13 de julio de 2024

¡Los elegidos deben cumplir obligatoriamente su período!

Abogado, analista y columnista de opinión en El Espectador, Revista Semana y Eje 21.
1 de noviembre de 2018
Por Uriel Ortíz Soto
Por Uriel Ortíz Soto
Abogado, analista y columnista de opinión en El Espectador, Revista Semana y Eje 21.
1 de noviembre de 2018

Como se aproximan las elecciones para elegir: gobernadores, alcaldes, diputados, concejales y ediles, muchos de los elegidos se consideran con derecho de aspirar a otro cargo de superior jerarquía, generando traumatismos en las administraciones: regionales y municipales.

Por eso, pienso que debería existir una norma que regule y obligue la permanencia y obligatoriedad en el desempeño del cargo para los cuales han sido elegidos, caso contrario se les apliquen sanciones administrativas y pecuniarias.

Sin embargo, como estamos en un País donde los políticos hacen lo que les viene en gana, considero qué si esta iniciativa no prospera, sería incluirla en el cuestionario de una asamblea nacional constituyente, que de acuerdo a como están las cosas, al presidente Duque le va tocar convocarla para que sea el pueblo en su sana sabiduría, quién vote las reformas políticas y a la justicia que con urgencia necesitamos.

El País no sale de su asombro, puesto que el congreso inicialmente hundió el proyecto de ley que limita a tres periodos legislativos para: congresistas, diputados, concejales y ediles, aunque parece que quieren revivirlo, no deja de ser una marrulla legislativa contra los electores.

Esperamos qué si la reviven, pase tal cual fue el proyecto inicialmente radicado, y que no le vayan a colgar micos, puesto que los señores congresistas son muy expertos en estos menesteres.

Los directorios y movimientos políticos, estarían en la obligación de supervigilar para que sus avalados y elegidos cumplan con los períodos, puesto que son ellos, los responsables que con el aval que les concedieron los presentaron ante sus electores como personas idóneas y serias para el desempeño del cargo por elección popular.

Nuestra democracia anda enferma desde los inicios de fundado nuestro Estado de Derecho, los políticos la regulan y la manejan a su acomodo, la mantienen aceitada a la medida de sus conveniencias, con el fin de favorecer a su clientela política y círculo familiar.

Cuando llegan las campañas políticas muchos de los elegidos se consideran indispensables para un cargo superior de elección popular, dejando el que ostentan, sin haber cumplido con los deberes y los más grave generando traumatismos en las administraciones regionales y municipales.

Los colombianos no hemos entendido muy bien, que las normas electorales, son de obligatorio cumplimiento y que cuando un individuo se hace elegir para determinado cargo de elección popular, está en la obligación moral de cumplir con el periodo, salvo casos de fuerza mayor que les impida cumplir con sus funciones.

Nadie entiende porqué ciertos individuos que se hacen elegir para cargos de: gobernadores, alcaldes, diputados, concejales y ediles, se consideran prepotentes, no cumplen su período y finalmente renuncian para lanzarse a otro superior, dejando a sus electores colgados de la brocha.

Considero que en la reforma política que se adelante en el congreso debería considerarse este tema, puesto que no está nada bien que los compromisos adquiridos con los electores de buena fe, estén sujetos a los vaivenes de: modo, tiempo y lugar de las circunstancias políticas.

Por norma constitucional se dice que los elegidos tienen un periodo de cuatro años, qué salvo circunstancias de fuerza mayor o caso fortuito, deben permanecer en sus cargos por todo el periodo, sin embargo, los caciques políticos en aras de reforzar sus caudas electorales, no duermen pensando en que jugada hacen para vincular a los elegidos de sus partidos o movimientos políticos a sus campañas.

Esperamos pues que la reforma política, si es que interpreta el querer y lo que es la voluntad de los colombianos, sea en realidad para para fortalecer los partidos y movimientos políticos, para el futuro de nuestra democracia.

 

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