24 de mayo de 2019
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El porqué de los aguaceros en Colombia

15 de mayo de 2019

Por Gonzalo Duque-Escobar*

Con el advenimiento del equinoccio de marzo 21 marcando el inicio de la primera temporada húmeda de la Colombia andina, ahora que El Niño se debilita y enseña que no todos los eventos de dicho patrón climático se comportan de la misma manera, el invierno con sus torrenciales lluvias y tormentas eléctricas ya cobra decenas de vidas, entre ellas las de 30 habitantes de Rosas víctimas del deslizamiento ocurrido el 22 de abril en la vereda Portachuelo (Cauca), a las que se suman entre otras las de Antioquia, Santander y Caldas.

En lo corrido de abril así estemos enfrentando El Niño y no La Niña, dado que la asimetría entre estos fenómenos se relaciona con deficiencias y abundancias de lluvias, entre los eventos hidrogeológicos registrados por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales IDEAM sobresalen 111 ocurridos en 85 municipios del país, que no son propiamente las sequías esperadas: 34 movimientos en masa, 32 inundaciones, 25 vendavales, 17 avenida torrenciales y 3 tormentas eléctricas.

Al igual que la amenaza de desabastecimiento de agua como evento característico de El Niño que enfrenta Colombia, el actual invierno también pasa factura por la deforestación como factor del descontrol hídrico y pluviométrico con sus efectos colaterales de doble carácter. Mientras que por superficie la cobertura de bosques del país llega al 53.5%, en lugar de estar incrementando la superficie boscosa tal cual lo hacen Chile y Costa Rica cada año deforestamos entre 150 y 250 mil ha, la mitad de ellas en la Región Andina que con el 24% de la superficie continental y el 75% de la población, sólo posee el 13% de nuestro patrimonio hídrico de agua dulce.

El fruto de dicha degradación en este país que cuenta con el 5% del patrimonio hídrico mundial, en caso de lluvias extremas son los deslizamientos y flujos de lodo, al igual que las inundaciones lentas en planicies deprimidas o zonas de ciénaga, e inundaciones súbitas causadas por avenidas o crecientes de ríos. Las primeras, se ilustran con las que se presentan en la Depresión Momposina donde la adecuación de tierras involucra la desecación de ciénagas, al tiempo que las segundas -caso de Mocoa y Salgar-, se dan a lo largo de la geografía andina sin diferencia entre áreas rurales y urbanas, y en el ámbito de cuencas deforestadas donde los cauces de montaña encuentran ocupados sus valles de salida.

Dado lo anterior y previendo las funestas consecuencias de las pertinaces lluvias, como deslizamientos tras la infiltración acumulada o inundaciones por crecientes, el IDEAM ha declarado el estado de emergencia en 569 de los 1122 municipios del país -entre ellos 432 ubicados en la Región Andina-, y estimando los niveles de alerta por ente territorial, así: roja en 22, naranja en 198 y amarilla en 349 localidades.

Aunque Colombia cuenta con el Plan Nacional de Gestión del Riego de Desastres 2015-2025, además de la contaminación y degradación ambiental y del uso conflictivo del suelo, enfrentamos grandes retos relacionados con la degradación de espacios boscosos y corredores verdes de la estructura ecológica del territorio, lo que conduce a la pérdida de regulación hídrica en el 75% de las fuentes de agua en los lugares más secos poniendo en riesgo de desabastecimiento 318 cabeceras durante las temporadas de El Niño, y también en riesgo por inundación, avenidas o deslizamientos durante cualquier invierno a 318 jurisdicciones.

Imagen 1: Pronóstico para el ENSO 2019 del CPC/IRI favorable para una fase cálida, con una probabilidad que varía del 94% en Marzo- Abril- Mayo al 51% en Noviembre- Diciembre- Enero

El ENSO -El Niño Southern Oscillation-, es un patrón climático cíclico no periódico conocido hace más de un siglo, producto de las fluctuaciones de temperaturas oceánicas provenientes de Australia, que al detonar en el Pacífico ecuatorial con fases húmedas o secas ocasionan dos fenómenos: “El Niño o La Niña” según el caso, con graves consecuencias climáticas en gran parte del mundo.

Para medir su intensidad, se evalúa la magnitud de la anomalía térmica del citado océano en un área geográfica determinada, así: de 0 a 0.5°C las condiciones climáticas son normales; de 0.5 a 1°C el evento es «débil», denominándose “El Niño” cuando es cálido o “La Niña” sin es frío; de 1 a 1.5°C el evento es moderado, de 1.5 a 2°C será un evento fuerte, y por arriba de 2°C será evento extraordinario.

Si bien esta es en Colombia la situación pese a estar avanzando la fase cálida hacia condiciones débiles de un ENSO, es decir estando en El Niño, la causa de las tragedias parte del carácter extremo de los eventos climáticos que caracterizan el calentamiento global, en virtud de la lluvias que acompañan el invierno en la cuenca Cauca-Magdalena, presente hasta cuando llegue la temporada seca con el solsticio del 21 de junio.

Y de conformidad con los pronósticos del Centro de Predicciones Climáticas y el Instituto Internacional de Investigación del Clima, del pasado 11 de abril, si con un 65% de probabilidad regresará la amenaza de sequía porque las condiciones débiles de El Niño prevalecerán durante el verano 2019 del hemisferio Norte, el país deberá enfrentar al tiempo la problemática de los desastres climáticos por lluvia o sequía, resolviendo la causa  común de la vulnerabilidad ambiental.

Los desastres naturales que afectan a Colombia -donde la doble problemática del desplazamiento de población de las zonas rurales a las áreas urbanas atenta contra las metas del desarrollo- también en el mundo vienen ocasionan en promedio 100 millones de desplazados por década, a los cuales se suman 33 millones que  abandonan su territorio por conflictos armados y violencia antropogénica.

Según la Agencia de la ONU para los Refugiados en 2017 el número de desplazados en Colombia ascendió a 7,7 millones; y según el DPN entre 2006 y 2014 de cada cuatro colombianos uno resultó afectado por desastres climáticos. Esta situación es común en América Latina y el Caribe, dadas las amenazas naturales propias del medio tropical, y las consecuencias socio-ambientales del subdesarrollo.

De ahí la importancia de una gestión integral del riesgo, que a partir de una organización de carácter participativo emprenda acciones eficientes para conocer, planear y transformar su medio ambiente en un medio ecológicamente sólido y compatible con su cultura, atendiendo de forma eficaz y oportuna la oferta y demanda del medio ambiente amenazado, con las limitaciones que imponen el ecosistema y el contexto socio económico.

¿Qué hacer?

Habrá que saldar pasivos ambientales de décadas engendrados por múltiples factores que han intervenido en la construcción de la vulnerabilidad a los eventos climáticos extremos, en un medio ambientalmente complejo y pluricultural, lo que obliga a intervenir estructuralmente las deficiencias de una planificación precedente permeable a un modelo de ocupación conflictivo del territorio, que facilita la socialización de los costos y la privatización de los beneficios, buscando la explotación del medio ambiente en contravía del interés general.

Para dicha gestión del riesgo, se requiere acompañar los procesos sociales de empoderamiento del territorio, de la previsión a corto plazo instrumentando los fenómenos geodinámicos, las alertas tempranas y la modelación de los eventos probables, y de la previsión general donde resultan vitales los mapas de amenaza para resolver la ocupación conflictiva del suelo implementando modelos de exposición al riesgo. Entre las medidas de prevención, además de las mejoras físicas o estructurales, y de la gestión eficiente de los sistemas estratégicos y líneas vitales, se debe preparar a las personas y contemplar la planificación participativa de acciones rápidas y eficaces para restaurar los servicios y controlar o mitigar los daños al hábitat y al medio transformado.

Y en materia de planificación, se deberán establecer, no sólo un plan general diseñado en función del riesgo de cúmulo (de importancia para las autoridades), sino también el correspondiente plan operativo diseñado en función del riesgo específico (de interés para el usuario), coordinado con el anterior para dar respuestas a las inquietudes y necesidades locales. Añádase la educación requerida para formar una cultura ambiental que propenda por la apropiación social del territorio en la gestión participativa  e integral del riesgo, propendiendo por una prevención de los desastres por la vía de la planificación y del ordenamiento del territorio.

Finalmente, para enfrentar la adaptación al cambio climático, las anteriores acciones a emprender en el marco de una gestión, deberán apostarle a objetivos y medidas estratégicas, tales como: resolver las disrupciones de un modelo productivo que atenta contra su estructura ecológica; expandir las figuras de conservación para viabilizar la preservación de los ecosistemas en áreas críticas; zonificar el territorio y planificar el uso del suelo y del patrimonio hídrico; e implementar acciones para la investigación de la amenaza y de educación ambiental como estrategias fundamentales para lograr una apropiación social del territorio, mediada por la cultura ambiental.

*Profesor Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales. Razón Pública [2019/04/28] Portada: Escenarios de Cambio climático en Colombia IDEAM.

Enlaces U.N.:

Acuerdo Climático: avance necesario pero insuficiente.

Adaptación al cambio climático para Manizales.

Agua como bien público.

Aire urbano contaminado… ¿qué hacer?

Amenaza para la Reserva de Río Blanco en Manizales

Antropoceno… ¿concepto cultural o geológico?

Árboles, poblaciones y ecosistemas.

Arroyo Bruno, entre la muerte negra y la vida wayuu. 

Aspectos geofísicos de los Andes de Colombia.

Bioturismo y ruralidad en la Ecorregión Cafetera.

Bosques, Cumbre del Clima y ENSO.

Caldas en la biorregión cafetera.

Calentamiento global en Colombia.

Cambio climático y gestión ambiental en Caldas.

Ciencia, tecnología y ruralidad en el POT de Caldas.

Clima extremo, desastres y refugiados. 

Colombia biodiversa.

Colombia, país de humedales amenazados.

COP 23, la cumbre del clima en Bonn.

Cuatro PNN, patrimonio de la Ecorregión Cafetera.

Cultura y Turismo en Caldas.

Daño a reserva forestal que protege a Manizales.

Degradación del hábitat y gestión ambiental.

Desarrollo urbano y huella ecológica.

Dinámicas del clima andino colombiano.

El agua en Colombia: glosas.

El modelo de ocupación urbano – territorial de Manizales.

El ocaso del bosque andino y la selva tropical.

El territorio del río Grande de la Magdalena.

El Paisaje Cultural Cafetero.

Geomorfología. 

Geotecnia para el trópico andino.

Gestión del riesgo por sismos, volcanes y laderas.

Gestión del riesgo natural y el caso de Colombia.

Gobernanza forestal para la ecorregión andina.

Guerra o Paz, y disfunciones socio-ambientales en Colombia.

Huella hídrica en Colombia.

Huracanes y Terremotos acechan.

La encrucijada ambiental de Manizales. 

Las cuentas del agua.

Manizales: un diálogo con su territorio.

Manual de geología para ingenieros.

Más espacio público y oportunidades para el ciudadano. 

Nuestras aguas subterráneas.

Nuestro frágil patrimonio hídrico.

Opciones de Caldas en medio ambiente, cultura y territorio.

Otra vez El Niño: ¿cómo adaptarnos?

Paisaje y región en la tierra del Café.

Páramos vitales para la Ecorregión Cafetera.

Participación de la sociedad civil en el Ordenamiento Territorial. 

Patrimonio hídrico: carencias en la abundancia.

Plan de ordenación y manejo ambiental del río Guarinó.

Plusvalía urbana para viabilizar el POT de Manizales.

Procesos de Control y Vigilancia Forestal en Colombia.

Riesgo en zonas de montaña por laderas inestables y amenaza volcánica.

Riesgo  para el agua en la ecorregión cafetera.

Riesgo sísmico: los terremotos.

Río Blanco, cuna de vida…

Sol, clima y calentamiento global. 

Sismos y volcanes en Colombia.

Subregiones del departamento de Caldas.

Terremotos en el occidente colombiano.

Textos “verdes”.

“Tierraviva” y el caso de la reserva de Río Blanco.

UMBRA: la Ecorregión Cafetera en los Mundos de Samoga.

Vías lentas en el corazón del Paisaje Cultural Cafetero.

Vida y desarrollo para el territorio del Atrato.