18 de agosto de 2022
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¿Hasta dónde llega la corrupción?

24 de diciembre de 2018
Por Alberto Zuluaga Trujillo
Por Alberto Zuluaga Trujillo
24 de diciembre de 2018

El cáncer de la corrupción ha hecho metástasis y se ha apoderado del cuerpo entero de la nación. No hay un solo órgano del Estado libre de semejante mal. La coima, el serrucho, el C.V.Y (cómo voy yo) o como quiera llamársele, ha permeado el mundo político y el privado, enrareciendo en grado sumo el aire que respiramos. En mis últimas columnas he puesto el dedo en la llaga para denunciar abiertamente este poderoso flagelo encontrando como respuesta en  Facebook la defensa de posiciones políticas de muy queridos amigos a quienes no respondo por no entrar a polemizar, pues ese no es el fin de mis escritos. Si he cuestionado a la firma Odebrecth, al Fiscal y al nombramiento del Fiscal Ad Hoc, lo he hecho con base en investigaciones serias adelantadas, entre otras, por el Tribunal Administrativo de Cundinamarca que condenó a los socios de la Ruta del Sol a una multa histórica de 800 mil millones de pesos, donde además de Odebrecht  debe responder Episol del Grupo Aval, dueña del Banco de Bogotá, al que más adelante me referiré y cuyos tentáculos abarcan buena parte del manejo, no solo político sino del país en general. Los comentaristas de mis columnas alegan que hay que darle tiempo al Presidente para poner en orden lo dejado por el gobierno Santos, sin reparar en que mis señalamientos no están dirigidos en ese sentido sino en mostrar como lo actuado en estos, casi cinco meses, contradice lo prometido por Duque en campaña. Dijo: lo único que subiremos será el salario mínimo y nos sorprendió con una reforma tributaria; no más mermelada y su grupo político  autorizó la injerencia del Congreso en el manejo del 20 por ciento del presupuesto nacional, nada menos que 52 billones; presentó una terna de uno para Fiscal Ad Hoc, pues las exigencias de  ley no permiten ternar magistrados en ejercicio, siendo además antiético incluir en ella a  subalternos. Con esta figura contraria a nuestro ordenamiento jurídico, la Corte y el Presidente encontraron la manera de suavisar las investigaciones a Odebrecht y de paso a Episol, filial de Corficolombiana  del Grupo Aval de Sarmiento Angulo, propietario del Banco de Bogotá quien, a más de aportar ayudó a financiar la campaña de Duque con un préstamo de 15 mil millones de un costo total de 33 mil setecientos millones de pesos. Desde luego, esto es absolutamente legal, pero termina siendo un carrusel de intereses  en donde el valor de la reposición tasada en 5.625 pesos en primera y segunda vuelta, por voto depositado y pagado con nuestros impuestos, totaliza una cifra descomunal que regresa a los bancos, en este caso al de Bogotá de Sarmiento Angulo, el socio de Odebrecht e igualmente investigado por la Fiscalía. El otrora empleado de Sarmiento Angulo, Néstor Humberto Martínez, es reemplazado por alguien del  entorno político del Presidente para, finalmente, quien lo financió y está siendo investigado, no reciba el peso de la ley sino su eterno agradecimiento. ¿No trasgrede todo esto los límites de la  corrupción?

 

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