25 de marzo de 2019
Aguas de Manizales - Marzo 2019

Del horror al amor

21 de enero de 2019
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
21 de enero de 2019

El domingo 20 de enero acabo de regresar con mi esposa de la multitudinaria caminata de desagravio y solidaridad con la Policía Nacional organizada a partir de las 9 de la mañana en la capital de la República y en todo el país.  Qué entusiasmo y cuántos gestos de respaldo y de amor por la institución policial demostrados a lo largo del recorrido. Resultaron conmovedoras las escenas de adultos, ancianos, jóvenes y niños de todos los estratos y condiciones sociales que, conmovidos hasta las lágrimas, aplaudían, abrazaban, besaban y entregaban flores a los uniformados apostados a lado y lado de la calle real de Bogotá, encargados de garantizar el orden de la nutrida manifestación de luto,  solidaridad y homenaje.

La gran masa humana que se desplazó desde el Parque Nacional hasta la Plaza de Bolívar, contó durante todo el trayecto con la presencia del Presidente de la República, Iván Duque y la gran mayoría de sus ministros, el alcalde mayor de Bogotá, Enrique Peñalosa, los expresidentes Alvaro Uribe, Misael Pastrana, Juan Manuel Santos, el excandidato presidencial caldense Oscar Iván Zuluaga y el senador Antonio Navarro, entre muchos otros, todos ellos en compañía de sus familias; y toda esa multitud coreando vivas, estribillos y canciones en honor de la Policía y la fuerza pública en general y de absoluto y contundente rechazo a los abominables actores del terror, capaces de ataques tan crueles y cobardes contra un instituto de formación poblado de jovencitos llenos de proyectos e ilusiones, deportistas destacados la mayoría de ellos, provenientes de honrados y modestos hogares de todo el país, cuyas familias lloran hoy tan dolorosas pérdidas y algunas de las cuales, ni siquiera podrán tener el consuelo de enterrar la integridad de sus restos.

Tal la barbarie de las intenciones criminales de quienes han convertido las masacres de campesinos, el desplazamiento forzado, el sembrado y la cosecha de minas “quiebrapatas”, el secuestro, los atentados terroristas y el periódico envenenamiento de los surcos de la tierra y el agua de los ríos en una de sus métodos de lucha insensata y retrógrada, dizque en defensa de los más humildes.

Coincidencialmente, encontré unas líneas escritas recientemente por el joven Cadete Diego Molina, con ocasión de las polémicas declaraciones de campaña de algún conocido candidato presidencial en torno a las motivaciones de la juventud colombiana, según su opinión, para ingresar a cualquiera de las academias de formación de la fuerza pública de nuestro país. Lo significativo y trágico del asunto es que el Cadete Diego Molina resultó ser una de las víctimas tan cruel y estúpidamente destrozadas, cuyas reflexiones me tomo la libertad de transcribir, porque en sus palabras planas, sencillas, emotivas y sin pretensiones, refleja la transparencia de su espíritu de niño y la diafanidad y la pureza de sus intenciones de convertirse en un nuevo y honrado oficial de la Policía Nacional de Colombia. Dice el buen cadete Diego,

“Estudia, no seas policía…’

“Es verdad, estudia y no seas policía. Porque vas a saber lo que es ir a trabajar todo los días, inclusive sábados, domingos y festivos, porque te vas a perder los cumpleaños de tus padres, hijos, hermanos, nietos y amigos.  Porque para ser policía tienes que soportar insultos, agresiones, malos tratos, lesiones, atentados terroristas, etc. Estudia y no seas policía porque vas a ser el blanco  perfecto de las críticas destructivas de una sociedad sin moral; la gente te va a llamar “corrupto”, cuando ellos son los primeros en decir “-Cómo arreglamos esto señor oficial…” O te van a tildar de delincuente y bandido, pero cuando es capturado un familiar o un amigo, son los primeros en llamar para defenderlos o pedir su libertad. Estudia y no seas policía, porque por más que tu sueldo no sea el que mereces, no tienes derecho a hacer paros o protestas, tampoco a ejercer tu voto como todo ciudadano”.

“No seas policía, porque te va a doler cuando veas a un bebé o un anciano muerto o golpeado, porque se te va a hacer un nudo en la garganta cuando veas tantas injusticias y tienes que callar, porque vivimos en una sociedad hipócrita, que cuando son testigos de algún delito, nadie denuncia o señala, pero para tomar fotos y filmar cuando el Policía ejerce la fuerza para proteger vidas y bienes, están atentos la gran mayoría, cosa que no pasa contrariamente. ¿Sabes por qué tienes que estudiar? Porque el policía no tiene derecho a comer ni a descansar tranquilo; en muchas ocasiones lo hace de pie, sentado en un andén, o a destiempo sin poder sentarse en un comedor con los suyos. Como mínimo vas a trabajar 14 horas y sentir mucho frío o calor extremo”.

“Estudia por favor y antes de elegir una profesión, elige ser un buen ser humano, con principios y valores, porque así como en todas las profesiones hay buenos, también hay malos. Para ser policía tienes que tener valor, coraje, verraquera y estar dispuesto a perder la vida por el prójimo, aunque no lo conozcas ni lo merezca. Me siento orgulloso de ser policía”.

Yo también, querido y lamentado Diego. Yo también, como tú, me siento orgulloso de ser policía…