12 de mayo de 2021
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La agonía electoral

21 de abril de 2019
Por Álvaro Rodríguez Hernández
Por Álvaro Rodríguez Hernández
21 de abril de 2019

En medio de la Semana  de Pascua, para muchos será  la de la “resurrección” electoral. Otros, la muerte. El exilio subterráneo.

Campaña atravesada por la incertidumbre. Los partidos no esconden su crisis. Nos metemos en un proceso electoral que tendrá escenario político que va encuadrando dentro de sus desajustes institucionales.

El conservatismo, el liberalismo, la agonía de la U, el   agónico proceder de Cambio Radical y los no ocultos enfrentamientos del CD, dejan al descubierto, diferencias por el poder, al menos en Risaralda. Está bien, pero no al precio que sea. Sacrificando interés y altas responsabilidades e incendiando.

Para no desafinar, qué me le untan a las divergencias crecientes de Verdes y otros grupos que en el pasado pactaron para hoy reventarse.

La lucha intestina no puede ser el trofeo rapaz de más de lo mismo. Curioso que el CD enseñe un pésimo tinglado a escasos días de la visita de sus encumbrados jefes: el Presidente Duque y el senador y ex presidente, Álvaro Uribe Vélez.

Es cierto. Los partidos políticos en Colombia: nacen, crecen, se reproducen y estallan.

En 15 días, en menos, veremos el reguero insepulto de precandidaturas- fusibles.  La del torbellino para negociar y pedir dinero por encima de tarifas insostenibles. Es una vergüenza mayor, el peaje que se escucha.

Si la elección en Cartago, vale $8 mil millones, la de Pereira, le colocan 5. Otros, sostienen la tesis imperdible: que vale lo que usted quiera invertir. La transacción. El trueque. El negocio- socio.

Esto será un Estado fallido, mientras la puerta se le abre del todo a la delincuencia.  Mientras se insista que hay amos, señores, que quieren ser más relevantes que la propia institucionalidad política. No importa el plan de gobierno sino el plan de negocios  que se firme arriba, en la mitad o por debajo de la mesa.

Hace rato están alertados que llegó el coco.

Lo que pasa es que la democracia empieza a podrirse cuando en vez de abrir los ojos, nos tapamos la boca. Esta sí, la verdadera agonía electoral. La muerte, digo.