20 de abril de 2019
Aguas de Manizales - Abril 2019

Quebranto del bienestar

Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
1 de marzo de 2019
Por Carlos Alberto Ospina M.
Por Carlos Alberto Ospina M.
Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
1 de marzo de 2019

A cada instante hay más padecimiento humano a causa de la contaminación atmosférica. El aire exterior, incluso el que se respira en la vivienda, origina la muerte de más de 5,5 millones de personas al año. Desde el punto de vista práctico afecta el desarrollo económico, la calidad de vida y la vulnerabilidad de la población más necesitada. En 2013 los agentes de impurezas se clasificaron como el cuarto factor principal de fallecimientos prematuros en el mundo con un costo aproximado de US 225 mil millones en pérdida de ingresos de la población económicamente activa, y la cifra ha aumentado de manera exponencial en el último lustro (1).

De acuerdo con el estudio del Departamento Nacional de Planeación actualizado a 2017, los costos en la salud asociados a la “degradación ambiental” ascienden a 20,7 billones de pesos, 2,6% del PIB de 2015 (2). El arqueo es más alarmante. Los síntomas y las respectivas enfermedades doblan la población colombiana que, según el fallido Censo Nacional de Población y Vivienda del Dane, somos 45,5 millones de habitantes, lo que significa 98 millones de reportes y 13.718 muertes al año. ¡Ese panorama saca los tuétanos a todos! El 75% de dichas defunciones corresponde a la contaminación urbana, mientras que el “aire interior” causó 2.286 víctimas tempranas en el período de análisis.

“Cacarear y no poner huevo” parece ser la frase que sustenta la falta de visión de los sectores público y privado. Es menester priorizar la estrategia de prevención, financiar proyectos de infraestructura afines con el medio ambiente e impulsar la migración del transporte público a sistemas de limpios y sustentables. Sin distinción, urge resolver los problemas de agua potable, saneamiento básico y cobertura de servicios públicos que impactan la salud de los colombianos. La degradación climática es multifactorial, por ende, exige priorizar la reconversión tecnológica, los medios alternativos de movilidad; la política pública de prevención, control y gestión ambiental, y en particular, prohibir la venta y la circulación de motos de dos tiempos.

La calidad del aire que respiramos está en relación directa con las formas de contaminación a nivel individual y colectivo. Cada sujeto es responsable del cambio atmosférico y de la huella de emisiones de CO2 en la medida que asume una actitud amigable o no con el hábitat. En último término, prima el talante egoísta, la normativa circunstancial, la politiquería y la escasa prospectiva acerca de los daños irreversibles causados al planeta.

El semáforo ambiental y los diferentes estados de alerta muestran las cantidades de partículas por millón [PM2.5] nocivas para la salud de niños, adultos mayores y población en riesgo. El informe estadístico debe ser más drástico indicando los orígenes y el tipo de dolencia. El examen y la trazabilidad de los datos permite hablar con toda seguridad de mortalidad e infecciones agudas de las vías respiratorias, bronquitis y obstrucción crónica; tumor maligno de tráquea y cáncer de pulmón, isquemia del corazón y enfermedades cerebrovasculares; entre otros efectos del deterioro ambiental.

Hace 3 años “En el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, el 12,3% (2.105) del total de las muertes que se presentan en el área, son atribuidas a la contaminación del aire urbano, lo que generó sobrecostos estimados en $2,8 billones de pesos, equivalentes al 5% del PIB del área.” (3) Millones de pesos arrancados a la inversión social destinados a los paliativos y a colocar vendajes temporales, en lugar de practicar la cirugía profunda para reducir las emisiones contaminantes. Por impopulares que resulten las disposiciones y algunos gremios empresariales pataleen, es urgente poner en cintura las fuentes fijas y móviles que nos matan. ¡Basta ya! del cuento reforzado de “la imagen positiva” de un mandatorio que solo busca encubrir las ambiciones personales y la constante campaña política con recursos del erario.

Mucha habladuría y en cambio, la desintegración de automóviles va a la velocidad del cartel de las licencias de transporte público.  La reducción de azufre en el diésel no es suficiente en cuanto sigan presentes las partículas de benceno en el combustible. El pico y placa debe modificar el objeto de control de la movilidad por incentivos tributarios y rebaja del impuesto vehicular. Es tiempo que, alcaldes y gobernadores, se metan la mano al dril y dejen de estrangular al contribuyente; es decir, reducir los gastos suntuarios y eliminar la escalera burocrática que, a la hora de la verdad, es otro factor contaminante de las buenas prácticas oficiales.

En fin, por un lado, camina la política pública y por el otro, se paraliza la acción ciudadana. Observamos incontable retórica barata en las redes sociales, varios se rasgan las vestiduras de papel y terceros circulan en contravía al bienestar general.

  • El costo de la contaminación atmosférica. Estudio conjunto del Banco Mundial y el Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME, Instituto de Mediciones y Evaluaciones de Salud)
  • (3) Los costos en la salud asociados a la degradación ambiental en Colombia. Departamento Nacional de Planeación – Portal web DNP