procederes?

Aquí me guarezco de los rayos y centellas que sobre mi humanidad caerán, pero pensémoslo, nada perdemos.

Manizales, mayo 21 de 2.019.