20 de julio de 2019
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La nueva política de sectas

19 de abril de 2019
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
19 de abril de 2019
Los colombianos estamos convencidos de que el país está polarizado y que, debido a ello, nos encontramos en un permanente enfrentamiento. Sí, esa es la apariencia. Realmente, las cosas van un poco más allá y la verdad es que nos encontramos obnubilados constituyendo grupúsculos o sectas, llamadas unas de izquierda y otras de derecha, a cual más radical y a cual más extrema.

Y si vamos a la definición del vocablo “obnubilado”, encontramos que este significa “ofuscar o confundir” – “embelesar” – “enturbiar la visión”. Sí, obnubilados, porque todo lo vemos de acuerdo a lo que algunos mandan u ordenan, sin que medie capacidad alguna de raciocinio o de reflexión individual sobre las situaciones que se presentan, sobre lo que se expresa o lo que se hace desde un sector u otro. Todo se califica blanco según de donde provenga, o negro si nace de un sector contrario. Así, en tanto no medie la reflexión, estaremos comportándonos como animales; recordemos que la capacidad de razonar, nos hace a los humanos diferentes y superiores a aquellos.

Derivado de ese comportamiento y la pertenencia a una secta, cuando habla el “pastor” la manada obedece, “entiende” y “actúa” conforme se le ha indicado. Y en ese actuar, se repite lo que le dicen, se desconocen las razones para decirlo y, lo que es peor, se vocifera y procede sin que haya reflexión alguna que  lleve a entender por qué se hace o  se dice.

Y como se trata de defender sin conciencia, al que dice o hace lo que no está enmarcado dentro de lo que su secta profesa, se le califica sin más y sin menos, como extrema, mano negra, fascista o simplemente reaccionario. Es este comportamiento similar al que venimos presenciando en el campo religioso, en el que nacen cada día nuevos “templos”, templos en los que las creencias son manipuladas para que los “fieles” acomoden sus pretensiones, y de esa manera alcancen la vida que les es cómoda. Allí un alguien les habla, un alguien les “coloniza” el cerebro y, convencidos, marchan por donde se les indique sin chistar y entregando caudales o lo que se les exija. Allí a los adeptos se les prohíbe la relación con sus más cercanos y se les distancia de ellos. Eso se hace para que nadie les pueda convencer o influenciar de apartarse de la nueva fe que han adoptado.

De la misma manera viene sucediendo en nuestra sociedad. A cada día se abren nuevas casas de “pensamiento” o corriente política. En cada una de ellas está la redención para el país. Se apela a las firmas para que los adeptos conquisten a otros débiles mentales que les acompañen en la obra del cambio, cambio que infortunadamente no puede llegar porque el vigor de las ideas es corto y no alcanza para atraer a tantos como para lograrlo, pero que sí puede llegar a ser suficiente para que el “pastor” acomode su estar y continúe alimentando la retahíla que da sustento a su secta política. Y es que ese “pensamiento”, en su cortedad, no alcanza a ser suficientemente vigoroso como para conducir multitudes. Ese pensamiento es sólo capaz de mantener los ánimos de unos pocos que de él se alimentan.

Y para colmo de males, los partidos políticos tradicionales, los ancestrales, en manos de quienes están, se encuentran huérfanos, faltos de nutrientes intelectuales y carentes de proyecciones y de ejemplo a seguir, lo que da pábulo a las tales sectas políticas que nos enfrentan por todo cada día.

Reflexión, y únicamente reflexión, es lo que necesita el país. Eso sólo, de por sí, nos permitirá tener la capacidad de exigencia que los partidos bien constituidos requieren hoy por hoy.

Manizales, abril 19 de 2019.