25 de marzo de 2019
Aguas de Manizales - Marzo 2019

La reforma: ¿Tragedia o falacia?

26 de noviembre de 2018
Por Augusto Trujillo Muñoz
Por Augusto Trujillo Muñoz
26 de noviembre de 2018

En los años ochenta el país vivió una aguda crisis que deslegitimó el “pacto fiscal” vigente y presionó un cambio estructural en la concepción del Estado como agente fundamental del desarrollo. La privatización modificó toda la estructura de la prestación de servicios; la liberación comercial instaló el IVA en la base de la escala tributaria; la descentralización modificó la forma de distribuir recursos y competencias entre los distintos niveles de gobierno. Se neutralizaron características básicas del Estado interventor. ¿Funcionaron aquellas reformas para resolver la crisis, en términos de crecimiento económico, estabilidad fiscal y equidad social?

Esa es la pregunta inicial para absolver, ahora que el gobierno habla de un hueco fiscal de 14 billones de pesos. La administración anterior, hace un año, anunció la reactivación de la economía y destacó como muestra de su fortaleza la baja inflación, la solidez del sistema financiero, la confianza de los consumidores, la resiliencia del mercado laboral y la misma política fiscal sustentada en una reforma tributaria que, según el ministro Cárdenas, descartaría cualquier ajuste durante un lustro. Antes de su retiro el ministro dejó el nuevo proyecto de presupuesto nacional debidamente equilibrado. En ese marco una ley de financiamiento resulta, simplemente, innecesaria.

De allí surge la otra pregunta: ¿Cómo se produce, de repente, un hueco fiscal de 14 billones? La respuesta es fácil: El hueco fue creado por el nuevo ministro. El gobierno se inventó gastos e inversiones sin el debido respaldo presupuestal. Como lo anota Patricia Lara en su reciente columna de este mismo diario (16/11/18), no hay un hueco fiscal, sino la decisión de acometer nuevos gastos que el gobierno tasa en esa cifra. Solo que como no hay recursos para esos nuevos gastos, el gobierno necesita arbitrarlos. El país no está frente a una tragedia, sino frente a una falacia.

En cualquier caso, reformas tributarias tan frecuentes como las que se producen en Colombia, pierden legitimidad. No sólo por su frecuencia. También porque factores como la corrupción y la ineficiencia impiden que los impuestos se transformen en servicios. Si un Estado necesita adoptar una reforma tributaria cada que se inaugura un nuevo gobierno, es porque su estructura fiscal, simplemente, no funciona. Suena a caricatura, pero hay que decirlo. La debilidad fiscal del Estado colombiano es crónica y no se corrige con reformas tributarias, ni con leyes de financiamiento porque obedece a una de dos razones: Incapacidad dirigente para administrar o ineficiencia de las Instituciones del Estado. Lo primero se resolvería si los colombianos votaran por otras personas. Pero lo segundo impone cambios de fondo en la estructura del Estado.

Tales cambios exigen una reingeniería institucional que supone revisar los resultados de unas reformas estructurales con más de tres décadas de vigencia. Es preciso verificar su utilidad en función del desarrollo económico y de la equidad social. Pero más allá de aciertos y equivocaciones, lo que aparece de bulto es -esa sí- una tragedia que el sociólogo Ulrick Bech resumió en la siguiente frase: “Aquellos a los que hemos elegido no tiene poder, y a los que tienen poder no los hemos elegido”. No se trata de volver al pasado, pero tampoco de instalarnos en una represa. La historia es un río, no un estanque. El Estado colombiano necesita cambios de carácter estructural. Y no los puede reemplazar por un saqueo a la economía de los hogares de sus ciudadanos.

 

*Exsenador, profesor universitario. @inefable1