12 de agosto de 2022
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Defensa de los valores

2 de diciembre de 2018
Por Eduardo Aristizábal P.
Por Eduardo Aristizábal P.
2 de diciembre de 2018

Elucubraciones

La objetividad y la subjetividad no son cualidades exclusivas del periodismo, pero si están íntimamente ligadas al ejercicio de la profesión. Son condiciones definitivas y necesarias en el periodista, en el desempeño de sus funciones.

Nuestros maestros se referían a la objetividad como la expresión de la realidad, tal y como es, desligada de sentimientos, imparcial, independiente de la manera de pensar o de sentir.

Por eso la objetividad es información, nunca opinión, que parte del objeto, de allí su nombre de objetividad.

Lo opuesto a la objetividad, es la subjetividad, que corresponde a un sentimiento, pensamiento, criterio, puntos de vista de acuerdo a sus intereses o deseos. Su nombre de subjetividad lo da el origen, que es el sujeto que opina, emite un criterio, analiza, no informa.

Los conceptos son claros, sencillos y fáciles de entender; pero, ¿si los dominan y técnicamente los ponen en práctica todos los periodistas ? me temo que no.

He sentido vergüenza ajena cuando en algunos escenarios he escuchado a algunos periodistas, o personas que fungen como tales, cuando dicen que la objetividad no existe, refiriéndose a algún comentario. Pero claro, es que la opinión no es información y todo comentario será siempre subjetivo, parte del sujeto. Simplemente que en el caso de los periodistas, cuando comentamos, tenemos la obligación de argumentar. Y la objetividad sí existe, pero cuando estamos informando, no cuando opinamos.

Pero que grave y preocupante es la avalancha de información y opinión que todos los días inunda los diferentes canales de comunicación, no solamente por parte de los periodistas como medio, sino también de los protagonistas y las fuentes de la información. Preocupante porque sobra la información sin confirmar, la noticia amañada, la declaración manipulada. Se multiplica cada vez más la opinión sin argumentos, acomodada, interesada.

Lo más grave, es que en medio de profesionales idóneos, serios y responsables, aparecen muchos con intereses personales y comunicadores, que no periodistas, abusando de la redes sociales y de la ingenuidad de los usuarios, para lograr sus turbios propósitos.

Pero todo lo anterior se repite en diferentes escenarios. O sino miren los espantoso debates de control político en el Congreso de la República. Políticos disfrazados de fiscales, pero sin pruebas, pidiendo la cabeza de quien no les simpatiza. Confundid y reinad.

¿ A dónde vamos a llegar? Parece que estamos padeciendo la premonición bíblica: “los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz “?

Los periodistas tenemos la obligación de conocer la historia y el presente, los peligros de su uso propagandístico, los efectos violentos, la influencia de información y opinión falaz. Los periodistas profesionales debemos asumir la responsabilidad principal en la defensa de los valores de la comunicación social.