16 de junio de 2019
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Asedio constructor contra el castillo de San Felipe

10 de enero de 2019
10 de enero de 2019

Por Guillermo Romero Salamanca

Miles de turistas se han tomado una fotografía en el Castillo de San Felipe. Su ubicación permite ver el mar y observar los más espléndidos atardeceres.

Pero ahora, además, de servir como sitio ideal para observar a la hermosa Cartagena, es un punto estratégico para la historia de Hispanoamérica. Allí miles de personas perdieron sus vidas cuidando joyas que se llevaban para España en los barcos del imperio.

Pero hoy peligra por el constante asedio de los constructores. En pocos años quedará encerrado por las modernas edificaciones y la indiferencia nacional.

El castillo forma parte de la historia de Colombia.

Se sabe que oro, plata, platino, esmeraldas y diversas obras hechas con esos metales se transportaban en galeones que eran perseguidos por piratas para usurparles lo que los otros habían saqueado en América.

Por eso, en el cerro de San Lázaro se construyó en 1536 esta portentosa fortaleza que estaba provista de habitaciones, cañones y hasta de plazas para contemplar el panorama. Allí servía de bóveda para las riquezas que luego eran empacadas para España.

Su construcción la adelantaron militares españoles que gritaban y con látigos hacían que los esclavos africanos transportaran pesados materiales como el ladrillo y la roca desde la playa hasta los cuarenta metros de alto que tenía el cerro.

Miles de seres humanos fallecieron en las duras correrías y otro tanto quedaron enfermos del cansancio, de los latigazos y de las enfermedades tropicales.

El castillo sufrió constantes embestidas por parte de los ingleses y franceses, siendo el comandante francés de Pointis quien lo tomara a mediados de 1697.

Se le considera una obra de ingeniería militar impresionante por su eficiencia y capacidad de controlar al enemigo. Cuenta con una entrada principal, la plaza de armas, la residencia del castellano, una garita de guardia, una Santa Bárbara, una cocina, un aljibe, el tendal para el artillero, emplazamientos de artillería, galería subterráneas y algunos lugares destinados al almacenamiento de pólvora.

Durante el levantamiento se instalaron ocho cañones y cuatro artilleros como mecanismos de defensa; el fortín también estaba custodiado por unos veinte soldados.

Además de los ocho cañones originales, se instalaron otras cincuenta y cinco piezas para completar un máximo de sesenta y tres cañones, todos acondicionados con su propio cuerpo de artilleros.

Según una leyenda, en varias partes del castillo se utilizó sangre proveniente de animales y personas, el líquido viscoso servía para labores propias de la construcción, un hecho que después fue constatado por varios profesionales de la ingeniería.

La edificación tuvo un costo aproximado de 13 235 pesos de oro y la culminación de las obras se dio en 1798, después de un arduo trabajo que duró más de tres décadas.

Blas de Lezo -su verdugo y protector del pueblo- defendió la ciudad valerosamente con solo con 3600 hombres y seis buques, del ataque en 1741, del pirata Vernon a quién se le había encomendado la misión de acabar con la ciudad acompañado de una tropa que excedió los 27.000 soldados, junto con 186 buques y 2000 cañones.

Sin embargo, perdió la batalla.

Todavía se conservan las baterías, las garitas, el aljibe, las  residencias y los túneles que fueron utilizados como resguardo. En la parte subterránea también se encuentran unos cuartos especiales donde se pueden albergar a más de trescientas personas.

El castillo aún sirve como un atractivo turístico y es el lugar de importantes eventos y reuniones sociales. En Abril del 2012 fue el escenario de la cena de bienvenida en la celebración de la VI Cumbre de las Américas.

En 1984, la Unesco incluyó el centro histórico de la ciudad de Cartagena de Indias, el conjunto de sus fortificaciones y el castillo San Felipe de Barajas dentro de la lista de Patrimonio de la Humanidad. Se le considera una de las siete maravillas de Colombia, reconocimiento que le acredita como una de las más grandes estructuras construidas en territorio colombiano.

Hoy el Castillo, una joya de la historia colombiana peligra por las constantes autorizaciones de las curadurías y de administraciones que le construyen enormes edificios que ya no permiten ver el mar y que lo circundan con vallas y otro tipo de ornamentos que le restan la verdadera importancia que debe tener.