7 de agosto de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Ojos como puños

Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
7 de diciembre de 2018
Por Carlos Alberto Ospina M.
Por Carlos Alberto Ospina M.
Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
7 de diciembre de 2018

El chequeo rutinario de la presión arterial develó un episodio inesperado. De las tres confortables sillas de la sala de espera, la primera, estaba ocupada por una mujer embarazada de aproximadamente 30 años de edad. Ella no respondió el saludo matutino, en cambio clavó la mirada y las manos dentro del bolso color marrón. De vez en cuando miraba con el rabo del ojo y regresaba a esculcar el accesorio ceñido a su vientre.

Después de 15 minutos de reposo personal y varios giros de ansiedad observados en la señora, un leve ruido desencadenó la trama de los sentimientos cohibidos. “Deje eso ahí. No sea metido”. El gesto de caballerosidad de agacharme a recoger el sobre de pastillas, provocó en la embarazada, cerrar los puños y rastrillar los dientes. La posición amenazante y la expresión vidriosa de su mirada hizo que volteara en sentido contrario. El murmullo advertía otra reacción de la extraña.

“Soy adicta y sufro de trastorno por el abuso de metanfetamina”. Cerré la boca, en lugar de abrirla, y relajé el gesto en señal de apaciguamiento. Ella se explayó en el relato personal, habló de las cosas cercanas y de varios imposibles. “¿Me vio cara de boba?, ¿por qué no dice nada?, ¿se burla de mí?”. La aparente confrontación que pretendía desatar esa mujer dejó al descubierto el grito interior, el comportamiento errado y la necesidad de apoyo en aquel instante de desazón.

Le serví un vaso con agua a la par que la joven forraba de lágrimas su hermoso rostro. En verdad no juzgué el desperdicio de vida; tal vez, de dos en dos, combiné silencio con discreción. “¡Tengo tanto miedo! Estoy hecha un mar de nervios. En estos cuatro meses de embarazo he metido droga y ‘meta’ a la lata, y no sé qué daño le estoy haciendo al bebé. Ni siquiera vengo a los controles”. De momento quise decir algo sobre los exámenes prenatales, pero fallé en el intento.  “A veces siento que se me va a salir el corazón y la sangre me quema todo el cuerpo. No he dormido, porque las hormigas hicieron nido en mis oídos”. Del llanto pasó al simulacro de una sonrisa. Entonces, enmudecí sin indulgencia.

A reglón seguido la enfermera de turno se llevó a la señora al cuarto de procedimientos menores. Fue como cerrar el telón en el primer acto sin saber el desenlace de la obra. 120/83 la presión arterial. Insólito resultado para tanta confusión e impacto emocional en relación con el abuso y la adicción a la metanfetamina por parte de la urgida embarazada.

Enfoque crítico – pie de página. “…Además de la adicción a la metanfetamina, los abusadores crónicos de la droga demuestran síntomas que pueden incluir ansiedad, confusión, insomnio, trastornos emocionales y comportamiento violento. También pueden demostrar varias características psicóticas, incluyendo la paranoia, alucinaciones auditivas y visuales, y delirio…” *

Según el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de los Estados Unidos en la actualidad pocas investigaciones son concluyentes sobre los efectos de la exposición prenatal a la metanfetamina. “Los pocos estudios que existen en seres humanos han demostrado tasas más elevadas de partos prematuros, desprendimiento de la placenta, retraso en el crecimiento fetal y anomalías en el corazón y el cerebro…; por ejemplo, en la cognición, las relaciones sociales, las habilidades motoras y el estado médico general”.  *(Traducción del informe ¿Cuáles son los riegos del abuso de la metanfetamina durante el embarazo? National Institute on Drug Abuse, NIH).