12 de agosto de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Oymyakon y un feliz 2019

26 de diciembre de 2018
Por Rubén Darío Barrientos
Por Rubén Darío Barrientos
26 de diciembre de 2018

Largo & Ancho

 Oymyakon, ostenta el lastre de ser el pueblo más frío del mundo. Ubicado al este de Siberia, se halla adscrito al municipio de la República de Sajá, perteneciente a la Federación Rusa. Su media es de -50º C y en una ocasión registró el record de la temperatura más baja en un lugar habitado: -71,2º C (exactamente el 26 de enero de 1926), adicionándose que el 16 de enero de este 2018, se posó en -62º C. Y aunque usted no lo crea, allí viven 462 valientes habitantes (¡loor a ellos!), en un suelo congelado y donde los niños no van al colegio entre diciembre y marzo. Por eso, se bebe todo el día té ruso (Russki Chai), que es una especie de vodka. ¡Apenas obvio! Y hay un registro grotesco: durante todo el mes de enero, tan solo advienen 28 horas de sol. Es curioso que la mayoría de personas mueren con más de 100 años.

En ese lugar, un pez se congela tan solo 30 segundos después de haber sido sacado del agua. Ese frío extremo, se debe a la combinación de tres factores: el altiplano donde está ubicado el municipio, la distancia con el océano y la situación anticiclónica que padece cada invierno. Estos datos y los que siguen, los he tomado de Google y parecen inverosímiles. O, mejor aún, lucen como inventados o como un desprendimiento de ciencia ficción. Pero no, son fidedignos y certanos: por algo se le conoce a Oymyakon como “la fábrica del invierno”. El ajedrez y el casino, distraen a sus moradores. No hay agua potable porque las cañerías se reventarían y no se puede portar gafas en la calle, porque se adherirían a la cara. Pescado y carne de reno, son las comidas clásicas porque no hay planta que agarre.

De otro lado, los automóviles deben permanecer encendidos aunque no se usen, porque por debajo de los -45º C la gasolina se congela. Para cavar tumbas, primero hay que hacer hogueras para derretir el hielo antes de meter el pico y la pala. La tinta de los bolígrafos se congela. De manera increíble, hay internet, Wifi, televisión por satélite y celulares. Dicen que la única ventaja de ese frío salvaje es que no se necesitan neveras en las cocinas de las casas. Otra cosa heroica es que al año llegan entre 300 y 400 turistas atraídos por las temperaturas extremas (unos locos completos). Las vacas solo dan leche 5 meses al año (entre junio y octubre). La ropa es de piel de animales y no hay baños sino cuartos con letrinas al exterior de cada casa.

A pesar de todas estas situaciones adversas y descomunales, de esta narración tremebunda y de estos hechos inconcebibles, la población se dispone para los festejos de fin de año, para lo que llaman en esta gélida zona terráquea “la celebración de nochevieja” y hay preparaciones gastronómicas para tal fin. Pareciera imposible que en un lugar tan inhóspito piensen en algún festejo, pero la dinámica de unos sobrevivientes y de unos corajudos de la vida, los lleva a querer estar unidos en el cierre del año dándole un ejemplo al mundo de cómo sobreponerse a la inclemencia y a la dificultad perenne. En Colombia, tenemos un clima privilegiado, pues no tenemos estaciones y aunque hay zonas de calor y de frío marcados, es posible con unas buenas ropas frescas o con chaquetas gruesas, tolerar las adversidades. Nos quejamos a veces de un aguacero con visos de rudeza o de un calor que nos sofoca. Y ambos eventos son harto superables. Los habitantes de Oymyakon, nos dan una lección de fortaleza, de resistencia y de valentía. Somos muy flojos, es la verdad.

Un feliz 2019 para los amables lectores y sus familias. Y que el frío de muchas personas se transforme en calor esperanzador, para que los corazones brinden solidaridad y apoyo a gentes que necesitan que se les tienda la mano de manera generosa.

[email protected]