12 de agosto de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

No te verás en ese espejo

Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
14 de diciembre de 2018
Por Carlos Alberto Ospina M.
Por Carlos Alberto Ospina M.
Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
14 de diciembre de 2018

Exigua credibilidad trae la gente que enarbola la imagen de aparente honradez en función del talante de incontaminados y la sensación de asépticos de espaldas a la turbiedad de la vida cotidiana. De forma tramposa disimulan los intereses con el manto de la reconciliación a sabiendas que en el fondo los embelesa la arrogancia y el propósito de rendición a una determinada doctrina, por lo general, fuera de cualquier piso real.

“¡Oh, dime, noche amiga, amada vieja,

que me traes el retablo de mis sueños

siempre desierto y desolado, y sólo

con mi fantasma dentro,

mi pobre sombra triste

sobre la estepa y bajo el sol de fuego

o soñando amarguras

en las voces de todos los misterios,

dime si sabes, vieja amada, dime

¡Si son mías las lágrimas que vierto!” *

Con el mismo atrevimiento esgrimido para obtener las pócimas mágicas, los brebajes engatusadores y la ponzoña sobre la punta de la lengua, intentan convencer al séquito de que ellos personifican el santo advenimiento. Pretender girar inverso y mirar el contexto más amplio, representa para los ajenos, regresar al oscurantismo.

“Me respondió la noche:

Jamás me revelaste tu secreto.

Yo nunca supe, amado,

si eras tú ese fantasma de tu sueño,

ni averigüé si era su voz la tuya

o era la voz de un histrión grotesco”. *

En presencia de enojosos testigos es casi imposible encontrar el equilibrio conceptual. Por naturaleza o por decisión personal, las “buenas costumbres” no habitan al interior de los ánimos perturbados. Nocivas se vuelven las palabras impropias, los silencios acéfalos, la caricia amañada, la posición retrógrada y el gesto desleal.

Las frases escondidas debajo de los espejos rotos gritan heridas y contaminan el alma. Hartos estamos de posturas con pretensiones de enseñanzas, asqueados de lobregueces horizontes y aromas de halitosis. Nada digno viene vinculado a los corazones sombríos.

“Dije a la noche: Amada mentirosa,

tú sabes mi secreto;

tú has visto la honda gruta

donde fabrica su cristal mi sueño,

y sabes que mis lágrimas son mías,

y sabes mi dolor, mi dolor viejo.

¡Oh! Yo no sé, dijo la noche, amado,

yo no sé tu secreto

aunque he visto vagar ese que dices

desolado fantasma por tu sueño.

Yo me asomo a las almas cuando lloran

y escucho su hondo rezo,

humilde y solitario,

ese que llamas salmo verdadero;

pero en las hondas bóvedas del alma

no sé si el llanto es una voz o un eco.” *

Algunos propagan susurros después de magullar almas. Aquello que se escupe cae a semejanza de profanación, desperdicio y fetidez. Elijo el alba y con ésta, el rocío y el sendero húmedo a causa de las lágrimas de cada flor recién despierta. Restauro la desnudez del alma, la fuente de los yerros y la imperfección del pensamiento. Opto por escuchar el miedo, la incertidumbre y el aleteo del espíritu libre. Decido por lo que soy y por lo que, quizá, vendrá.

“Para escuchar tu queja de tus labios

yo te busqué en tu sueño,

y allí te vi vagando en un borroso

laberinto de espejos” *

(* “Del Camino, XXXVII, páginas 35 y 36, Antología Poética, Antonio Machado. Salvat Editores, S.A. 1970)