20 de abril de 2019
Aguas de Manizales - Abril 2019

A nivel de, señalética, lenguaje incluyente

Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
19 de marzo de 2019
Por Efraim Osorio
Por Efraim Osorio
Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
19 de marzo de 2019

Quisquillas de alguna importancia

Esto mismo es aplicable en todos los casos en los que aparece la omnipresente locución.

Una frase de El Tiempo, que demuestra con creces la inutilidad de la enfadosa locución ‘a nivel de’: “…sino de un verdadero traumatismo a nivel social, económico y cultural” (4/3/2019). Si de ella la eliminamos, no sólo no se pierde la idea de su autor, sino que mejora su redacción: “…sino de un verdadero traumatismo social, económico y cultural”. Ahora bien, si es tan grande la atracción que el redactor siente por el término ‘nivel’, úselo, pero con la preposición ‘en’, la indicada para los complementos circunstanciales, así: “…en los niveles social, económico y cultural”. Esto mismo es aplicable en todos los casos en los que aparece la omnipresente locución. ***

El titulador de La voz del lector le puso el siguiente título a las cuatro letras del doctor Luis Enrique García: Señalética absurda” (LA PATRIA, 10/3/2019). Sí, absurda la ‘señalización’ que detalladamente describe el corresponsal, pero también absurdo el término escogido por el titulador. Hace ya más de un lustro escribí sobre este término lo siguiente: “Desconozco la fecha de nacimiento de esta palabra, ‘señalética’ (galicismo, de ‘signalétique’), que, de todas maneras, nació prematura, pues vino  a este mundo mal formada: La raíz es buena (‘seña’ o ‘señal’), pero la desinencia nada significa (¿tica?, ¿ética?, ‘lética’). Razón más que suficiente para que no se encuentre en ninguno de los diccionarios tradicionales. La definición que de ella dan sus creadores reza: “La ‘señalética’ es una actividad perteneciente al diseño gráfico que estudia y desarrolla un sistema de comunicación visual sintetizado en un conjunto de señales o símbolos que cumplen la función de guiar, orientar u organizar a una persona o conjunto de personas en aquellos puntos del espacio que planteen dilemas de comportamiento, como por ejemplo dentro de una gran superficie (centros comerciales, fábricas, polígonos industriales, parques tecnológicos, aeropuertos, etc.)”. No les sirve, dicen, ‘señalización’, ésta sí una ‘actividad’, cuya definición, simple y expresiva es: “Acción de señalizar. Sistema de señales colocadas en las carreteras y ferrocarriles. También en otros lugares: ‘La señalización de una biblioteca pública’ ”, o de un centro comercial o de cualquier cosa, añado. Lo mismo, sin tanto recumbambeo, sin tanta palabrería, y sin tanto concepto innecesario. Ahora bien, si de toda maneras, no quieren emplear ‘señalización’, ciento por ciento apropiada para dicho fin, ¿por qué no, entonces, ‘signografía’? Este vocablo, por lo menos, tiene dos componentes de alcurnia: latino (‘signum’), el primero; griego (‘grafía’), el segundo. No importa que intervengan en su formación los dos idiomas. La innovación es buena cuando significa progreso). ***

Cuando vi el titular de la columna de Luz Adriana Trujillo, “Tenemos un problema”, pensé que me iba a encontrar con un tema serio, más cuando leí el destacado: “A propósito del malogrado día de la mujer, propongo que en lugar de regalos melosos y fuera de contexto, empecemos por poner intención en nuestro lenguaje cotidiano”. Pero, grande fue mi desencanto, pues lo que ella quiso expresar con “poner intención en nuestro lenguaje” fue la conveniencia de imponer el ‘farragoso, inútil, nocivo y traicionero lenguaje incluyente’, aunque admita lo fastidioso del ‘todos y todas’ y lo tedioso de ‘los y las’. Algo es algo. Plantea en su artículo unos cambios tan descabellados, que son de absurda e imposible aplicación. El primero de ellos dice así: “Un simple ‘les’ cuando es posible será siempre más incluyente que ‘los’…”. El segundo, de esta manera: “No me extrañaría que en unas décadas se acepten propuestas audaces como ese ‘todes’ que ahora nos causa escozor”. Entre paréntesis, a mí me causa hilaridad. Según sus propuestas, parodiemos al Chapulín Colorado: “Síganme todes les buenes”. ¡Vaya propuesta! Y termina con esta frase: “Es asunto de sensibilidad, no de gramática”. No, señora, es al revés: no es asunto de sensibilidad, ni de gustos personales, ni de caprichos: ¡es la GRAMÁTICA!

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