22 de agosto de 2019
Aguas de Manizales. Banner mes de agosto.

¡El Pueblo de Colombia, se respeta!

15 de mayo de 2019
Por Víctor Julián Ramírez Betancur
Por Víctor Julián Ramírez Betancur
15 de mayo de 2019

Garapullo

El artículo 228 de la Constitución Política consagra que: “La Administración de Justicia es función pública. Sus decisiones son independientes. (…)”. En ese sentido, la decisión de EE.UU. de quitarle la visa a tres magistrados de la Rama Judicial, no es más que una injerencia en las decisiones de la justicia colombiana, una intromisión en la soberanía del nuestro Estado y una ataque a la dignidad nacional.

La soberanía en Colombia, según en artículo 3 de la Constitución Política “reside exclusivamente en el pueblo, del cual emana el poder público”. Poder público del cual hace parte la Rama Judicial y, por ende, las Altas Corte, por lo tanto, la injerencia en las decisiones de la justicia y la intromisión en la soberanía del Estado es una afrenta al Pueblo colombiano, representada en todos y cada uno de los ciudadanos de ésta linda patria, a nuestra dignidad como nación y a la majestad e independencia de la justicia.

Pero, lo gravedad del asunto no es tanto el constreñimiento de la Embajada de los Estados Unidos a los magistrados de las Altas Cortes colombianas para que emitan concepto favorable  a favor de la extradición de colombianos a EE. UU. o para que fallen en contra de las objeciones del presidente a las leyes de la JEP, aprobadas por el Congreso, sino la respuesta dada al respecto por el presidente Duque y el canciller Trujillo: “el gobierno de Iván Duque es respetuoso de la decisión de Estados Unidos de quitar las visas a su país a tres magistrados de las altas cortes colombianas”. Una respuesta cobarde, indigna, sumisa, genuflexa y cómplice ante un gobierno que se precia de ser el ombligo del mundo y que solo maneja la doble moral en sus asuntos.

El artículo 9 de la Constitución Política consagra que “las relaciones exteriores del Estado se fundamentan en la soberanía nacional, en el respeto a la autodeterminación de los pueblos y en el reconocimiento de los principios del derecho internacional aceptados por Colombia”. Así las cosas, el presidente Iván Duque y el canciller Carlos Holmes Trujillo debieron sentar su repudio mediante nota de protesta al gobierno de los Estados Unidos, no por haber quitado las visas a los magistrados, sino por el constreñimiento de que fueron objeto, justo cuando la Corte Constitucional tiene bajo estudio el trámite de las objeciones a la ley estatutaria de la JEP y la decisión sobre el uso del glifosato en cultivos de coca.

Y me refiero a la doble moral de los gringos, porque cuando los magistrados de la Corte Constitucional, Lizarazo y Fajardo protestaron cuando les notificaron la cancelación de la visa, ahí sí salieron a decir que requerían certificación de la comisión de acusaciones de la Cámara de representantes de no tener procesos judiciales en su contra.

Si el gobierno de los Estados Unidos quiere retirar las visas de ciudadanos colombianos, que lo haga, pues está en todo el derecho de restringir la entrada a su territorio de quien les parezca sin dar explicaciones, pero que no constriñan al poder judicial de nuestro país para tomar las decisiones que a ellos interesan, porque Colombia es un país soberano, autónomo e independiente y no una colonia del Tío Sam. Los colombianos no somos lacayos del Imperio. Además, las relaciones exteriores de Colombia se fundamentan en la soberanía nacional y la soberanía nacional reside exclusivamente en el Pueblo y el Pueblo somos todos los colombianos, luego, el constreñimiento a los magistrados de las Altas Cortes es una afrenta a todo el Pueblo colombiano y un ataque rastrero a la dignidad nacional.

Por eso, a propósito de este desafortunado suceso, traigo a colación la frase de José Ingenieros en “El Hombre mediocre”: “La dignidad implica valor moral. El que aspira a ser águila, debe mirar lejos y volar alto; el que resigna a arrastarse como un gusano, renuncia al derecho de protestar, si lo aplastan. El lacayo pide, el digno merece”.

¡El Pueblo de Colombia, se respeta!