18 de agosto de 2022
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Soñar no cuesta nada

16 de enero de 2019
Por Óscar Alarcón
Por Óscar Alarcón
16 de enero de 2019

MACROLINGOTES

Por los años cincuenta latinoamérica era un nido de dictaduras. Contaba García Márquez que por esos años vivía en París, en el barrio latino, en mismo hotel de mala muerte en donde también estaba el poeta cubano Nicolás Guillen quien se levantaba muy temprano y vociferaba, desde la ventana, las últimas noticias de América Latina traducidas al francés en jerga cubana.

Un día gritó: “¡Se cayó el hombre!”. Fue una conmoción en la calle dormida porque cada uno creyó que el hombre caído era el suyo. Los argentinos pensaron que era Juan Domingo Perón, los paraguayos pensaron que era Alfredo Stroessner, los peruanos pensaron que era Manuel Odría, los colombianos pensaron que era Gustavo Rojas Pinilla, los nicaragüenses pensaron que era Anastasio Somoza, los venezolanos pensaron que era Marcos Pérez Jiménez, los guatemaltecos pensaron que era Castillo Armas, los dominicanos pensaron que era Rafael Leónidas Trujillo, y los cubanos pensaron que era Fulgencio Batista. Era Perón, en realidad. Más tarde, conversando sobre eso, Nicolás Guillén nos pintó un panorama desolador de la situación de Cuba. “Lo único que veo en el porvenir –concluyó– es un muchacho que se está moviendo mucho por los lados de México.” Hizo una pausa de vidente oriental, y concluyó: “Se llama Fidel Castro”».

Pues Batista cayó después en el amanecer del primero de enero de 1959. Un año antes, también al amanecer de 1958, comenzó a tambalear el venezolano Marcos Pérez Jimenez pero su fortaleza apenas le alcanzó hasta el 23 de enero, cuando huyó a la República Dominicana. ¿Será que enero es de mal agüero para esa clase de gobernantes? Por lo menos el del año que comienza no se ve muy claro para nuestros vecinos. El primero de enero se posesionó en el Brasil Jair Bolsonaro y el 10, el intumbable Nicolás Maduro en Venezuela, quien cuenta con Dios (Diosdado, por supuesto) y con Padrino. Y ni hablar  de Daniel Ortega.

Pero soñar no cuesta nada. Que sea en enero.