18 de mayo de 2021
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Un Toro aquerenciado en Chinchiná

30 de marzo de 2019
30 de marzo de 2019

Por Orlando Cadavid Correa

Nota: Este perfil fue publicado por EJE 21 y  La Patria   el 2 de diciembre de 2007 y hoy cobra actualidad con motivo de la sensible desaparición del colega y amigo Leonel Toro.

Leonel Toro en el centro, de gafas, en una de sus faenas periodísticas.

Al periodista Leonel Toro Echeverri le viene como anillo al dedo la definición de querencia que traen todos los diccionarios: Querencia, inclinación o tendencia de un ser hacia algo, especialmente hacia el lugar donde se crió o donde solía estar.  La querencia hacia su tierra es tan fuerte que no puede olvidar su condición de emigrante.

Leonel emigró de su natal Chinchiná hacia  Bogotá en los años 70, en busca de mejores horizontes. Escampó por un tiempo en la redacción  de la finada Radio Sutatenza, donde hizo sus primeros pinitos al lado de Jaime Zamora Marin.

De pronto entró a ocupar una vacante en la Secretaría de información y prensa de la Presidencia de la República, en el Palacio de San Carlos, primero, y en el Palacio de Nariño, después. En el sector estatal impuso una respetable marca en materia de estabilidad laboral.

Durante 25 años le tocó ver pasar, cons su fortalezas y falencias,por el indomable potro bolivariano, a siete mandatarioscolombianos, en su orden: Misael Pastrana Borrero, Afonso López Michelsen, Julio César Tubay Ayala, Belisario Betancur Cuartas, Virgilio Barco Vargas, César Gaviria Trujillo y Ernesto Samper Pizano. Es larga la fila de jefes que tuvo Leonel. Antes de dar un paso al costado, coqueteándole a la jubilación, ofició durante dos años como consejero y asesor del ministro de Comunicaciones, Saulo Arboleda Gómez

Con semejante kilometraje por las alturas del poder, debe ser voluminoso y de respeto  el anecdotario que acumula en su “disco duro”.

La buena noticia es que Toro Echeverri, tras un cuarto de siglo radicado en Bogotá, ha retornado a su natal Chinchiná, en busca de sus raíces, a desatrasarse de nostalgias, divertimentos que combina con el manejo en la vereda Buenavista, en las afueras de la Villa de San Francisco, donde cuida con esmero un cultivo de yuca y se ocupa de otras faenas agrícolas.

Para vivir alejado del mundanal ruido, Don Leo se priva  del computador personal, el correo electrónico y el busca-personas, pero usa el celular para casos de necesidad extrema y  mantiene contacto con sus descendientes.

Polígamo por naturaleza, Leonel tiene cuatro hijos, cada uno con su respectiva mamá para que no haya discrepancias entre ellos: Diana Marcela, Sofía, Mariana y Santiago. Dos de sus vástagos estudian cine y periodismo. Uno de ellos es fruto de su unión temporal con labogada y locutora quindiana Judth Sarmiento, sobrina del finado senador Luis Granada Mejía.

Entre sus vivencias, la más dramática la enfrentó en Bogotá, cuando murió accidentalmente su compañera de entonces y trasportó el féretro por carretera,. en un coche funerario, en un viaje de más de 12 horas, para darle sepultura en Chinchiná.  Sus amigos lo ayudaron a superar ese dolor inmenso.

La apostilla: En una de sus faenas periodísticas, en el palacio de los presidentes, Leonel llamó una noche, a toda prisa, al general Alfonso Vaca Perilla para tratar de confirmar una noticia sobre una grave situación de orden público en el sur del país. Así fue el diálogo:

General VACA, aquí  le habla el periodista Leonel TORO, desde la Presidencia de la República.

¡Respete!, le gritó el alto mando militar y le tiró el teléfono.