15 de junio de 2019
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“Ella, mi sueño y el mar”

23 de mayo de 2019
Por José Miguel Alzate
Por José Miguel Alzate
23 de mayo de 2019

Hace diez meses publiqué en esta columna una reseña sobre la novela “Allá en la Guajira arriba”, escrita por Oscar Perdomo Gamboa, profesor de la Universidad del Valle. Allí escribí, entre otras cosas, que era una obra con una fuerza poética deslumbrante, donde se revelaba un escritor con talento narrativo, dueño de un excelente lenguaje literario. Pues bien: el descubrimiento de esa novela (Me la regaló Pablo Pardo, el director de Caza de Libros), me llevó a querer conocer otros títulos del autor nacido en Ibagué. Para mi sorpresa, en la pasada Feria Internacional del Libro de Bogotá me encontré otra novela reveladora de la garra como narrador del autor mencionado. Se titula “Ella, mi sueño y el mar”. A su compleja estructura y a su calidad narrativa me referiré en este artículo.

El novelista Fernando Soto Aparicio escribió: “La imaginación, una vez desatada, es un vuelo que no se detiene”. La frase me sirve para destacar el primer atractivo de “Ella, mi sueño y el mar”. Todo porque, recordando la primera impresión de Mario Vargas Llosa sobre “Cien años de soledad”, se puede decir que en este libro Oscar Perdomo Gamboa hace gala de “una imaginación luciferina”. No otra cosa puede decirse de un autor que sabe conducir al lector por paraísos artificiales, por reinos imaginarios, por montañas que se mueven, por ríos donde cruzan peces mágicos y por senderos donde aparecen estrellas fugaces. Todo esto matizado con una prosa con aliento poético, donde la palabra tiene magia creativa y el lenguaje alcanza contextura artística.

¿Qué tiene el argumento de “Ella, mi sueño y el mar” como para afirmar que es una novela que se lee con fruición? Tres cosas: fantasía, realidad, magia. La fantasía está explícita en las aventuras que viven los dos personajes principales, la realidad se expresa en la alegría de un hombre que convierte a su amada en princesa y la magia en la desbordante ficción de algunos capítulos donde el lector evoca “Las mil y una noches”. La novela es la historia de dos personajes, María Paula y Oscar, que viven aventuras fantásticas, recreadas con la historia universal, con los cuentos de hadas, con escenas mágicas como la transformación de la muchacha en sirena. En algunos capítulos María Paula es una princesa que escapa de su palacio para emprender un viaje por el mundo con el hombre que ama.

El estilo en que la novela está escrita obliga al lector a no apartar los ojos de unas páginas donde la prosa cautiva por su exquisita elaboración, por su belleza idiomática, por el encanto de las metáforas, por su brillo orquestal. La estructura, por su parte, hace pensar en el rompecabeza que Julio Cortázar construyó con “Rayuela”. Muchas veces hay que volver páginas atrás para entender por qué los personajes aparecen en tiempos disímiles, quitándole la secuencia que caracteriza una historia lineal. Esos capítulos señalados con fechas en números romanos, donde se condensan día, mes y año, que contienen claves en la creación de la novela, los logra alguien que domina el manejo de los tiempos y los espacios. Además, hacen pensar en el porqué de escenas que parecen salirse de contexto.

Oscar Perdomo Gamboa experimenta con la voz de un alter ego. Es Robin Soulez, el amigo que en los últimos cinco relatos cuenta cómo encuentra en los archivos del escritor, después de que este muere (desde luego, en la ficción), las claves en la construcción de las historias narradas. El se encarga de aclarar la forma cómo los protagonistas se conocen, y cómo emprenden su correría por el mundo. En esos relatos explica la idea central de la novela, y la personalidad del autor. Revela cómo fue la relación entre María Paula y Oscar, y qué los llevó a emprender ese viaje donde se revela la rica imaginación del escritor. Además, por qué Oscar es el hijo del aire y ella la hija de la montaña. Antes, a ella el narrador la llamó “primera heredera del reino de Atlantis, hija del rey del océano, deleite de los mares”.

En “Ella, mi sueño y el mar” se juega, además, con la intertextualidad. Lo descubre el lector en el capítulo “Lectura Bitácora día 1605”. Aquí el narrador inserta cinco páginas escritas al estilo de “El ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha”. Se cuenta cómo a Oscar “se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio, y así de tanto leer se le enredó el cerebro de manera que vino a perder el juicio”. Con el mismo lenguaje con que don Quijote le dice a Sancho Panza que busque a Dulcinea del Toboso, el personaje de esta novela coronó a María Paula con el título de princesa, y “tomola por la dama más fermosa sobre la faz de la tierra”. Al nombrar la bitácora como día 1605 el escritor le está haciendo homenaje al año en que se publicó la novela de Miguel de Cervantes Saavedra.

Hay en este libro que el mismo autor califica como cuadros tejidos a manera de cuentos fantásticos que se entrelazan una prosa de exquisita factura literaria. La palabra ilumina el texto con su fuerza expresiva. Un lenguaje encantado se desliza como agua fresca por las páginas de este libro que tiene la virtud de rescatar la orquestalidad del idioma. Veamos, a manera de ejemplo, este párrafo: “Un cuchillo fulgió con la luz que se colaba desde el lejano cielo. Las olas se reflejaron en la hoja y en la inesperada quietud del cuerpo. Los visos pintados desde arriba contaron los segundos que reptaban en la arena. Pronto pasó un lenguado, inadvertido del humano que lo miraba. El fulgor se hizo movimiento y el agua se tiñó de rojo”. Hay aquí destreza en la descripción del momento narrado.

Lo aquí escrito sobre “Ella, mi sueño y el mar” podría llevar al lector de esta columna a pensar que el libro es una historia para niños. La novela tiene una connotación distinta. En su hilo argumental se condensan muchos temas de interés para lectores mayores. Una princesa que camina sobre las olas como una diosa marina, un rey que bajándose de su trono explica la antigua profesía de Neihtaver, una vidente que cae a la tierra convertida en bola de fuego son escenas que enseñan la inventiva de un escritor para darle consistencia al relato. En el capítulo donde tres mujeres aspiran a ocupar el trono de un rey María Paula da una lección de nobleza: le dice al príncipe que el alma es superior a la vanidad del mundo. Por todo lo anterior “Ella, mi sueño y el mar”, es un libro para recomendar como lectura.