11 de agosto de 2022
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Alegato sobre la importancia

10 de enero de 2019
Por César Montoya Ocampo
Por César Montoya Ocampo
10 de enero de 2019

Existe una distorsión conceptual sobre lo que es la importancia. Generalmente es valorada por el resplandor publicitario. Por eso el político que suscita tantas controversias,  orales y escritas, surge como el prototipo que absorbe el eco del prestigio. La política  se hace en  medio de confrontaciones dialécticas,  de adulaciones desmesuradas  y crueles  agresiones verbales. Hay que arroparse con impenetrables corazas para ser impávido  ante los ditirambos o las diatribas carniceras. Tiene  vitrina el poeta  de vuelo imaginativo, el científico silencioso, el novelista que trasciende fronteras, el pintor con  sus caballos de nucas vigorosas y abalorios tentadores,  el prosista que hace calambures con el idioma.

Existen las capillas de los elogios mutuos. Intelectuales marrulleros  organizan cofradías para manejar los hisopos en intercambios de panegíricos, con calificativos superlativos a las publicaciones del amigo, comprometido éste a retribuir con  iguales o superiores encomios  las producciones de aquél.Simpática es la parranda gratuita de los adjetivos. Escribe don Antonio Bustos que Sinforiano Montes acaba de publicar la mejor novela de América, y éste,  a su vez,  devuelve el elogio afirmando  que don Antonio  ilumina el cielo patrio  con el colorido estelar de sus sonetos.  Crean un falso pedestal de ampulosa hojarasca,  y desorientan la opinión   con  esas alegres  adulaciones.

Debajo de esa escarapela artificial,  existe una minoría selecta, de excelsas condiciones. Cuántos pedagogos como el histórico  Francisco Marulanda Correa, oradores sagrados de garganta clamorosa como Augusto Trujillo Arango, paisajistas como Jesús Franco, pintores de recatada pero honda  dimensión como Diego Gómez y Virgilio Patiño, poetas de ventana universal como Fernando Macías. Por desgracia, la opinión se engolosina con unos pocos nombres,       que son colocados en vistosos pedestales para recibir el vacuo rumor de los aplausos.

Fue un  privilegio celestial haber nacido en Aranzazu. Encaramado sobre una pestaña geográfica, su historia está escrita  en la parábola de sus mejores hijos.  Si hace 50 años tenía  mucho menos de 10 profesionales, hoy  le ofrece a Colombia una galería de màs de 500 títulos universitarios, en cabeza de varias generaciones.  Javier Arias Ramírez perpetúa los símbolos de las perfectas rimas, Pedro Nel Duque (Crispín) el humorismo, Diego María Gómez el verbo eclesiástico, Carlos Ramirez Arcila la cúspide del derecho, Josè Miguel Alzate personifica la  novela y el ensayo y Miguel Ángel Gómez García es investigador  científico de la nueva generación.

La persona  importante no se autoalaba,  no maneja sonajeros  bullosos, no pondera lo que hace. La infinita  modestia de García Márquez le permitió decir que escribía “para que me quieran más”. Quien por méritos se encumbra,ama el sigilo.  La importancia es modesta, no repelente, le huye a las vitrinas porque se acomoda  bien en la penumbra. El viacrucis antecede a la importancia. Lulla da Silva, presidente de  Brasil,  hoy en prisión por deshonesto, en su niñez paupérrima fue embolador, madrugó a vocear  periódicos  y probó hiel mientras concomitantemente  se convertía en un líder laboral. Jorge Eliécer Gaitán nació en un barrio humilde de  Bogotá, su madre era maestra, y por su poca significación social fue valorado como  exponente del lumpen. ¡Qué grande fue! Una bala asesina truncó su destino. Hace 100 años ser hijo natural era un oprobio. Cómo sería de amargo el viacrucis de Marco Fidel Suarez, nacido de una lavandera,sin padre conocido,  para superar  tan catastrófica fatalidad, estudiar, culminar carrera, ser jefe del conservatismo y por último Presidente de  Colombia. Belisario Betancur peón de mulas, usó lenguaje grosero para  uparlas cuando se atascaban en los andurriales, padeció hambrunas, durmió bajo el palio de árboles frondosos en el Parque de Berrío de Medellín, y recorriendo esos senderos de indigencia absoluta, llegó finalmente al Palacio de Nariño. Belisario no era empalagoso, no se exhibía como escritor de muchas luces, no atropellaba el oido de sus contertulios.

Quien es importante está en la  cima  para mirar olímpicamente hacia abajo en donde burbujean las  montoneras. Gusta del elitismo intelectual. Huye de la plebe inorgánica y su estadio preferido son las  minorías. El hombre que se destaca puede tomar para sí la olímpica frase de Napoleón : “Yo vivo para la posteridad”.

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