19 de mayo de 2019
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El imperio del like

16 de mayo de 2019
Por John Fredy Franco Giraldo
Por John Fredy Franco Giraldo
16 de mayo de 2019

Comienzo por señalar que soy migrante digital. Pertenezco a la denominada generación X.

Llegué a este mundo sobre el final de la década de los 70, una época de cambios que nos trajo un sinnúmero de nuevas experiencias siendo la más importante el paso de lo analógico a la digital, el nacimiento de internet y como consecuencia de ello la llegada de las denominadas redes sociales.

Y si, tal y como lo describen los de mi generación “nacimos en una época de cambios pero no necesitamos de internet para vivir nuestras vidas o divertirnos”.

Sin embargo se nos ha permitido adaptarnos e incorporar a nuestras funcionalidades y de la vida diaria no sólo la herramienta llamada internet sino una de sus principales derivaciones: las “social media”.

Las estadísticas son contundentes.  Según el reporte ‘Digital 2019 Colombia (January 2019) v01’ elaborado por Hootsuite, en Suramérica, el porcentaje de penetración de Internet es del 66%. Así mismo, en nuestra región, la red social más usada es Facebook (dato que resulta de contabilizar el número de usuarios con cuentas activas de redes sociales en esta zona del mundo); mientras que la aplicación de mensajería preferida por la mayoría es WhatsApp”. 

El impacto es masivo e inmediato. Pero ¿somos responsables con lo que publicamos y compartimos en redes sociales?

Múltiples respuestas podrán resultar ante este cuestionamiento. Unas irán desde lo banal, que las redes nacieron como instrumento de diversión, lúdica y entretenimiento (yo diría modernización del chisme) o que como nuevo medio de información si requieren de mas elementos de veracidad, regulación o límites a la hora de publicar x o y mensaje; muchos de los cuales son el resultado de peleas digitales que se alimentan no sólo de la democratización que lo digital trajo en materia de acceso a la información, sino la hasta hoy indestronable posibilidad de ocultarse tras un perfil en cualquier red social.

Hemos delegado nuestra capacidad de raciocinio, de argumentación, de valorar las circunstancias de tiempo, modo y lugar ante el poderoso imperio del like.

Hoy todo resulta mediado por una red social.

Las amistades que en principio se vieron beneficiadas por la posibilidad de ampliar una comunidad de amigos gracias a facebook, snapchat, instagram o cualquiera otra; ya se ven amenazadas por un comentario, una foto, un like o una “interacción” puesta fuera de foco o simplemente dejada al azar de la interpretación libre y espontánea de quién pasa en su “time line” las novedades publicadas o visita nuestros perfiles.

Tanto la reputación personal como institucional hoy mas que nunca está ligada a los análisis y la interacción que se desprende de los comentarios escuetos que se dejan en perfiles o fan page.

Hoy pesan más los mil o 2 mil compartidos que la profundidad, coherencia, lógica, pertinencia o importancia de la idea misma.

Hoy lo que vale es el titular más que el contenido del artículo y en ese frenesí de inmediatez quedan expuestos aquellos valores que otrora servían para sostener que el diálogo cara a cara era la principal fortaleza que teníamos como seres humanos.

Un café bajo la mirada íntima de dos o mas contertulios se reemplazó por grupos de chat en whatsapp. Conquistar el corazón de una mujer o que esa misma mujer termine una relación pasó de ser un asunto para tratar en persona a simplemente un mensaje por Messenger y literalmente se da notificado por edicto.

Estrechar la mano o dar un abrazo como símbolo histórico de amistad, amor o compañerismo va siendo sustituido por un emoticon o un gif hecho para “expresar” alegría, tristeza, desilusión o cualquier otro sentimiento en una imagen.

Negar que lo digital nos ha permitido avances sustanciales en asuntos fundamentales como el control social a los gobiernos, el acceso de manera más ágil a servicios y cadenas de productos y ventas, sería necio. Pero delegar la conexión sensorial humana a un frio chat, resulta por demás inquietante.

En ese asunto íntimo pensaría que estamos tan conectados como solitarios al mismo tiempo.

La aldea global que proyectó Mcluhan es hoy realidad. Pero a la vez nos estamos sumergiendo tanto en una burbuja que el aislamiento tarde o temprano nos estará pasando factura.

Mientras eso ocurre yo me seguiré identificando con los de mi generación X aquellos que aunque gustamos por la tecnología y nos mantenemos activos en internet, las redes sociales y el comercio electrónico; para nosotros eso es lo accesorio.

Nuestro significado práctico de ocio significa salir y encontrarse con personas y disfrutar del aire libre, pasear, leer un buen libro y eso si revisar muy bien el contexto de un like para no acabar en la vida real lo que lo digital manipuló y dejó a la libre interpretación.