22 de agosto de 2019
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La lengua es y será el azote del de atrás

15 de mayo de 2019
Por María Fernanda Restrepo Torres
Por María Fernanda Restrepo Torres
15 de mayo de 2019

A veces me desconciertan las opiniones de los colegas frente a temas de agenda nacional, pareciera que están normalizando la insolencia amparados en la libertad de expresión. No tiene presentación que los medios de comunicación y líderes de opinión empleen su poder influenciador para descontextualizar y casi que ridiculizar información que de cualquier manera debe ser tratada con el primer principio del periodista: objetividad.

Bien dice el dicho que pueblo chico, infierno grande, por eso pareciera que el periódico de casa fuese el principal enemigo del desarrollo de la ciudad, con encabezados odiosos, de esos que a cada solución le plantean un problema. Titular con cierto tufillo burlón que las obras con las que Manizales cerrará el año son una “lista de mercado”, más que informar parece hacer mofa de la noticia.

Pero ese es solo un ejemplo entre muchos, porque si en las regiones llueve a escala nacional no escampa. Hace una semana se desató la polémica por las declaraciones de Fabián Sanabria, profesor de la Universidad Nacional sede Bogotá que, so pretexto de recomendar el último libro del escritor colombiano Fernando Vallejo, terminó deseando que al Fiscal General le diera cáncer.

Retomo el caso de Isabella Wills, quien hace cerca de dos meses tildó de estúpidos y desocupados a los maestros que salían a marchar, todo porque la manifestación le hizo llegar tarde a un “evento muy cool” que tenía con gente que “produce mucha plata”. Tanto ella como el profesor Sanabria defienden sus polémicas declaraciones aduciendo que el resto somos unos hipócritas y ellos solo dicen lo que el resto pensamos.

No señores. ¿Por qué esa manía de meternos a todos en el mismo costal? Estos son otros dos que creen que son los dueños de la verdad. Entonces quien no piensa como ellos, automáticamente es un mamerto que no debería estar vivo haciéndole miserable la vida a gente tan bien pensante como ellos. Por supuesto no soy la más propia para una discusión sobre política, pero si considero que así no se debate ni ese ni ningún tema.

Es preocupante que hoy se normalice la violencia con un “solo digo lo que otros no se atreven”. No más este fin de semana el dizque influenciador Daniel Vivas Barandica, famoso por levantar ampolla con sus opiniones en las redes, lanzó una sarta de improperios escatológicos contra un grupo de ciclistas en Cali; el mismo personaje ya lo había hecho una vez y usando el mismo lenguaje en referencia al Festival Petronio Álvarez.

Que afán de ganar seguidores posando de muy polémicos. No se debate agrediendo el aspecto físico del contendor ni ridiculizando la opinión, no se controvierte deseando la muerte o diciendo que debería suicidarse. Entre personas que se jactan de tener un pregrado -la mayoría en el campo humanístico- y que de alguna manera son referentes nacionales de opinión, esa es una salida en falso. Y Sanabria es reincidente, porque en marzo pasado quiso ganarle una discusión a una abogada llamándola en público “niña ensiliconada”.

Pero tanto él como otros mal llamados defensores de la libertad de prensa y opinión, alegan que ellos solo ponen en palabras el sentir y pensar de los demás ciudadanos, y que quien no lo reconozca, es un hipócrita. Claro que hierve la sangre al ver la inequidad en este país, indigna la corrupción rampante y los medios vendidos, da lástima que no existan oportunidades de acceso a la educación para quitarnos la venda de los ojos.

Pero eso no quiere decir que el poder de informar, de influenciar y de invitar a la reflexión se deba hacer desde escenarios de discordia y reforzando odios en una sociedad de por sí fragmentada. Suficiente tenemos ya con este país completamente polarizado y cero tolerante. Si docentes y periodistas como estos, más apasionados y subjetivos que interesados en formar ciudadanos con criterio son los que hoy están preparando a nuestros estudiantes, pues apague y vámonos.

¿Será que en las facultades ya todo se volvió enseñar tendencias de marketing, estrategias multimedia y posicionamiento, mientras la ética se va por un caño? ¡Que falta nos hacen hoy en día más Gossaínes, más Lineros y menos Cabales! Desconozco el pénsum actual de las escuelas de comunicación y periodismo, pero de ser profesora en alguna de ellas me detendría a pensar en este fenómeno que como periodistas y miembros de una masa estamos alimentando.