23 de abril de 2019
Aguas de Manizales - Abril 2019

Volver al vómito

Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
22 de febrero de 2019
Por Carlos Alberto Ospina M.
Por Carlos Alberto Ospina M.
Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
22 de febrero de 2019

Es indudable que la corrupción no es un ejercicio aleatorio. Obedece a un proceso sistemático, calculado y premeditado que afecta la estructura moral del individuo en particular y la sociedad en general. El abuso en sus distintas manifestaciones incita el vómito y el hastío, sin lograr mejorar los síntomas, a manera de recaída o fiebre de privilegios.

Cómo entender que el exjugador de fútbol, Diego León Osorio Rendón, condenado por el Juzgado Primero Penal del Circuito de Rionegro (Antioquia) a pena de cinco años de prisión domiciliaria por fabricación, tráfico y porte de estupefacientes, consiga el permiso de trabajo como “relacionista público” de una empresa. En primer lugar, Osorio Rendón, es reincidente. Fue capturado en Miami en 2002 por conspiración para distribuir 35 kilos de cocaína y quedó en libertad bajo fianza. El 12 de octubre de 2016 en el Aeropuerto Internacional José María Córdova, otra vez, fue cogido con 955,8 gramos de clorhidrato de cocaína. En segundo término, ¿qué aporte hará a la formación universitaria y a la dignificación del relacionista público un individuo proclive a los narcóticos? La rehabilitación y la reinserción social de Diego León Osorio ilustran el equivocado mensaje que, el delito paga con beneficios inmerecidos, otorgados por algunos jueces laxos.

La repetida cruzada de la “verdad revelada” justifica los crímenes de lesa humanidad, el narcotráfico y los delitos sexuales contra niños y adolescentes en el marco del conflicto armado. En nombre de la paz no pueden existir desigualdades de esa naturaleza ni impunidad. En el ámbito de los tratados suscritos por Colombia y el Derecho Internacional Humanitario “limitar los efectos de la guerra” no significa ocultar ni alcahuetear las atrocidades cometidas por los múltiples actores de la violencia. Obrar en contrario a los postulados de justicia, verdad, reparación a las víctimas y no repetición encarnaría el hecho de corrupción más infame en la historia de Colombia. De un modo cierto, los intereses inmoderados de ambos extremos políticos conducen a perder el norte de la conciliación. En conjunto activan odios, rencores y venganzas por intermedio de sofismas y adulterados mecanismos de divulgación pública.

El malhechor no tiene autoridad moral para señalar los oprobios ajenos. Nada más embaucador que un político condenado, un exguerrillero ungido de óleo santo, un exparamilitar papero, un violador castrado, un empresario torcido, un candidato a cargo de elección popular acusado de maltrato intrafamiliar, un periodista sobornado, un delincuente atrapado in fraganti, un expresidente pasando de agache y otro azuzando discordias; en fin, todos al unísono como aves de rapiña, demandando garantías unilaterales por fuera del estado derecho y victimizándose para aumentar los adeptos a la cuerda falsa.

En este recorrido del acontecer de cada día, la alcaldesa del municipio de Remedios-Antioquia, Lucía del Socorro Carvajal, se cruzó de brazos frente a más de mil invasores de un potrero en la vereda San Mateo, en el cual hallaron una veta de oro. La explotación ilegal del apogeo se llevó a cabo durante varios días en presencia de la Policía y el Ejército sin que los uniformados restituyeran los derechos del propietario del predio rural. Al respecto, los organismos de control deben actuar a la mayor brevedad. En lo que toca a la fiscalía por los daños causados en el medio ambiente, la procuraduría en virtud a la falta disciplinaria o delito de omisión, y la personería por poner en riesgo la vida de centenares de personas. La conducta omisiva califica en la categoría de acto corrupto.

Años atrás un profesor mostró el culín en el paraninfo de la Universidad Nacional y luego fue elegido alcalde de Bogotá. Dos décadas después repite el episodio en el recinto del Congreso de la República y es calificado de decadente. Con ninguna de estas dos suertes corrió el adulto mayor, Jorge Meza Correa, sancionado por la Aeronáutica Civil con 23 salarios mínimos legales vigentes por supuesto comportamiento inmundo. El comparendo de 19 millones cuarenta y seis mil seiscientos cincuenta pesos se explica en la bajada del pantalón o la caída involuntaria del mismo, debido a los controles de seguridad en el aeropuerto El Dorado que, obligaron al señor Meza Correa, a quitarse el cinturón. ¿Cuántos kilogramos de alcaloides pasan a diario por las narices de los funcionarios de los diferentes terminales aéreos del país? ¡Qué escasez de oficio! sancionar a un descompuesto pasajero o un cándido abuelo por exponer las dos nalgas.

Hace dos meses con recursos públicos, Telemedellín, transmitió la denominada jornada de “limpieza del Mónaco”. Absurda puesta de escena de chamanes, sacerdotes, brujos, rezanderos y pitonisas. Un irrespeto a las víctimas y a la inteligencia humana. Este viernes 22 de febrero de 2019, el alcalde Federico Gutiérrez, montó el show mediático alrededor de la demolición de ese edificio. De seguro cambia el uso del suelo. ¿Y el referente qué? Saltó de invocar los poderes sobrenaturales a detonar explosivos.

Más y más ejemplos de perlas barrocas: el contrato de 15 millones por 400 cajas de almendras suscrito por el gobierno de Santos, la recién descolgada licitación de 3.7 millones para dotar de un asador la residencia privada de Duque, la compra de la unidad  de pechuga de pollo a 40 mil pesos del Programa de Alimentación Escolar (PAE) en Bolívar, las billonarias adiciones a los distintos contratos de las Vías 4G y el tamal de $30.000 facturado por una empresa de grúas, cuyo autor, Germán Trujillo Manrique, el “zar” de los refrigerios, se embolsilló 35.700 millones de pesos, a la vez que obtuvo el beneficio judicial de casa por cárcel.

De una u otra forma, vuelve alguien a empeorar el panorama. ¡Ojo avizor! con los líderes de la descomposición.

Enfoque crítico – pie de página.  También, “Ojo al cristo, que es de plata”