22 de mayo de 2024

PALOMA

Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
10 de mayo de 2019
Por Víctor Hugo Vallejo
Por Víctor Hugo Vallejo
Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
10 de mayo de 2019

Los poetas no hablan con vocablos. Siempre hablan con emociones. Ellos son capaces de traducir a palabras los sentimientos más grandes, los más simples, los más lindos, los más negros, los mas alegres,  los más tristes, los más bellos, los más bajos, los más…. No hablan, traducen lo que sienten o son capaces de traducir lo que otros sienten. Por eso son capaces de construir un lenguaje del que termina por apropiarse toda una comunidad, que hace suyas esas voces y se dota de una riqueza inmensa para decir lo que no tienen posibilidad de hacer. Es que los poetas hablan mejor que nadie cuando de emociones se trata. Traducir un sentir no es sencillo. Todos sienten, pero son muy pocos los que son capaces del ejercicio de poner en palabras escritas eso que se lleva dentro  del ser, que causa enormes satisfacciones – como el amor- o inmensos vacíos- como el desamor-.  Todos perciben las emociones. Todos tienen sentimientos en mayor o menor medida, pero son muy pocos los que  se atreven a transmitirlos a los otros mediante el uso de un lenguaje, que termina convertido en arte. No otra cosa es el arte: la comunicación de emociones.  Y los poetas desde siempre han sido los pioneros en llevarle a la gente esas emociones y volverlas comunes a todos.  De cuantos versos se han valido muchos para decirle a alguien algo que se le mete adentro, pero que no aflora a la verbalización. Son grandes amigos los poetas cuando  logran prestar tantas palabras bellas para poder hacerlo.  Y poesía no es solamente ese lenguaje sofisticado y culto de los grandes del idioma. No. Poeta es aquel capaz de comunicar lo que lleva dentro y convertirlo en expresión de manejo cotidiano.  Y es lo que se da en la canción popular, en la que se encuentran miles de ejemplos de poetas ciertos que han dejado una profunda huella, como lo expresa y analiza el poeta Darío Jaramillo Agudelo (el mayor poeta colombiano vivo)   en su obra “Poesía  en la canción popular en la canción latinoamericana”, en edición de Pre-textos, editada en Bogotá en el año 2008. Que un gran poeta  como Jaramillo diga que en la canción popular hay poesía, es signo de comprensión de lo que es hablar con poesía.

En el libro se hace un recorrido por todos los países del continente, con pequeños estudios individuales de compositores y canciones. Son consideraciones que siempre hemos tenido. Desafortunadamente es propio de los latinos oír música popular para acompañar veladas de celebración  -positivas o negativas-  y en esas circunstancias no es fácil de captar el enorme contenido poético que tienen muchas de esas letras que se acompañan a  pulmón herido. Para captar la poesía en la canción popular es necesario  asumir  su conocimiento  en uso de los cinco sentidos y con un criterio de apreciación del arte, sin pensar que solo es arte aquello que esté revestido de sofisticación.

México ha sido abundante en la producción de poetas en la canción popular. Hay muchos. Hay un genio que se destaca  entre todos y a quien se le volvió suficiente el nombre –sin el apellido- para saber de quien se trata, como en su misma biografía lo dijera el gran cronista Carlos Monsivais. Un hombre  que sin saber nada de música, sin grandes estudios de literatura, de composición, de versificación, de métrica, de expresiones artísticas, fue capaz de dejar mensajes que van de boca en boca, que se retoman todos los días para expresar muchísimos sentimientos.  Alguien  que en medio de su dolor por una ausencia ya irreversible – cuando se está en la plenitud de la juventud, que es cuando más duelen las emociones, como que apenas están en construcción-  se puso a cantar y dijo de manera universal que cuando en el amor la decisión de seguir juntos, no es compartida, sólo llega la ausencia y el dolor constante. Se hizo el esfuerzo, pero nunca hubo respuesta:    

Me cansé de rogarle, me cansé  de decirle

que yo sin ella de pena muero.

Ya no quiso escucharme, si sus labios se abrieron

fue pa ´decirme ya no te quiero.

 

Yo sentí que mi vida, se perdía en un abismo,  profundo

y negro como mi suerte. Quise hallar el olvido

al estilo Jalisco, pero aquellos  mariachis

y aquel tequila, me hicieron llorar.

 

Me cansé de rogarle. Con el llanto en los ojos

alcé mi copa y brindé por ella.

No podía despreciarme,

era el último brindis de un bohemio por una reina.

Los mariachis callaron.

 

De mis manos sin fuerza, cayó mi copa

sin darme cuenta.

Ella quiso quedarse, cuando vio mi tristeza,

pero ya estaba escrito que aquella noche

perdiera su  amor. 

Si el amor no es compartido, de nada sirven los ruegos, las lágrimas y el dolor. Ya ha llegado el vacío con ella, como se llame, es posible  que se llame de muchas maneras, siempre será ella y de ahí la universalidad de los versos de José Alfredo Jiménez, con los que muchos en medio de esas maneras jaliscienses de encontrar el olvido en muchas partes del mundo tratan de amortiguar un poco esa pena infinita que dan los amores cuando se acaban.

José Alfredo Jiménez Sandoval, nacido en Dolores Hidalgo, pueblo al que hizo famoso en sus canciones, a pesar de haber salido de allí en compañía de su madre, hacia la capital en busca de un futuro que podía ser cualquier cosa, cuando apenas tenía 8 años.  No habría mucho futuro con el estudio por carencia absoluta de recursos. Habría que hacer de todo. A ese pueblo llegó a la vida el 19 de enero de 1926. Llegaron a vivir  a un edificio de inquilinatos, el Ciprés, en el número 76, cuyas viejas paredes descoloridas aún se conservan en esa colonia.

Los ingresos de la familia eran magros, muy magros, por lo que el muchacho debió comenzar a trabajar  en muchos oficios, los más humildes, yendo de un lado a otro, con una especial cualidad: tenía una extraordinaria memoria, por lo que lo que lo mandaran a hacer, lo hacía sin necesidad de tomar nota  de nada. Su memoria era fabulosa y especialmente para la música. Escuchaba una canción y se aprendía de inmediato su ritmo. Desde muy niño la música tuvo un especial atractivo para él.  Cuando se desocupaba en las tardes,  se iba a darle patadas a una pelota de fútbol, mostrando cualidades especiales en el medio campo, al punto de haber militado profesionalmente en el balompié mexicano en el equipo de primera división Marte. Pero a los 14 años compuso su primera canción, que de inmediato fue interpretada por músicos de  vecindad y  con la excusa de oírla, iba, siendo aún niño, a la Cantina Café París, donde para camuflar su condición de menor de edad, le dieron trabajo al destajo como mesero. Los clientes le ofrecían sus tequilas al paso y no dudaba en tomárselos. Llegaba tarde a casa, pero la madre ya estaba dormida, vencida por las largas jornadas de trabajo con ingresos de miseria.

A los 18 años ya cantaba en clubes nocturnos y en 1948 se presentó por primera vez en radio, el gran medio de divulgación  y de impulso del folclor mexicano  por ese entonces, haciendo conjunto con el Trío Los Rebeldes. Su voz de cantante ranchero puro comenzó a llamar la atención y vinieron las propuestas de grabación. Compuso  el tema con el que se dio a conocer a nivel popular, en cuya letra está el estilo marcado de canciones  en las que  el amor y el dolor se mezclan de manera indiferente y se van metiendo en el aparato emocional de los seres humanos. Cantó su tema “Yo” y de ahí en adelante su vida cambió a un trabajo en lo que le gustaba.

Es la decepción del que siente que su vida se pierde por haber puesto todas sus ilusiones  en el amor: 

Ando borracho, ando tomando,

porque el destino cambió mi suerte.

Ya tu cariño, nada me importa

mi  corazón te olvidó pa´siempre.

 

Fuiste en mi vida un sentimiento,

que destrozó toditida mi alma,

quise matarme por tu cariño,

pero volví a recobrar la calma.

 

Yo, yo que tanto lloré por tus besos:

Yo, yo que siempre te amé sin medida,

hoy solo puedo brindarte desprecio,

yo, yo que tanto te quise en la vida.

 

Una gitana leyó en mi mano

que con el tiempo me adorarías.

Esa gitana ha adivinado,

pero tu vida ya no es la mía.

 

Hoy mi destino, lleva otro rumbo

mi corazón se quedó muy lejos.

Si ahora me quieres,

si ahora me extrañas,

yo te abandono pa´estar parejos.

 

Yo, yo que tanto lloré por tus besos,

yo, yo que siempre te amé sin medida,

hoy sólo puedo brindarte desprecio,

yo, yo que tanto te quise en la vida. 

Cuando los  grandes cantantes del momento, comenzaron a interpretar  sus temas, ya la construcción de la memoria  de la obra de José Alfredo se hizo una realidad. Le cantaba a la vida y a la realidad, pero muy especialmente al amor, habiendo sido siempre un gran enamorado de todas las mujeres bellas, muchas de ellas rendidas ante sus expresiones emocionales. Su primer gran amor  y todo indica que el amor de siempre, pues 14 días antes de morir fue hasta su casa, donde ella vivía con  los tres hijos, habidos en el matrimonio, y les dijo a los cuatro que los había amado siempre y los seguiría amando por siempre jamás, fue Paloma Gélvez, a quien le compuso temas que han pasado a ser parte de la gran antología de la música popular latinoamericana. (Después de despedirse de su familia, salió a pie, con enormes dificultades respiratorias, hacia el centro hospitalario, donde lo trataron de su grave cirrosis y de donde salió en un cajón de madera hacia una tumba y convertido en memoria de arte).  Paloma puede ser cualquier mujer a quien se ame profundamente, sin que importe como se llame, basta con cantarle: 

Por el día que llegaste a mi vida ,

Paloma Querida,

me puse a brindar,

al sentirme un poquito tomado,

pensando en tus labios

me dio por cantar.

 

Me sentí superior a cualquiera,

y un puño de estrellas te quise bajar,

y  al mirar que ninguna alcanzaba

me dio tanta rabia  que quise llorar.

 

Ya no sé lo que valga mi vida,

pero yo te la vengo a entregar,

yo no se si tu amor la reciba

pero yo te la vengo a dejar.

 

Me encontraste en un negro camino,

como un peregrino

sin rumbo ni fe y la luz de tus ojos divinos

cambiaron mi suerte por dicha y placer.

 

Desde entonces yo siento quererte

con todas mis fuerzas

que el alma me da,

desde entonces Paloma Querida,

mi pecho he cambiado por un palomar.
 

Yo no se lo que valga mi vida,

pero yo te la vengo a entregar,

yo no se si tu amor la reciba

pero yo te la vengo a dejar. 

El éxito, las mujeres, el licor, el trabajo desenfrenado de país en país, acabaron con la paciencia de Paloma y el matrimonio fracasó por completo. Pero ella siempre estuvo en su mente, en sus emociones, en sus canciones y por eso confesó pública que: 

Es imposible que yo te olvide,

es imposible que yo me vaya,

por donde quiera que voy te miro,

ando con otra  y por ti suspiro.

 

Es imposible que todo acabe,

yo sin tus besos me arranco el alma,

si ando en mi juicio no estoy contento,

si ando borracho pa´que te cuento.

 

Cuatro caminos hay en mi vida,

Cual de los cuatro será el mejor.

Tu que me viste llorar de angustia

dime Paloma por cual me voy.

 

Tu me juraste que amor del bueno,

sólo en tus brazos lo encontraría,

ya no te acuerdas  cuando dijiste

que yo era tuyo y que tu eras mía .

 

Si es que te marchas Paloma Blanca,

Alza tu vuelo poquito a poco,

 llévate mi alma bajo tus alas

y dime adiós a pesar de todo.

 

Cuatro caminos hay en mi vida,

cual de los cuatro será el mejor.

Tu que me viste llorar de angustia

dime Paloma por cual me voy. 

Y cuando ya le dolía demasiado la emoción de la ausencia, alguna vez quiso cantar  con mucha rabia para hacer saber que después de que Paloma se fue todo se convirtió en la noche de su mal. Y ahí nació una canción de la que existen cientos de versiones, siendo la mn. ﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽cancin la interpretacireglos musiciales, pues lograba imaginar la totaliadd de los instrumentos que deblenguaje del peás bella la de María Dolores Pradera:   

No quiero ni volver a oír tu nombre,

no quiero ni saber a donde vas,

así me lo dijiste aquella noche,

aquella negra noche de mi mal.

 

Si yo te hubiera dicho: no te vayas,

que triste me esperaba el porvenir,

si yo te hubiera: no me dejes,

mi propio corazón se iba a reír.

 

Por eso fue, que me viste tan tranquilo,

 caminar serenamente,

bajo un cielo más que azul.

 

Después ya ves

me aguanté hasta donde pude

y acabé llorando a mares

donde no me vieras tu.

 

Si yo te hubiera dicho: no te vayas,

que triste me esperaba el porvenir,

si yo te hubiera dicho: no me dejes,

mi propio corazón se iba a reír.

 

Por eso fue que me viste tan tranquilo,

caminar serenamente,

bajo un cielo más que azul.

 

Después ya ves,

Me aguanté hasta donde pude,

terminé llorando a mares,

donde no me vieras tu.

 

Si yo te hubiera dicho: no te vayas,

que triste me esperaba el porvenir,

si yo te hubiera dicho: no me dejes,

mi propio corazón se iba a reír. 

José Alfredo Jiménez nunca estudio música  y ha pasado a la historia como uno de los grandes compositores  de todos los tiempos en música popular. Todas sus canciones son música y letra de él, para lo que siempre contó con la grana ayuda  de su amigo Rubén Fuentes, con quien se reunía muy frecuentemente  para escucharle cantar lo que acababa de componer, llevar las notas al piano, traducirlas al lenguaje del pentagrama y auxiliarlo con los arreglos musicales, pues lograba imaginar la totalidad de los instrumentos que debían intervenir en la interpretación de cada canción. Nunca será posible que su nombre pase al olvido, porque en apenas 47 años de vida fue capaz d legar una obra cercana a las mil canciones, que ahora constituyen el gran patrimonio económico de su familia, ese patrimonio que en su vida de bohemio desordenado nunca les dio, pues al morir estaba tan pobre que fue el sindicato de artistas mexicanos el que se hizo cargo de los gastos fúnebres. José Alfredo se gozó, se compuso y se bebió la vida, en medio del amor  de muchas mujeres, sin que  Paloma abandonase el recuerdo profundo de a quien más amó. Toda fiesta en Latinoamérica tiene un punto de quiebre, cuando alguien hace sonar la ranchera de rancheras y todos se la saben y con voces pastosas la entonan   

Yo se bien que estoy afuera,

pero el día que yo me muera,

se que tendrás que llorar,

llorar y llorar, llorar y llorar.

 

Dirás que no me quisiste,

pero vas a estar muy triste

y así te vas a quedar.

Con dinero y sin dinero,

yo hago siempre lo que quiero

y mi palabra es la ley.

 

No tengo trono ni reina,

ni nadie que me comprenda,

pero sigo siendo el Rey.

 

Una piedra en el camino,

me enseñó que mi destino

era rodar y rodar,

rodar y rodar.

 

Después me dijo un arriero,

que no hay que llegar primero,

pero hay que saber llegar.

 

Con dinero o sin dinero,

yo hago siempre lo que quiero

y mi palabra es la ley,

no tengo trono ni reina,

ni nadie que me comprenda,

pero sigo siendo el Rey.