17 de agosto de 2022
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Lista cerrada o lista abierta?

16 de diciembre de 2018
Por Por Oscar Jiménez Leal.[i]
Por Por Oscar Jiménez Leal.[i]
16 de diciembre de 2018

Diversas formas  de inscripción de candidaturas a cargos de elección popular suelen emplearse en los sistemas electorales. A más de ello, algunos  sistemas permiten diferentes combinaciones  entre las existentes, lo cual  aumenta las alternativas para el elector. En tan amplia gama  de posibilidades  cabe desde la llamada lista cerrada y bloqueada, donde el elector no tiene opción distinta a la de  votar por la lista tal como se presenta y en el orden previamente establecido, hasta la lista abierta simple con voto preferente o preferencial, en el otro extremo,  donde  el votante puede hacerlo por uno de los candidatos inscritos de acuerdo con sus preferencias. En tal caso, el orden de los candidatos en la lista resulta dado por el escrutinio en orden descendente de votos: así el que más votos haya sacado obtiene el primer lugar y el de menos, el último puesto en la respectiva lista inscrita.

En el medio de ese panorama, se puede dar también el voto en bloque que permite la elección de titulares de diferentes cargos en un solo acto electoral; o el voto múltiple que, contrario al anterior, permite al elector emitir tantos votos cuantos puestos se deben proveer; igualmente, existe el voto denominado Panachage que le posibilita al elector tachar candidatos de la lista y sustituirlos por otros de su preferencia, decapitando los inicialmente presentados para sustituirlos por otros, no importa que  sean de otras listas.

En  este caso el votante goza  de la máxima  libertad y participación posibles, como es de usanza en algunos cantones suizos, o en las elecciones municipales de pequeñas ciudades de Alemania y Francia. Para ilustrar lo anterior el Profesor Emérito de la Universidad de Heidelberg, Dieter Nohlen acostumbra mencionar la anécdota de la maniobra electoral en la cual los votantes le hicieron panachage a los candidatos considerados mediocres de las distintas listas y así lograron ventaja para elegir a los mejores de diferentes listas.

Descrito lo anterior, y adoptada en la reforma política la   financiación total de las campañas por parte del Estado, con la consiguiente prohibición de recibir aportes de procedencia distinta, pierde significación la lista abierta con voto preferente como mecanismo de lucha contra la corrupción electoral, puesto que quedaría proscrita la sola posibilidad de conseguir ingentes cantidades de dinero para las campañas, que tradicionalmente han degradado y pervertido la vida política, y de contera, aumentaría automáticamente  la capacidad del Estado para controlar, vigilar y sancionar las violaciones a la normativa electoral.

De otro lado, la financiación del estado  se haría preponderantemente en especie y no en dinero. Para ello, basta  obligar, por ejemplo,  a los concesionarios de radio y televisión que usan el espectro electromagnético del Estado, a otorgarles a partidos y/o candidatos los espacios necesarios para la publicidad que se constituye en  el mayor gasto del quehacer electoral. O el establecimiento de la obligación para el trasporte público de   movilizar gratis a los electores, el día de las elecciones con el fin de que puedan cumplir su deber cívico. De esa manera se enfrentaría, con eficacia, la corrupción que genera el mismo sistema.

Ahora bien, dada la nueva circunstancia, en virtud de la cual el Senado aprobó el establecimiento de la lista cerrada, a partir de las próximas elecciones territoriales, y la Cámara por su parte, la derrotó en el cuarto debate, hasta Perogrullo pensaría  en adoptar un mecanismo de inscripción de listas o candidatos, mediante la combinación de las dos conocidas fórmulas: la lista cerrada y la abierta con voto preferente. Así por ejemplo, de una lista de cien candidatos para senado, un porcentaje del diez por ciento – o el que se acuerde -, se haría a través de la lista cerrada y el resto hasta el número cien, sería abierta, con voto preferente; de tal suerte que el elector tendría la posibilidad de votar por la lista cerrada en el mismo orden en que allí aparece o votar por el candidato de su preferencia, sin salirse de la lista, con lo cual se superaría la discusión sobre la conveniencia de adoptar una sola de ellas y también se salvarían las objeciones a que han dado lugar cada una de ellas por separado. Ojalá Perogrullo pueda ingresar al debate sobre la conciliación de los dos textos.

[i] Ex presidente del Consejo Nacional Electoral.