17 de agosto de 2022
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Crónicas de pueblo De cómo era el comercio en la Plaza de Bolívar de Aranzazu en los 70s

25 de diciembre de 2018
25 de diciembre de 2018

 

José Miguel Alzate

De todos los almacenes que en los años setenta funcionaban en el marco de la plaza el único que mantiene abiertas sus puertas al público es el Almacén Variedades, fundado por el comerciante Fernando Velázquez. Recordemos un poco: a principios de los años setenta en el parque principal estaban establecidos una serie de negocios que, debido a la muerte de sus propietarios o a que sus dueños se fueron a vivir a otras ciudades, desaparecieron. El único que queda de esa época, después del Variedades, es la ferretería que fuera de don Arturo Castrillón, eso sí, con nombre distinto. Esos espacios que iban dejando en el comercio local fueron llenádose por nuevos establecimientos que después de algunos años también dejaron de funcionar.

Iniciemos este recorrido por el comercio de aquellos tiempos recordando que en la esquina donde hoy funciona la fuente de soda El Parque quedaba entonces el almacén de electrodomésticos de don José Jiménez, que distribuía la marca Philips. Al frente quedaba el Centro Social, otro que todavía funciona en el mismo punto, que era propiedad de Fabio Gómez, que apodaban Gelatina. Más abajo quedaba el Almacén Martha, de don José Soto, especializado en telas, donde distribuían El Espectador. Un poco más acá funcionaba la farmacia del doctor Hernando Palomino. Hacia abajo, hasta llegar a la esquina donde quedaba el café de Chucho Salazar, prácticamente no había ningún negocio. Eran casas de familia que no disponían de locales comerciales. Solo  estaba la compra de café de don Jesús María Serna, pistola.

Hacia el lado de allá de la plaza, por la esquina donde vivía don Antonio Quintero, quedaba el almacén de calzado de María la Tioca, que funcionó primero en los bajos del atrio de la iglesia. Cuando desocupó este local, pasó a ocuparlo Alonso Botero, que montó entonces una cacharrería. Donde hoy queda la Ferretería El Obrero, de Mario Castrillón, quedaba entonces el almacén de Samuel Ospina. Antes funciono allí el Almacén Para Ti, de Gonzaga Salazar, que distribuía vestidos Everfit y sombreros Barbisio. En la esquina de esta cuadra, frente al atrio, Preseras montó una cafetería que se llamaba Salón San Marino, que cuando pasó a manos de Héctor Salazar fue trasladada a un local diagonal al Centro Social, enseguida de la casa de don Manuel Restrepo, que era en ese entonces una construcción de bahareque.

 

La ferretería el Constructor, de don Arturo Castrillón, quedaba enseguida del negocio de Preseras. Luego estaba el local de la distribuidora de Bavaria, que era entonces propiedad de Mario Galleta. En los bajos de la casa de don Ramón Serna empezó a funcionar a finales de los años sesenta la cafetería que hoy es de Gersaín Botero, conocida como la Empresa de Buses, que antes manejo Arcesio Alzate, más conocido como Reposo. Paladar 2000 fue abierto hacia finales de los setenta, y era manejado por Oscar Castrillón. En los bajos de la casa de las Estrada, en toda la esquina, quedaba al almacén de abarrotes de don Jesús María Restrepo. Enseguida de este, hacia abajo, funcionó la lavandería del papá de los Cocorneños.

En los bajos del atrio de la iglesia empezaron a funcionar en los años setenta varios negocios. Don Antonio Serna trasladó a uno de estos locales el almacén de calzado que durante varios años tuvo enseguida de la compra de café que es hoy de Hernán Jaramillo. Fue en los tiempos en que don Fulvio Muñoz, antes de acondicionar el local para abrir la Macarena, tenía al frente una panadería pequeña donde distribuía leche. En otro local de los bajos del atrio había otro almacén de calzado, propiedad de José Luis Jaramillo. Un señor de nombre Eduardo Gómez, que era peluquero, montó enseguida una cacharrería en el mismo local donde tenía la peluquería; dividió el local para que funcionaran los dos negocios.

En el costado superior del parque, a un lado del atrio, don Julio Cardona tuvo al almacén de abarrotes que administraban sus hijos Gustavo y Sigifredo. Era en los bajos de su residencia, la que después compró el médico Feníbal Ramírez. En el segundo piso de esa casa que hoy ocupa su viuda, Doña Magnolia Castañó, funcionó el Club Unión, una fuente de soda donde sonaba música romántica, baladas de moda, frecuentada por parejas de novios. Al frente quedaba el café de Arturo Agudelo, conocido como el café del perro porque exhibía en un estante pegado a la pared el famoso perro de la Víctor. Este es otro de los pocos negocios de la época que todavía funcionan en el municipio.

La lista de establecimientos comerciales que funcionaban en el marco de la plaza es extensa. Joaquín y Gerardo Hoyos tenían en los bajos de la casa que fuera de don Julio Cardona un almacén de telas. Allí queda hoy el negocio de Héctor el mocho Alzate. Frente a este, donde ahora queda el Bar Ganadero, fue tradicional el almacén de telas de don Gonzaga Hoyos, que distribuía además el calzado la Corona. El negocio lo atendían sus hermanas Zulema y Oliva. En los bajos del Club Miraflores se inició como comerciante Javier Pérez. El continuó con el negocio de abarrotes que fuera de su padre, don Nacianceno Pérez. Este mismo negocio fue después propiedad de Isaac Ramírez y Leonidas Serna. Ahora funciona allí, desde hace muchos años,  el café El Parque.

Carlos Ramírez, propietario de la Cacharrería Variedades, uno de los establecimientos comerciales de más tradición en Aranzazu.

En los bajos de la alcaldía, además del Bar Capri, donde ahora queda El Popular funcionaba la panadería de don Bernardo Salazar, quien fuera alcalde en los años setenta. La especialidad de este negocio eran el pandequeso y los torcidos. Y en los bajos de la casa de Teodoro Gómez tenía don Diego Velásquez un almacén de telas. El Capri fue un bar tradicional, el amanecedero de los borrachitos. Abría sus puertas a las cuatro de la mañana, antes de que tocaran para misa de cinco, e inmediatamente los amanecidos se sentaban a pedir rancheras mientras tomaban aguardiente. Enseguida del almacén de don Javier Pérez funcionó muchas años la cacharrería de Rodrigo Giraldo, Gualdrapa. Fue por los tiempos en que el Banco Cafetero quedaba en los bajos del Club Miraflores y era gerenciado por don Gonzalo Aristizábal.