20 de julio de 2019
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Se destapa la olla en el fútbol femenino

11 de marzo de 2019
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
11 de marzo de 2019

El pasado mes de febrero se sacudió este deporte; dos jugadoras de la Selección Colombia de Mayores hicieron denuncias y se produjo el efecto dominó porque se dispararon las quejas. La Liga Contra el Silencio, que es una alianza de medios de la que hace parte la Fundación para la Libertad de Prensa, enfocada a divulgar investigaciones para evitar la censura, publicó testimonios de dos jugadoras de la selección Sub-17. Hay quejas sobre acoso sexual y laboral, cobros indebidos, discriminación en el pago de viáticos y en el uso de uniformes. Piden algo muy simple: que mejoren las condiciones para que el fútbol femenino recobre la senda perdida.

Una de las denunciantes, que era menor de edad cuando sufrió el acoso por un miembro del cuerpo técnico, explicó sobre este preocupante tema: “Me dijo que quería tener algo conmigo y que podía llevarme a cosas muy grandes en el fútbol”. Pero como no accedió a las pretensiones, el personaje pasó al acoso laboral: “Me sobrecargaba de trabajo, no me dejaba hablar en las reuniones, me gritaba. En un momento le pregunté si tenía quejas, y me respondió que era personal y que asumiera las consecuencias”. En efecto no fue convocada más. El asunto llegó a la Fiscalía y, como consecuencia, fue despedido el preparador físico Sigifredo Alonso.

Otra denuncia tiene que ver con la Selección paralela; Felipe Taborda, extécnico de la Selección femenina, fue acusado de armar un grupo paralelo. Las jugadoras del equipo de mayores, Isabela Echeverri y Melissa Ortiz, publicaron un video en redes sociales donde se referían al manejo de esa escuadra; aseguran que las jugadoras convocadas debían asumir todos los gastos. Isabela le ratificó las denuncias a El Tiempo y aseguró que ella misma fue citada al grupo paralelo: “Cuando empecé mi proceso sub-20, a mi no me convocaron. Yo voy y me muestro como una jugadora invitada y tuve que pagar por el hotel y todas mis cosas para que me tuvieran en cuenta. Mi queja contra Felipe (Taborda) es que siga negando lo de las jugadoras invitadas cuando yo fui una de ellas. Yo soy consciente de que eso pasaba, y él lo niega públicamente”. Y agregó que “me intentaron vender mi camiseta con mi nombre en la espalda, algo que es lo más poco ético en el mundo porque después de que uno se la gana, la suda ¿me dicen que pague por la camisa?”.

Isabela y Melissa aseguran que la situación empeoró, porque les quitaron los viáticos y en una de las últimas convocatorias no enviaron los tiquetes a las jugadoras que estaban en el extranjero (El Tiempo, 24 de febrero, 2019).

Si la mujer denuncia es castigada

Álvaro González Alzate, vicepresidente de la Federación, dijo que las quejas son extemporáneas, y se pregunta “¿Por qué ahora sacan un video y no mandaron una carta formal a la Federación?”, “Jamás en los 36 años que llevo como dirigente he conocido una queja, una denuncia o un reclamo de que los técnicos de las selecciones femeninas les hayan cobrado a las jugadoras por alinearlas o por convocarlas”. Y dijo que los problemas internos se deben a la falta de patrocinio para el fútbol femenino. “Cuando se vinculan, se espantan. No porque sean malas sino por cómo son las relaciones internas en los equipos de fútbol femenino. A uno le dicen, le cuentan, llegan un par de líderes negativas que no están para solucionar problemas sino para tener grupitos y predominar sobre el resto”. Al respecto dijo Jorge Enrique Vélez, el presidente de la Dimayor, que “El tema de patrocinio es absolutamente preocupante. Es algo fundamental, los ingresos no son ningunos. Yo tenía un par de marcas muy importantes y se me quitaron con todo este problema del fútbol femenino”. O sea que se debe callar para no espantar a los patrocinadores.

La carta que no se envió

Pero las muchachas no denuncian por miedo. Veamos algo sobre este tema, que se inició a mediados de 2015, en el Mundial de Canadá. La actuación de la Selección Colombia de Mujeres fue histórica, porque nuestro país, por primera vez, había clasificado a octavos de final en un mundial femenino; esto les valió el calificativo de “Superpoderosas”. aprovechando el buen momento y la coyuntura, las jugadoras de la Selección empezaron a exigir garantías a la Federación Colombiana de Fútbol (FCF); se quejaron porque recibían viáticos diarios por $60.000 en concentraciones nacionales y 60 dólares en internacionales, y debían asumir de su propio bolsillo algunos gastos personales, tiquetes aéreos y hospedaje. Y amenazaron con no jugar el partido de los octavos de final contra Estados Unidos, que perdieron 2-0.

Cuando regresaron a Colombia la mediocampista Daniela Montoya tomó la vocería de sus compañeras, en septiembre de 2015, y expresó a los medios de comunicación que la FCF no les había girado la suma de dinero prometido. Las jugadoras habían redactado una carta dirigida a Luis Bernal Giraldo, en ese momento presidente de FCF, donde señalaban las dificultades de la selección Colombia y ponían el dedo en la llaga:

“Como usted bien sabe, bajo las condiciones de futbolistas aficionadas, el proceso de formación, entrenamiento y preparación, hemos tenido que asumirlo con nuestros recursos para alcanzar un nivel competitivo, que nos permita llegar a ser parte de un seleccionado nacional. Hemos demostrado en el Campeonato Suramericano, Copa Mundial, Juegos Panamericanos y en distintas competiciones donde hemos representado al país, que hemos superado ampliamente las expectativas que se tenían sobre nuestro rendimiento […] necesitamos que se mejoren algunas condiciones.

Por unanimidad el grupo considera indispensable que se mejoren los viáticos diarios […] Muchas de nosotras somos empleadas y para poder adelantar nuestra preparación tenemos que pagar reemplazos con nuestros recursos para no perder nuestros puestos de trabajo, pagos que no se compensan con los viáticos que recibimos […]”.

Pero esta carta no la firmaron, por temor a las represalias y porque deseaban participar en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, en agosto de 2016. Por ejemplo, a Daniela Montoya no la convocaron. Y hubo silencio hasta el pasado 18 de febrero cuando Isabella Echeverri y Melissa Ortiz, denunciaron que la FCF no paga los viajes internacionales y les da uniformes viejos. Mientras tanto la Liga contra el Silencio dio a conocer dos denuncias penales por presunto acoso sexual. En este punto los defensores de derechos humanos les piden que sigan denunciando, que no se dejen intimidar y que sigan “rompiendo el silencio”. De este modo se va destapando la olla podrida en el fútbol femenino colombiano.